viernes, 25 septiembre 2020
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Más de 10 mil consultas por los «súperbarbijos»

Más de 10 mil personas consultaron cómo comprar los «súperbarbijos» para uso no profesional desarrollados por científicas y científicos de Argentina a menos de una semana de haberse anunciado su comercialización porque presentan telas que permiten inactivar el coronavirus y son capaces de resistir sus propiedades antiviral, fungicida y antibactericida hasta por 15 lavados.

«Después que salió el anuncio el jueves pasado fue una explosión. Se comunicaron de todos los medios, de los ministerios, de distintos organismos y muchísima gente. Es una alegría para quienes estuvimos en este proceso», dijo a Télam Griselda Polla, directora del Equipo de Vinculación y Transferencia del Instituto de Investigación en Ingeniería Ambiental (IIIA-UNSAM).

La historia de los «súperbarbijos» se remonta a fines de marzo, cuando un grupo de investigadores que son amigos tanto de la Universidad de San Martín como de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se juntaron: «Recibimos una consulta por parte de una médica de un hospital que consideraba que había pocos elementos de protección para el personal de salud», recordó Polla.

A partir de esta inquietud y de la experiencia de los investigadores Silvia Goyanes (de la UBA) y Roberto Candal (de la UNSAM) en la aplicación de activos a telas, el grupo comenzaba a pensar alternativas de desarrollo cuando se contactaron con ellos los dueños de la fábrica textil Kovi S.R.L. del partido bonaerense de La Matanza.

«Nos contaron que querían hacer barbijos para uso social, es decir no para profesionales de la salud, pero con propiedades, y ahí nosotros ofrecimos desarrollar tapabocas antibactericidas, fungicidas (antihongos) y antivirales», sostuvo Polla.

Ángeles Espeche, socia gerenta de Kovi S.R.L, también recordó ese inicio que, aunque le parece tan lejano, fue hace tan sólo cinco meses: «Estábamos en una situación bastante crítica porque los compradores habían interrumpido los pagos. Se nos ocurrió esta alternativa pero no teníamos forma de empezar, así que pedimos un préstamo al Banco Nación y con eso arrancamos», contó.

Espeche detalló que desde que el 6 de agosto se anunció la existencia de estos barbijos «en menos de una semana recibimos más de 10 mil consultas y ya despachamos 23 mil unidades; las personas se comunican con mucha desesperación».

PRUEBAS.

Durante dos meses los jóvenes investigadores del IIIA-UNSAM y del Instituto de Física de Buenos Aires (IFIBA, CONICET-UBA) realizaron pruebas de laboratorio, «tanto en el tratamiento de telas como en la metodología para conseguir la incorporación de los principios activos», sostuvo Polla.

Por ejemplo, «para verificar que se incorporaban en la tela de manera pareja, que quedaban fijos, que resistían lavados», detalló.

«La gran tarea fue hacer el escalado de todos esos procesos a la planta textil, y allí fueron los mismos jóvenes investigadores que pasaron de trabajar con un paño de 10 por 10 centímetros a trabajar con miles de metros, lo que implicaba hacer grandes volúmenes de solución con los activos», describió.

Y continuó: «En los siguientes dos meses teníamos ese desarrollo transferido y optimizado a la planta, fue una carrera fantástica».

La investigadora explicó que los principios activos que se utilizan para lograr los efectos antivirales, fungicidas y antibacterianos están basados en plata, cobre y otros elementos que son de fácil acceso y disponibilidad en la Argentina y cuyas propiedades se conocían.

«La innovación estuvo en la forma en que se fijaron estos componentes químicos a las telas con tecnología de vanguardia; esto se logró a través de materiales poliméricos ambientalmente amigables, y eso permite que cuando uno respira, queden fijos en la tela y no sean absorbidos por quien usa el barbijo, a la vez que hace que las propiedades se mantengan a pesar de, por lo menos, quince lavados», señaló.

Las pruebas realizadas con los barbijos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) mostraron que luego de dos minutos el número de bacterias se reducía tanto que no era posible contarlas. Además, se constataron allí sus propiedades fungicidas.

En tanto, en el Instituto de Investigación de Virología del INTA se hicieron «los testeos de las telas contra varios virus y se comprobó que en un período de dos horas su acción antiviral era excelente», explicó Ana María Llois, investigadora del Conicet y directora de la Unidad Ejecutora Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (UE-INN, CONICET-CNEA), otra de las personas responsables de la dirección del proyecto.

«Pero, además, se realizó una prueba específica para ver su capacidad para inhibir un coronavirus similar al SARS-Cov-2 en un intervalo de solo cinco minutos, que es el tiempo mínimo de testeo, y los resultados no pudieron ser mejores. Esto significa que el barbijo desactiva al virus en incluso menos de cinco minutos», puntualizó.

El costo del barbijo, que se comercializa con el nombre de Atom Portect, varía entre 324 pesos la unidad si es con envío o 299 pesos si se retira en la sucursal; si se compra por cantidad (por 40) el precio disminuye a 250.

Durante los primeros seis meses de producción, la empresa va a donar el 10% de las telas que produzca a pequeños talleres del conurbano bonaerense, que confeccionarán barbijos para otorgar de forma gratuita a personas que no se encuentren en condiciones de comprarlos.

Tras esta experiencia, las científicas y científicos se encuentran trabajando en el diseño de barbijos para profesionales de la salud, «que tienen requisitos específicos como que las telas no sean tejidas y las uniones no tengan costuras para garantizar que no hay posibilidad del más mínimo ingreso del virus», concluyó Polla.