miércoles, 28 octubre 2020
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Mirtha Sisnero, la mujer que ganó su puesto de colectivera en la Justicia pero que aún no maneja

Mirtha Sisnero comenzó su pelea para ser chofer de colectivo en Salta en 2008, y pese a haber logrado un fallo favorable de la Corte Suprema que reconoció que era discriminada, y habilitó así a muchas mujeres del país a ser colectiveras, aún sigue luchando para sentarse frente al volante de un colectivo.

“Mi lucha fue una apertura laboral para las mujeres, que, aunque todavía no son tantas, ya hay en todas las empresas, porque las chicas se animaron y están trabajando”, dijo Sisnero.

Sisnero, pionera en reivindicar el derecho de las mujeres a ser conductoras habló con Télam, al recordarse hoy el Día del colectivero y la colectivera, en conmemoración al primer viaje en este medio de transporte realizado en 1928.

El proceso «no terminó para mí, en lo personal, porque todavía no me pusieron a conducir un colectivo. Me pusieron en otras tareas dentro de la empresa, que es trabajo, pero no se cumplió mi petición porque la Justicia de Salta no respetó nunca el fallo”.

Sisnero comenzó a buscar trabajo como colectivera y, ante el rechazo de las empresas del transporte público en Salta, en 2008 inició un proceso judicial junto a la Fundación Entre Mujeres (FEM).

La demanda fue contra la Sociedad Anónima del Estado del Transporte Automotor (Saeta), la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMT) y las siete empresas operadoras del servicio, por la no incorporación de mujeres como conductoras.

Una de las pretensiones fue de carácter individual, promovida por Sisnero, quien alegó discriminación y violación del derecho de igualdad ante la imposibilidad de acceder a un puesto de trabajo como chofer en la planta de empleados de las empresas demandadas, pese a haber cumplido con los requisitos de idoneidad.

La otra fue de naturaleza colectiva, planteada por la FEM, por la vulneración de esos mismos derechos ante la falta de contratación de choferes mujeres por parte de las empresas de transporte de Salta.

Por ello, se solicitó el cese de la discriminación por razones de género y la incorporación de Sisnero como chofer de colectivo, además del establecimiento de un cupo de puestos de trabajo para ser cubiertos por mujeres, hasta que la distribución total del personal reflejara una integración equitativa de los géneros en el plantel de choferes de las empresas.

Este largo camino judicial llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que consideró que lo que atravesó Sisnero fue una «situación discriminatoria» por ser mujer.

La Sala V de la Cámara de Apelaciones Civil y Comercial de Salta ya había hecho lugar a la demanda de Sisnero, al ordenar el cese de la discriminación y establecer un cupo del 30 por ciento de mujeres en la planta de choferes de las empresas.

Asimismo, había dispuesto que la AMT confeccionara un listado de las postulantes que cumplieran con los requisitos legales vigentes -con Sisnero en primer lugar- y que, en caso de que alguna de las empresas demandadas violara lo dispuesto, debería abonarle a la primera de la lista un salario igual al chofer mejor remunerado.

Las empresas apelaron y la Corte de Justicia de Salta revocó el pronunciamiento, al considerar que la pretensión no podía prosperar pues, para configurar un caso de discriminación Sisnero debió haber demostrado que contaba con idoneidad para el cargo.

Esto motivó a Sisnero y a la ONG a presentar un recurso extraordinario federal ante la Corte nacional, que resolvió en 2014 y el fallo derivó, un año después, en un pronunciamiento de la Corte salteña, a favor de la demanda.

“Lo bueno es que toda esta lucha, que ya benefició a otras mujeres, va a seguir beneficiando, porque es un cupo que ya quedó fijado”, explicó Sisnero, quien rescató que las mujeres salteñas que conducen colectivos “saben y reconocen que están al frente del volante por todo lo que pasé”.

Además, contó que los hombres también se lo agradecieron, debido a que desde el ingreso de las mujeres al transporte cambiaron algunas condiciones laborales.

La principal queja de Mirtha es con “la Justicia salteña”, por considerar que “no respetó el fallo que decía claramente que en la primera vacante tenía que ingresar yo, y después ya vino el amparo colectivo que estableció el cupo del 30% en cada empresa y la apertura del registro de aspirantes”, explicó.

Mirtha cumple hoy funciones de inspectora en una de las operadoras del servicio de transporte de pasajeros de Salta.

«Las veces que pedí ser chofer me dijeron que no hay vacante”, así que “sigo castigada”, pero «el caminito ya está hecho”, concluyó Mirtha, tras una lucha de años en la que no claudica.

El Ministerio de Trabajo nacional saludo hoy en sus redes sociales a «las y los choferes» y destacó a «las casi 500 mujeres que se desempeñan en esta actividad ligada históricamente a los varones». (Télam)