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«Hay que tener más presente a la muerte»

Valeria Bertuccelli, quien interpreta a una mujer con cáncer terminal en la película basada en una historia real «El cuaderno de Tomy», dirigida por Carlos Sorín y ya disponible en la plataforma de Netflix, dijo que esperaba que el filme deje como mensaje que «hay que tener más presente a la muerte, pese a que nos cueste».

«Nuestra cultura está muy acostumbrada a contactar con la muerte solo cuando alguien cercano se muere y después pareciera que la vida te lleva arrastrado por lo cotidiano», se explayó la actriz, guionista y directora en charla con Télam.

La cinta está inspirada en la historia real de María «Marie» Vázquez, una arquitecta, dibujante y bloguera argentina que en 2014 recibió la noticia de que tenía una enfermedad terminal y decidió enfrentar sus últimos meses a su manera: con emoción y el ácido humor sarcástico que la caracterizaba.

Ya internada en el sanatorio y sin expectativas por recuperarse, Marie trascendió públicamente por el estilo único de sus reflexiones y el relato de sus experiencias a través de Twitter.

La María Vázquez real falleció en 2015, y dejó un cuaderno que escribió e ilustró para su pequeño hijo, que luego se publicaría con éxito de ventas como «El cuaderno de Nippur» y que sería el puntapié de la película.

La muerte, la dignidad, la eutanasia y lo realmente importante de la vida son los temas de una película emotiva de principio a fin, pero que el realizador de «Historias mínimas» (2002) supo comandar lejos de los golpes de efecto y la lástima.

Acompañada en pantalla por Esteban Lamothe, Mauricio Dayub, Malena Pichot, Diego Reinhold, Julián Sorín, Ana Katz, y Diego Gentile, entre otros, la autora y protagonista de «La reina del miedo» (2018) encarnó al personaje acaso más comprometido tanto en lo emocional como en lo físico de su carrera.

Télam: La película propone al espectador ponerse en contacto con lo emocional, con la angustia, desde el inicio. ¿Fue igual de emotiva rodarla?

Valeria Bertuccelli: Fue increíble hacerla, fue un viaje. Pocas veces filmar una película va acompañado de algo espiritual tan fuerte. Me sentí todo el tiempo muy acompañada por la idea que María tenía sobre la vida y sobre la muerte. Es muy obvio decirlo, pero realmente estar dispuesta a atravesar esta peli me enseñó mucho.

Como actriz es una película en la que era imposible no disponer del cuerpo y del espíritu absolutamente. Todos fuimos muy capturados por ese espíritu que tenía ella, que era como una especie de «monstrua» del drama y de las risas a la par, es una especie de «punk amoroso», porque todo el tiempo son cosas muy extremas, muy dramáticas y no suelta nunca esa mirada con la que yo me siento muy identificada.

T: Es una trama en la que hubiera resultado muy fácil caer en el golpe bajo, y sin embargo viaja permanentemente en el filo del drama y el humor. ¿Cómo trabajaron ese punto?

VB: Básicamente Carlos (Sorín) es un maestro de eso, estaba muy atento a nunca caer en el golpe bajo. Teníamos mucho esa consigna, no ir hacia ese lugar, y la verdad es que lo llevó muy bien.

T: ¿Cuánto ayudó la transformación física que hiciste para meterte en la piel de Marie?

VB: Un montón. Por un lado bajé muchos kilos; soy flaca pero fui a un nutricionista y empecé unos cuantos meses antes para bajar muy de a poco y sobre el final más todavía. Fui guiada por un nutricionista, por mi médico clínico y por el mismo médico de Marie, que me iba siguiendo paso a paso. Con él no solo fue lo físico, sino lo mental y espiritual, porque me ayudó a entender por dónde iba la cabeza de Marie, esa aceptación que ella tenía y que la ayudaba a ir con la ola en vez de resistirla y golpearse. Además estuvo el momento de raparme, que fue como el toque último para sentir que estaba aterrizando.

También hablé un par de veces con Sebastián, el marido de Marie, y me vi y hablé mucho con Vanessa, que es su mejor amiga.

T: ¿Y cómo fue desprenderte de este personaje tan fuerte una vez que se terminó el rodaje?

VB: Fue de a poco. Siempre siento que es un poco exagerada aquella frase de los actores de «ponerse la camiseta del personaje»; sentía que yo entraba y salía más fácil. Pero es verdad que esta fue la primera vez que fue un degradé lento, quizás porque quedé en un estado que duró mucho tiempo; más flaca, pelada. Vino el verano, las fiestas, y yo todavía me sentía conectada, y no porque hubiera quedado triste, sino que me había quedado impregnada de su mirada.

T: La película aborda la cuestión de la dignidad en la muerte, la eutanasia y el deseo de un paciente de poder decidir. ¿Por qué creés que es un tema tabú?

VB: Como todos los temas creo que merece ser tratado y escuchado. Yo creo que cada persona tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo en todas las instancias, y es un tema tabú porque la muerte es tabú. Nos acordamos de la muerte solo cuando estamos alrededor de ella. Creo que se trata de que hay que tener más presente a la muerte, pese a que nos cueste.

T: ¿Qué imaginás que va a generar en el público?

VB: Lo más lindo sería que ayude a disfrutar más de la vida. Leés el cuaderno de Marie y las cosas que le dice a su hijo eran muy adelantadas; le habla de la educación, de la escuela, de la importancia de ser uno mismo más allá de los resultados. Si todo eso resuena en la cabeza de algún modo, se podría bajar un poco la noción de lo que se supone que es ser exitoso o triunfar.

T: ¿Cómo conecta el estreno con este momento de la humanidad? ¿Es un buen «timing» para estrenar con tantas personas preocupadas por la pandemia?

VB: Creo que debemos haber pensado todos los que estábamos en la peli: «Uy, se va a estrenar en este momento, en el que la muerte y las despedidas están tan presentes». Y creo que es un buen momento, no solo para hacer catarsis sino para pensar de qué modo estamos viviendo. No me asusta el momento para la película, nunca hay un momento ideal para la verdad. (Télam).