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Primera capitana de buque lucha por la igualdad de mujeres en el mar

Con más de dos décadas a bordo de barcos pesqueros, Nancy Jaramillo se transformó en 2017 en la primera mujer del país con título de «Capitán de Pesca», y desde ese lugar se convirtió en una de las voces más autorizadas para reclamar desde Mar del Plata por la «igualdad de condiciones para las trabajadoras del mar».

Jaramillo es actualmente capitana del Erin Bruce, un buque de 54 metros de eslora y 12 de manga que pertenece a la empresa canadiense Wanchese, y en diálogo con Télam aseguró que con el tiempo advirtió que su recorrido -«de limpiar baños hasta el sillón principal en el puente»- podía servir «para abrir camino».

Por eso los últimos meses decidió sumarse a la Multisectorial de la Mujer marplatense para poner su cara y su historia «como testimonio para las chicas que vienen atrás».

«Llevo 24 años en esto, y aunque ha cambiado mucho, todavía es un mundo totalmente cerrado. En una planta pesquera hay tantos hombres como mujeres. ¿Por qué en el mar no podemos lograr lo mismo? Yo era una rareza cuando subí a un barco como pichón, y ahora soy rara por ser la única capitana», señaló.

Su historia como mujer de mar comenzó en 1994 en Puerto Madryn, por una mezcla de «azar, pobreza y necesidad», tal como ella recordó, desde el comedor del Erin Bruce, amarrado en la Escollera Norte de Mar del Plata.

Nacida en un hogar humilde de Trelew y criada en un barrio pobre de Madryn, decidió buscar trabajo en la pesca cuando nació su hijo Ammiel.

«Fui madre a los 17. Hacía changas de empleada doméstica, niñera, vendía carbón. Desde los 9 había vendido en las esquinas y me crié en comedores populares. Cuando nace mi nene, dejo de estudiar, en tercer año. Y nuestra pobreza se acrecienta: juntaba $120 por mes, y el tarro de leche costaba 80. No sabía qué hacer», recordó.

Las primeras opciones en las que pensó entonces fueron la Policía y la Armada, pero su condición de mujer y de madre soltera eran una doble barrera.

«Entonces caigo a Prefectura, buscando algo. Se me reían, y uno me dijo que había un curso de camarera a bordo. En mi vida había subido a un bote, pero estaba desesperada», contó.

Al terminar el curso, fue convocada para lo que pensó que sería un jornal de trabajo, pero la cita se transformó en un viaje en Traffic con lo puesto hasta Mar del Plata y en dos meses a bordo del pesquero Antonio Álvarez, para buscar langostinos mar adentro, sin tocar tierra.

«Me acuerdo que me dieron $50 y yo no sabía qué significaba un viático. Pesaba 60 kilos y no era capaz ni de hablar. Estaba aterrada, ahí entre más de 20 hombres. Y ya en el Puerto se acerca un tripulante y me recomienda que comprara toallitas para dos períodos. Me puse bordó», relató.

Después de dos meses en los que barrió, baldeó, sirvió desayunos, vomitó «hasta la vida», y en los que fue apodada «Carlitos» por los marineros, volvió a su casa con diez kilos menos y «una fortuna» de $2.000 en el bolsillo, y su hijo no la reconoció.

«Fue el dolor más grande de mi vida. Y cuando me largo a llorar, se da cuenta que era yo. Desde ese viaje me hice fuerte, y no me bajé más», aseguró.

Jaramillo marcó las transformaciones que vio en tantos años: «Antes eran todas puteadas. Era un ambiente jodido. Embarcaban 10 cajas de whisky y nadie decía nada. Hoy subís una lata de cerveza y vas preso. A mí me han pegado a bordo».

Los años, la experiencia y varios maestros le permitieron sumar títulos: en 2003, el de primera mujer «Patrón de Pesca Costera»; «Piloto de Pesca» en 2007, y «Piloto de Pesca de Primera» en 2012.

En 2017, finalmente, se egresó de la Escuela Nacional de Pesca como «Capitán», en masculino: «Yo misma no me acostumbro a decir capitana».

«A mí -dijo- me la han complicado mucho por ser mujer. Yo hubiese llegado muchísimo antes. En la Armada ahora hay muchísimas mujeres. Van avanzado a pasos agigantados. Pero en la pesca falta mucho. Yo sé que hay muchas chicas a las que nunca les dieron la chance de embarcarse. Eso tiene que cambiar ya». (Télam)