A 15 años de la asunción de Kirchner

EL 25 DE MAYO DE 2003, EL EXGOBERNADOR DE SANTA CRUZ ASUMIA LA PRESIDENCIA DE LA NACION

El 25 de mayo de 2003, hace 15 años, Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación con una promesa de “cambio”, palabra clave del discurso que pronunció ante el Congreso nacional en momentos en que el sistema político recién empezaba a reconstruirse tras el derrumbe de 2001.
Ese domingo, cuando llegó al Congreso para tomar posesión del cargo, todavía no se sabía de Kirchner mucho más que era el gobernador de Santa Cruz y el elegido del presidente de transición Eduardo Duhalde para vencer definitivamente a Carlos Menem.
Además, había sido electo por default, con la sorpresiva renuncia de Menem al balotaje previsto para el 18 de mayo tras haber ganado la primera vuelta con el 24,4% de los sufragios contra el 22,2% logrado por el santacruceño.
El presidente provisional del Senado, José Luis Gioja, les tomó juramento a las 14.54 a Kirchner y a su vice, Daniel Scioli, ante la mirada de la Asamblea Legislativa y de 12 mandatarios latinoamericanos.
A las 15, después de recibir una ovación del recinto, Duhalde le entregó a Kirchner la banda y el bastón presidencial que el santacruceño, en una primera muestra de su desapego al protocolo, agarró al revés.
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Discurso de “cambio”.
A 15 años de aquel día, se observan en el discurso de asunción de Kirchner varios anticipos de lo que sería su gestión, algunas paradojas y llamativas coincidencias con algunas declaraciones del oficialismo actual.
“El pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio”, expresó Kirchner, quien durante los 48 minutos que duró su discurso repetiría varias veces esa última palabra y su deseo de generar un “profundo cambio cultural y moral”.
Con la Argentina en default, Kirchner señaló que no se podía “volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión” y que “los propios acreedores tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien”, un adelanto de la reestructuración con quita de deuda que lograría en 2005.
Destacó su origen patagónico para adelantar que sostendría “inclaudicablemente el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas” y sugirió la reapertura de los juicios contra los represores de la dictadura al pedir militares “comprometidos con el futuro y no con el pasado” y hablar de “memoria”.
“El objetivo básico de la política económica será el de asegurar un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad y del empleo constante”, indicó el flamante Presidente y señaló que para ello era necesario un “consumo en permanente expansión” mediante el crecimiento de la “capacidad de compra por efecto de salarios”.
Para propulsar ese plan “la sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse, el equilibrio fiscal debe cuidarse” y “eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto”, afirmó.

Implacable.
También prometió que sería “implacable” la “lucha contra la corrupción y la impunidad” y agregó que “gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad de acuerdos oscuros, manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas de la sociedad”.
“El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas”, remarcó Kirchner y prometió “trajes a rayas para los evasores”, una de las frases más recordadas de ese discurso, junto a la que usó para cerrar: “Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio, pero además quiero también un país más justo”. La última oración fue “viva la Patria”. Eran las 15.49.
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A la Rosada.
.Terminada la ceremonia de asunción, Kirchner partió rumbo a la Casa Rosada junto a su esposa, la senadora Cristina Fernández, y su hija Florencia, y al llegar dio la segunda muestra de desapego al protocolo cuando cruzó la calle Balcarce y se acercó al público.
En medio de la algarabía y los apretujones de la gente, los custodios y la prensa, un fotógrafo lo golpeó sin querer en la frente, lo que obligó al flamante mandatario a colocarse el apósito que lució durante todo el acto de jura de su Gabinete. (NA)