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¿Por qué es importante cuidar los bosques?

La deforestación es uno de los temas más preocupantes en materia medioambiental. Los bosques concentran más de la mitad de la biodiversidad terrestre del planeta y funcionan como reservorio de dióxido de carbono -uno de los principales gases que causan el efecto invernadero-, al punto tal que, cerca de un 20% de las emisiones globales de estos gases provienen de la deforestación y la degradación de bosques. Las consecuencias ambientales y sociales de la deforestación impactan en 1.600 millones de personas en todo el mundo que dependen de los bosques para su subsistencia, así como para la generación de empleo e ingresos.

En la última década, en la Argentina, se ha deforestado un promedio de 240.000 hectáreas anuales de bosques nativos y el Gran Chaco es una de las ecorregiones más afectadas por esta problemática. Según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, sus siglas en inglés), se encuentra entre los 11 lugares  más deforestados del mundo y con niveles más altos de degradación. Y el panorama no parece muy alentador.

Un reciente estudio presentado por Fundación Vida Silvestre Argentina analiza los escenarios futuros de deforestación, según las alternativas de expansión agropecuaria en el Gran Chaco Argentino, donde se proyecta el comportamiento hasta el año 2028, considerando un promedio de las tasas de deforestación ocurridas entre los años 2007 y 2014. Los resultados plantean que, de repetirse esas tasas, para el año 2028 se producirá una pérdida adicional de casi 4 millones de hectáreas de bosques en la región chaqueña por el avance de la frontera agropecuaria y ganadera, lo que equivale a 200 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Impactante ¿no? Asimismo, aproximadamente la mitad de dicha pérdida de ecosistemas se localizará en áreas prioritarias de alto valor de conservación.

Estos datos resultan alarmantes ya que las consecuencias de la deforestación tienen un impacto negativo no sólo en lo ambiental, sino también en lo social y económico. La deforestación contribuye al cambio climático -ya que se incrementan las emisiones de dióxido de carbono (CO2)-, reduce el hábitat para especies animales y vegetales y dificulta la capacidad de los suelos de regular excedentes de agua y, por ende, inundaciones. También atenta gravemente contra el desarrollo sustentable de la sociedad, ya que disminuye la disponibilidad futura de servicios ecosistémicos, entre ellos la regulación del clima, la captación y reserva de agua dulce, y la estabilidad de los suelos para la producción de alimentos.

Pero, ¿qué podemos hacer al respecto? Para hacer frente a esta problemática es importante que se implementen políticas de regulación y control, entre ellas la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos -conocida como «Ley de Bosques»-. La Ley de Bosques provee herramientas para proteger y gestionar a los bosques al punto que, si se aplicara correctamente, se podrían evitar 1,81 millones de hectáreas, reduciendo la pérdida de bosques a la mitad respecto del escenario tendencial. Sin embargo, desde su implementación, la Ley de Bosques nunca pudo contar con su presupuesto completo y recibió mucho menos de lo que le correspondería.

Pero también es necesario ir más allá y asumir compromisos superadores, ya que si bien la correcta aplicación de la Ley de Bosques es el primer paso -y lo mínimo que deberíamos hacer- para proteger los bosques nativos, no resulta suficiente. En ese sentido, existen dos escenarios más ambiciosos en términos de  sustentabilidad: escenarios de no deforestación y de no conversión de cualquier área natural, además de bosques. El desafío es fomentar los compromisos de todos los sectores para lograr alcanzar estos escenarios ideales que permitan implementar alternativas para continuar produciendo sin necesidad de poner en riesgo nuestros ecosistemas. 

Mientras la deforestación continúa, perdemos bosques, culturas, biodiversidad, servicios ambientales y oportunidades de un real desarrollo sustentable. Es hora de asumir los compromisos y salvar nuestros bosques. (Télam)