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El «Carnicero de Giles», uno de los presos con mayor antigüedad después de Robledo Puch

El denominado “Carnicero de giles”, que asesinó a sus padres, sus dos hermanos y su tía; y un albañil condenado por matar y violar a dos niños, se encuentran entre los criminales argentinos que más años llevan detenidos en el Sistema Penitenciario Bonaerense (SPB) luego de Robledo Puch, informaron fuentes de la Institución.

A Robledo Puch, próximo a cumplir 48 años en la cárcel, le sigue en antigüedad dentro de una prisión del SPB Víctor Luis Reinaga de 55 años, quien lleva 31 años detenido al purgar una pena por un homicidio agravado ocurrido en el partido bonaerense de Morón en 1989.

Entre los criminales más reconocidos, se encuentra Luis Fernando Iribarren de 54 años, quien fue condenado en agosto de 2002 a la pena de reclusión perpetua por matar de sendos balazos en la cabeza a sus padres, Luis Juan Iribarren de 49 y Marta Langebbein de 42; y a sus hermanos Marcelo de 15 y María Cecilia de 9, a fines de julio de 1986. Apodado el “Carnicero de Giles”, enterró los cuerpos en una fosa a 40 metros de la casa en la que vivían, en un campo del paraje Tuyutí, a 30 kilómetros de San Andrés de Giles.

Iribarren lleva 24 años detenido y también fue sentenciado por asesinar a hachazos a su tía Alcira de 63, nueve años después, a la que ayudó “a morir”, según confesó a la Justicia de Mercedes, ya que ella padecía cáncer.

En tanto, Carlos César Fontanari de 65 años, lleva la misma cantidad de años preso al haber sido condenado a prisión perpetua por un tribunal de San Isidro por violar y matar a José Antonio de La Vedue de 8 años, en mayo de 1991, y a Damián Carrizo de 10 años, en junio de 1993; ambos crímenes ocurridos en la localidad bonaerense de Boulogne.

Otro caso particular es el de Estanislao Brizuela de 51 años, quien fuera condenado por un homicidio y, a pesar de haber sido sobreseído posteriormente en marzo de 1996 por ser declarado inimputable por la Justicia, lleva 27 años detenido en la Unidad Penal 34 de Melchor Romero, que es un Instituto Neuropsiquiátrico de Seguridad, informaron voceros del SPB.

Por su parte, también integran la lista de presidiarios con mayor antigüedad en el SPB Osvaldo -todos condenados por homicidios agravados- Alejandro Longobuco de 74 años; Jorge Horacio Mendoza de 57; Roberto Luis Ramos de 45 y Pedro Soto de 50; presos hace 29, 27, 26 y 24 años, respectivamente. (Télam)

La historia del «Carnicero de Giles»

Luis Fernando Iribarren es considerado un homicida múltiple, ya que mató con disparos de una carabina vizcachera a su padre, a su madre, a su hermana y a su hermano, a mediados de 1986. En 1995 asesinó a hachazos a su tía.

«Sin pensar, pero comprobando que estaba cargada, agarré el arma. Entré en la pieza en la que dormían mis padres y mi hermana. Con la seguridad de que tenía ubicados los cuerpos y de que no me hacía falta mirar, cerré los ojos. No sé si les disparé dos o tres balazos a cada uno», expresó Iribarren ante el funcionario judicial que le tomó declaración, según lo publicado por el medio La Nación.

«Salí de la pieza, siempre con el arma entre mis manos, cerré la puerta y pasé al dormitorio de mi hermano. A medida que me acercaba, miraba cómo dormía. Recuerdo que le pegué con el cañón del arma en la cabeza. En ese momento, sin pensarlo disparé una vez más. Después de que le pegué el balazo, mi hermano quedó con los ojos abiertos. No sé si se despertó por el ruido o por qué, en ese momento comenzaba a amanecer», agregó el acusado.

Años más tarde, asesinó a su tía. Debido a este último delito, fue que se descubrió el homicidio de toda su familia, hecho que no estaba develado hasta entonces.

«Estaba muy enferma y decidí ayudarla a terminar con el sufrimiento, tal como ella quería. Entonces procedí a asfixiarla. La tomé del cuello con mis manos. Pero debido a que con esa maniobra no se moría fui a buscar el arma que guardaba en la mesa de luz», detalló. «No tuve el coraje de dispararle a mi tía con el arma porque me acordé de lo que les había hecho a mis padres y a mis hermanos, y no soportaría hacerlo de nuevo. Por lo que seguí buscando otro objeto. Al llegar al patio vi el hacha. En realidad, había dos hachas. Tomé la que tenía el mango más largo y me dirigí a la habitación de mi tía. Me paré al costado de la cama y le pegué dos golpes en el costado izquierdo de la cabeza», manifestó el imputado, según consta en su declaración. 

Foto: La Nación