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La conmovedora historia de la mujer de 96 años que fabrica barbijos para un hospital

La historia de amistad entre Telma y Roxana se tejió hace poco más de 35 años.

35 años después la historia de amistad entre Telma y Roxana recorre el planeta.

Un planeta aplanado por una pandemia que entre tanto dolor desnuda maravillosas vidas anónimas.

La cosa empezó cuando Roxana Grimaldi era una niña. Su familia, cansada del ruido de la ciudad capital, decidió dejarlo todo para mudarse a un pequeño pueblo bonaerense: 9 de Julio, a poco más de 340 kilómetros de Santa Rosa.

Roxana era una pequeña inquieta y curiosa y cuando llegó a su nuevo hogar sintió un amor a primera vista por la casa de al lado: era una pequeña morada de retazos de chapa y barro sin revocar repleta de plantas.

La niña aprovechaba sus momentos libres para corretear por la zona siempre con el objetivo fijo: poder descubrir, cual exploradora, quién habitaba esa mágica casa.

Según RT Actualidad, el método utilizado por la niña fue el más arriesgado pero el más eficaz: trepó paredes…trepó hasta poder hallar ese misterioso mundo que la desvelaba.

Un día vio gallinas corretear por el patio, otro día vio flores por todos lados, pero nunca a la persona que la habitaba. ¿Quién sería?, pensaba.

SUS OJOS EN TELMA.

Un día de 1985 sus ojos se posaron sobre Telma Bordone, la dueña de casa: una mujer con el pelo blanco enmarañado que decoraba una figura cansada.

Telma estaba sola, tenía 61 años, era viuda, y su único hijo vivía a más de 200 kilómetros.

La niña sintió la necesidad de estar cerca, de conocerla, de descubrir su mundo.

«Ella era mágica, me fabricaba interminables gorros de lana de muchos colores, bufandas haciendo juego y vestiditos para mis bellas muñecas de colección», recuerda.

Y Telma acota: «Me acuerdo que Roxana era una belleza de chica, siempre venía a mi casa a tomar mate y a jugar».

NUEVA VIDA.

Pero toda historia tiene su fin.

Roxana cumplió 18 años, terminó el Colegio Secundario, y decidió dejar 9 de Julio.

Los años le darían un amor y un hijo. Ya más grande, y cuando podía, volvía al pueblo al que veía siempre igual, sus casas, sus monumentos, y sus árboles en el mismo lugar imperturbables al tiempo.

Roxana volvió a quedar embarazada y quiso darle una vuelta de tuerca a su vida.

Quiso cambiar y queriendo o sin querer repitió la historia de sus padres: dejó la gran ciudad para irse a un espacio más tranquilo. Y la respuesta, en su pensamiento, era obvia: tenía que volver. Distinta…pero volver.

Y volvió.

Grimaldi, acotó EL 9 DE JULIO, regresó a su localidad natal junto a toda su familia que aceptó, desde el principio, su decisión.

LA NOCHE DE 2019.

Una noche de 2019.

Roxana fue, como lo hacía de manera habitual, a visitar a su amiga Telma.

Esperaba verla como siempre, vital, cariñosa, y amigable.

Pero sus ojos se llevaron una nada grata sorpresa.

«No la encontré bien, estaba decaída, acostada, algo pálida, cuando quiso levantarse me pidió que pusiera el agua a hervir para tomar algo calentito: fui a su cocina y cuando me di vuelta la vi caer, fue una de las cosas más tristes que me pasó con ella», indica Roxana a a LA NACION.

Y agrega: «En ese momento fue ver que ese ser que siempre me cobijó iba a pasar a ser quien yo tenía que cobijar, no iba a ser la abuelita que me esperaba cada tarde con el mate».

INTERNADA.

Tras la caída, Telma fue internada en un hospital.

«Le doy gracias a Dios que estaba ella porque sino no hubiera pasado la noche solita: desde ese momento nunca más me abandonó, me iba a ver todos los días, me daba de comer, para mi es más que una hija», dice Telma.

La abuela salió pero su amiga no estaba tranquila.

Roxana le pidió a su familia un favor de esos que no se olvidan y su familia le respondió.

ADOPCION.

Grimaldi, de 40 años, le preguntó a Telma sí no quería irse a vivir con ella y su familia. Y si bien los recuerdos interiores marcan, los objetos materiales mucho más.

Telma tuvo que dejar su casa, los recuerdos que tejió, las buenas y las malas adentro de esa pequeña vivienda de chapa que tampoco sería la misma.

«Se lo manifesté y ella lo entendió a pesar que el rancho era su lugar en el mundo. Todo llevó a la conclusión que si venía a casa iba a ser más fácil para mi y más cómodo para ella. Mi esposo me apoyó en todo momento, siempre, se bancó todas», destaca su nieta postiza.

Telma, con sus 96 años, pasó a formar parte fundamental de la familia.

PANDEMIA.

Y llegó la pandemia. Y, pese a todo, a los riesgos, y temores, las encontró juntas.

Roxana entró a la habitación de Telma y le propuso algo.

«Voy hacer unos barbijos para el hospital y de paso estoy un rato con vos», le dijo.

«A mi me gustaría poder ayudar», le respondió Telma sin dudarlo ni un segundo.

Y así ambas empezaron a tejer y enlazar aún más su historia.

«La veía muy entusiasmada y con la responsabilidad de tener que terminar el trabajo buscando prolijidad y rapidez: sentí que era una de las personas del equipo que estaba ayudando para ganar la batalla, fue muy fuerte lo que ella me hizo sentir», indica la dueña de casa.

«JURO QUE ES FELIZ».

Los barbijos que ambas realizaron fueron donados al hospital del pueblo. Pero su trabajo no descansa. Ambas siguen juntas, charla, por medio, creando para donar.

Hoy a Telma la cuidan dos personas y todos los días la visitan una enfermera y un kinesiólogo para que haga ejercicio.

«Mis hijos la quieren mucho, ella los vio nacer y tejió varios de los vestdos para las muñecas de Nerina (15) y Matías (12) rompió más de una de sus flores pero ella jamás se enojó», rememora.

Y completa: «Es muy laboriosa así que siempre está queriendo hacer algo, juro que es feliz y tiene muchas ganas de vivir».

FOTO: ROXANA GRIMALDI, LA NACION Y RT ACTUALIDAD.