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Se rompió el diálogo en Barbados

TRAS EL BLOQUEO DE TRUMP, MADURO RETIRO LA DELEGACION VENEZOLANA DE LAS NEGOCIACIONES

El gobierno venezolano anunció el miércoles por la noche que no asistiría a la nueva ronda de diálogos en Barbados, prevista para ayer y hoy. La decisión fue tomada por el presidente Nicolás Maduro, que optó por «no enviar a la delegación venezolana en razón de la grave y brutal agresión perpetrada (…) por la administración de Trump contra Venezuela, que incluye el bloqueo ilegal de nuestras actividades económicas y financieras». La resolución fue tomada con el margen de maniobra cerrado por Estados Unidos luego del decreto presidencial firmado por Trump, y con declaraciones de John Bolton, asesor de seguridad nacional, que atacó los procesos de diálogo. La administración Trump lo dejó claro: no es tiempo de hablar ni abrir canales económicos, es momento de buscar el asalto final.
Ante eso la opción del gobierno se vio reducida. Una de las demandas, tal vez la principal, para llegar a un acuerdo es que EE.UU. levante el bloqueo. La respuesta de Washington fue la antítesis: recrudecer hasta el punto de situar a Venezuela en la lista de pocos países que están en esa situación de congelamiento total, como son Siria, Cuba, Irán y Corea del Norte.

Incertidumbre.
El punto de inflexión dejó la puerta abierta a mayores niveles de incertidumbre y de posiciones en tensión. En efecto, la reacción de la Unión Europea (UE) fue de poner cautelas sobre la decisión unilateral norteamericana y subrayar su apuesta al diálogo. El Grupo Internacional de Contacto (GIC), formado y conducido por la UE, con participación de gobiernos como el de Uruguay, así lo escribió: «una salida negociada sigue siendo la única vía factible para superar esta crisis multidimensional».
Los temores por las implicaciones del embargo se deben a un punto central: el decreto presidencial amenaza a empresas y gobiernos que hagan negocios con Venezuela.
El destiempo entre EEUU y UE no se da solo por Venezuela. Otro caso significativo es el de Irán, donde la administración Trump decidió salirse del Acuerdo Nuclear. Allí Europa quedó en una zona gris, sin respuesta de peso real ante el pedido del gobierno iraní de mediar para lograr un cese del bloqueo económico.

Escenario cambiante.
La decisión del gobierno de Maduro fue entonces la de expresar lo que ya había sucedido: la ruptura de los diálogos. EE.UU. lo produjo, Venezuela lo expresó. En cuanto a la oposición venezolana en Barbados, la pregunta siempre ha sido: ¿qué fuerza real, capacidad de ofrecimiento tienen en un posible acuerdo? La respuesta siempre fue que esa fuerza era norteamericana y su principal carta para ofrecer era desbloquear partes del ataque económico y financiero.
Los escenarios son cambiantes. Sin embargo, dos cartas de EE.UU. parecen claras: no darán marcha en su decisión de derrocar a Maduro, y, dentro de la administración Trump, así como en tramas del Estado profundo norteamericano, tienen capacidad de acción tendencias que buscan acelerar las operaciones antes que apostar a la denominada «paciencia estratégica».

Amenaza.
No existían hipótesis consolidadas acerca de posibles acuerdos en Barbados. Lo que habían manifestado voceros norteamericanos, como John Bolton, era que se debía llegar a una elección presidencial sin Maduro en el gobierno. Esa postura nunca expresó un diálogo posible sino una amenaza.
La ruptura de Barbados empujada por EE.UU. significa el recrudecimiento de las otras formas de ataque. Trump ya anunció que prepara «otras herramientas», el gobierno de Iván Duque en Colombia volvió a vaticinar una pronta salida de Maduro. Como han señalado varios análisis, los embargos no provocan caídas de gobiernos por sí solas, sino que, cuando lo logran, es por estar combinadas con otras formas de asalto. (Página12.com)