viernes, 18 septiembre 2020
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Carne artificial: ¿la producción del futuro?

Como toda tecnología emergente, llega con promesas de hacer del mundo un lugar mejor para todos y todas. Sin embargo, una gran parte de lo que promete es engañoso o no tiene sustento científico. Se trata de la producción de tejido muscular a partir del cultivo de células madre. Quieren llamarlo “carne” y venderlo en los supermercados.

El crecimiento de la población mundial, en particular de las clases medias urbanas de algunas naciones populosas de Asia, aumenta constantemente la demanda de proteína animal para la alimentación. Al mismo tiempo, se afirma que la respuesta que puede dar el planeta a ese requerimiento creciente está llegando al límite, y se responsabiliza a los modos de producción tradicionales del agotamiento de los recursos naturales y del cambio climático que están amenazando a nuestro mundo.

En este contexto y con diferentes intereses, unos pocos gobiernos, grandes compañías alimenticias y farmacéuticas transnacionales, y algunos de los individuos más ricos del globo aportan fondos multimillonarios a startups que apuntan a reemplazar el consumo de carne animal por el de tejido muscular crecido en el laboratorio.

Se promete que este nuevo modo de producción de alimento no solo evitará la matanza de seres vivos para servirlos en un plato sino que, además, reducirá significativamente el uso del suelo, el consumo de energía y agua, y la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

Los ensayos incluyen a distintas especies: pollos, cerdos, pavos y algunos peces -como la carpa y el atún- son algunos de los animalitos que se ilusionan con un futuro que les posibilite llegar a ser abuelos.

Pero la vedette es la vaca. Porque la hamburguesa es un producto de consumo masivo y porque el ganado bovino es considerado responsable –nada menos que- del 11 al 15 por ciento de las emisiones totales de los GEI que calientan nuestra atmósfera.

El nombre de la cosa

Algunas encuestas muestran que la promesa de evitar genocidios o de salvar el planeta no sería suficiente para convencer a los consumidores de que un cultivo celular es más atractivo que un bife de chorizo.

Un trabajo publicado en 2018 en la revista científica Meat Science -firmado por Christopher Bryant y Julie Barnett- analiza catorce investigaciones efectuadas en Europa, Estados Unidos y Nueva Zelanda acerca de cómo los ciudadanos aprecian este nuevo producto. Los autores concluyen que “aunque los consumidores perciben inmediatamente los beneficios para el bienestar animal y para el ambiente, es improbable que eso sea central en su decisión de consumo”.

En el mismo sentido, según una encuesta efectuada en 2016 por la alianza Intal-Latinobarómetro, realizada a 20.000 habitantes de 18 países de América Latina, “la carne artificial o sintética solo fue considerada como un invento positivo para el 8% de los latinoamericanos”.

En el camino por lograr la aceptación de este nuevo producto, el marketing apuesta a elegir un nombre adecuado: primero fue carne in vitro. Después, carne sintética o artificial. Últimamente se la llama carne cultivada y, también, carne limpia.

Pero el uso de la palabra “carne” irrita a los productores agropecuarios y puede ser un inconveniente cuando lleguen las regulaciones. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Sanidad Animal (SENASA) establece que “se entiende por carne a la parte muscular y tejidos blandos que rodean el esqueleto de la res faenada, incluyendo su cobertura grasa, tendones, vasos, nervios, aponeurosis y todos aquellos tejidos no separados durante la operación de faena…”

De acuerdo con la “definición” del SENASA, con la nueva tecnología no se estaría produciendo carne. Al menos como se entiende en la Argentina.

Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar