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«Producto de una lógica colonial»

ESPECIALISTA CUESTIONA QUE EL AGUA SEA UN COMMODITIE

El 7 de diciembre de 2020 el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de la Bolsa de Valores de Nueva York en base al índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O). Algunos especialistas creen que convertir el agua en un activo financiero estimulará una utilización más eficiente, pero muchos otros consideran demasiado peligroso especular con un recurso tan esencial para la vida.
Actualmente, casi todos los países consideran al agua un bien común de dominio público y autorizan diversos usos uso mediante concesiones o licencias: lo que comercializa Wall Street son esos derechos de uso. «Al considerar los bienes comunes como recursos y cuantificarlos en términos económicos, facilitamos una avanzada del mercado sobre ellos, permitiendo que el negocio especule con una escasez para incrementar su valor» advierte Mauro Fernández.
Entrevistado por Radio Noticias, este comunicador, activista socio ambiental, consultor independiente sobre cuestiones de clima y energía, que fue coordinador para Greenpeace en Argentina, Chile y Colombia y delegado ante el G20 y la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU, explicó que la «escasez» de agua dulce sería consecuencia de «una combinación de factores». Por un lado, «la merma de glaciares a escala masiva, esas grandes reservas congeladas se están derritiendo aceleradamente producto de la crisis climática derivada de la quema de combustibles fósiles y el modelo agroganadero». Por otro, «hay una escasez artificial, provocada por jugadores del mercado a quienes les conviene que suba la demanda para incrementar su precio y hacer negocio con eso: un proceso de commoditización de los recursos».

Lobos sedientos.
«La cotización en Bolsa es un punto en común entre agua y petróleo, pero aunque la humanidad depende hoy en gran manera del petróleo, solo el agua es indispensable para la vida sobre el planeta. Y por eso generó tanto revuelo» esta primera cotización bursátil en Wall Street dice Fernández. «Si bien comprende exclusivamente agua de los valles de California para utilización agrícola, este caso abrió la puerta para fijarle un precio (unos 50 centavos de dólar por metro cúbico), un valor exorbitante comparado con otros cánones del mundo» explica.
Entre los buitres que huelen la sangre de futuras guerras por el agua hay un viejo conocido de los argentinos. «El fondo de inversión global más importante del mundo, Black Rock, y su líder Laurence Fink, encararon esta avanzada por el agua, así como también están detrás de toda gran corporación, incluida la farmacéutica Pfizer que pedía activos soberanos de los estados como garantía para suscribir contratos por vacunas», recordó.
El gran lobo de Wall Street tiene acciones en las tres principales embotelladoras de Argentina (Danone, Nestlé y Coca Cola) «y también está detrás de las principales corporaciones globales». Esta avanzada «no es nueva, pero se observa más vigorosa que nunca: la vicepresidenta de Estados Unidos (Kamala Harris) reconoce que las próximas guerras serán por el agua, y propone convertirla en un commoditie precioso para evitarlas». Es decir, identificar al agua como un bien cuantificable, competitivo y comerciable evitaría las guerras, según «una lógica colonial con dos opciones: aceptamos poner un precio al agua para hacer negocios con ella o los países más grandes avanzarán sobre los más chicos para apropiarse de sus recursos».

Millones sin agua.
Según las últimas estimaciones de la ONU «hay 2.200 millones de personas (casi un tercio de la población mundial) sin acceso al agua potable en el planeta y se calcula que para 2025 podría haber dos tercios». Sin embargo, «a esta altura del Siglo XXI no solo deberíamos tener garantizado el acceso al agua potable en todos los países sino también estar promoviendo que se garantice el acceso a la energía».
Aunque ya existen otras fuentes energéticas «disponibles y más baratas que el petróleo» en nuestro país «el 85 por ciento de la energía total proviene de combustibles fósiles». Fernández advierte que es necesario «romper esa hegemonía en forma urgente, no solo con grandes parques renovables sino cambiando la mirada sobre el sistema, acercando los centros de consumo y potenciando las Pymes locales en la distribución».
Mientras tanto, a la hora de enfrentar el voraz avance del mercado sobre todo bien al que pueda poner un precio «el agua es un límite que no debemos sobrepasar, la última frontera» y recuerda que nuestro país «cuenta con enormes recursos naturales, sobre los que cada vez hay más presión. Y eso es lo que debemos defender» concluye.

Argentina también muestra carencias.
De acuerdo a datos del Indec en nuestro país hay 5,3 millones de personas sin acceso al agua potable en sus hogares y más del 13% de los argentinos no cuenta con acceso permanente al vital recurso. En las zonas rurales la escasez hídrica se agrava y alcanza hasta el 41% de los hogares. La falta de una ley nacional que regule los usos del agua torna más difícil el abordaje de esta problemática, porque impide obtener datos reales y deja el campo libre a compañías privadas que se benefician con la venta de un recurso que el Estado debería garantizar.