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La maestra que todos los días hace dedo para llegar al aula

Una historia de sacrificio y pasión tiene como protagonista a una maestra que pudo obtener su título a los 49 años, luego de criar seis hijos. Se llama Patricia Ibañez y todos los días recorre 100 kilómetros de ida y 100 de vuelta para ir desde Puán, donde vive, hasta Villa Iris, donde da clases a niños de segundo grado de la escuela EP3.

Sin embargo, la mujer no tiene vehículo de movilidad propia y tampoco hay un transporte que haya ese trayecto, por lo cual todos los días de la semana se para a las 10hs. en una garita y hace dedo, esperando que algún conductor la alcance a su destino.

«A veces tengo suerte y frenan enseguida y van directo a Villa Iris, pero a veces la ruta está tranquila y se hace más difícil”, relató la docente en una entrevista con el diario La Nueva.

Patricia es oriunda de Guernica, pero por motivos laborales de su esposo, se mudaron a Puan hace 31 años. Fue madre por primera vez a los 18 años, dejó los estudios para poder trabajar y nunca se le había cruzado por la cabeza ser maestra. Pero ya de grande decidió terminar la secundaria, aunque hasta hace pocos años sus ocupaciones eran su casa, la crianza de sus hijos y las clases de catequesis.

El acompañamiento que le brindaba a sus hijos con las tareas de la escuela y las clases de catequesis que daba, despertaron sus ganas por la docencia. «Cuando pude hacer la carrera no lo dudé», manifestó la mujer.

Ibañez rindió su última materia de la carrera de Magisterio en el Instituto Superior María Susana en diciembre de 2019, y en febrero de 2020 recibió su título. La residencia la había hecho en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 37 de Darregueira.

«No soy la única que hace dedo, somos varias. Vamos a las garitas por turno de llegada. Nos organizamos», contó la maestra, y precisó que su movilidad depende, principalmente, de las personas que vienen de Bahía Blanca por la ruta nacional 35 o de quienes salen de La Pampa y entran al distrito.

«El otro día me tocó estar una hora en Villa Iris y una hora en Bordenave. Llegué a mi casa a las 8 de la noche. A medida que se hace mas tarde pasan menos viajantes y se hace mas complicado. No hago toda esta odisea por el salario que gano sino para llevar a cabo lo que estudié: lo decidí de grande y quiero tener la oportunidad de brindar lo que tengo para dar», señaló.

Asimismo, la preocupación en sus familiares se despierta cuando se queda sin señal de celular en la ruta, pero Patricia aseguró que nunca sufrió una situación peligrosa. Explicó que otras maestras usan su propio vehículo para poder trasladarse por la zona, aunque deben tener dos cargos docentes para poder costear los gastos de combustible.  “Yo invierto horas y ellas invierten un cargo para cubrir el combustible. No es justo para ninguna”, opinó.

Cuando termina su jornada laboral, a eso de las 17hs., una compañera de Jacinto Arauz lleva a Patricia hasta el cruce de una ruta, ubicado a 6 kilómetros de la escuela donde trabaja, y allí se queda haciendo dedo para poder regresar a su casa.

El cargo en la EP3 de Villa Iris lo obtuvo a principios del 2020, pero la pandemia ahogó sus ganas de estar en el aula. Reconoció que le costó acostumbrarse a las clases virtuales, pero resaltó que gracias al acompañamiento de los estudiantes, sus familias y el entorno escolar, pudieron garantizar la continuidad pedagógica.

Fotos: lanueva.com