miércoles, 24 febrero 2021
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Encontraron tumbas de 6 mil años

UN HALLAZGO ARQUEOLOGICO EN CATAMARCA

«En total registramos doce tumbas y la mayoría mediante hallazgos fortuitos, porque los pobladores encuentran restos y nos avisan para que podamos desarrollar el rescate arqueológico. Estos descubrimientos suelen ocurrir después de la temporada de lluvias, en verano, cuando aparecen los huesos en la superficie», explicó la doctora en Arqueología, Leticia Cortés.
La investigación comenzó hace más de quince años y está a cargo de un equipo de investigadores del Conicet dirigido por la doctora en Arqueología María Cristina Scattolin, que realiza tareas de excavación en esa región de Catamarca con el objeto de conocer los modos de entierro y ceremonias fúnebres, en tumbas que registran hasta seis mil años de antigüedad.
Cortés se dedica al estudio de las metodologías de entierro en poblaciones prehispánicas, de las que no existen registros escritos. «Había una gran variedad de métodos de entierro, en tumbas individuales o colectivas» explicó la investigadora, y agregó que «varía la postura de los cuerpos: hay algunos que están hiperflexionados, como en cuclillas y con los hombros tocando las rodillas, algunos están extendidos y otros desarticulados y mezclados».

Entierros colectivos.
La científica explicó también que «muchas veces las familias convivían con sus muertos» a quienes «enterraban en el mismo patio donde cocinaban, hacían vasijas o tallaban piedras». Según Cortés resulta «muy interesante observar las distintas concepciones que tenían sobre la vida y la muerte, diferentes a nuestra propia cultura donde los cementerios son lugares aislados y muchas veces cercados por paredes altas que obstaculizan la vista de las tumbas».
Una de las tumbas encontradas en La Quebrada, en el Valle del Cajón, adquirió popularidad porque incluía una máscara de cobre, el objeto más antiguo fabricado en ese metal en toda la región andina. Y con tres mil años de antigüedad. Se trata de una máscara antropomorfa, que prefigura un rostro humano, y fue encontrada en un entierro colectivo donde había al menos catorce personas, entre adultos de ambos sexos y niños, cuyos restos estaban totalmente desarticulados y mezclados en una tumba que tenía solo una pared de piedras chatas dispuestas en un costado.
A través de análisis de ADN, a cargo de la doctora María Laura Parolín (Cenpat-Conicet), se comprobó que dos de los individuos comparten material genético, avalando la hipótesis de que resultaban parientes entre sí.
Desde la época de los pueblos cazadores recolectores existen evidencias de que las poblaciones de distintas regiones del Noroeste argentino se desplazaban con los cuerpos de sus difuntos. La manipulación de los restos y el hecho de reabrir las tumbas son tradiciones de larga data en esta región. Los incas, en Perú, tenían la costumbre de sacar los cuerpos de los ancestros en determinados momentos y exhibirlos ante la comunidad, y resultó una las prácticas que los conquistadores españoles eliminaron. (Fuente: Página/12)