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César Jaimes corta el pelo a bajo costo en su templo «millonario» y promueve el espíritu solidario

Hace siete años instaló «Nuevo Estilo», una peluquería donde realiza «cortes de cabello en forma rápida y a bajo costo». Un día decidió desarrollar la ambientación temática con los colores de River Plate y su local luce ahora como un templo «millonario». Pero, más que ese fanatismo, conmueve su espíritu solidario.

Al atravesar la puerta se ingresa a un templo-museo de River Plate. El piso verde resulta una cancha en miniatura con su rectángulo, círculo central y ángulos de córner marcados con líneas blancas. Un banco de suplentes (sala de espera) muestra tres sillas identificadas: «Prato, Quintero y Pity Martínez» (autores de los goles contra Boca Juniors en Madrid). A un costado se exhibe el dispositivo del VAR. Una réplica exacta de la Copa Libertadores brilla junto a una maqueta del Monumental iluminado. Otros trofeos sobre la pared (Suruga Bank, Intercontinental, Recopa, Sudamericana), un banderín, el banner publicitario destinado a las entrevistas, dos retratos gigantes de Marcelo Gallardo y Ramón Díaz y algunas camisetas (una de ellas firmada por el entrenador riojano) completan el espacio junto al espejo, los sillones, tijeras, maquinitas, peines, cepillos y rociadores de la peluquería «Nuevo Estilo».

César Jaimes (41) espera a los clientes en su local de Raúl B. Díaz 640, a pocos metros del club Sarmiento. Llegan sin turno, los atiende rápido y a todos les cobra 300 pesos. «Generalmente no tardo más de cinco minutos para hacer un corte. En estos momentos hay una crisis tremenda y no podés pedir 700, 800 ó mil pesos por un corte, mucho menos a una madre con tres hijos» explica.

Normalmente «Nuevo Estilo» funciona de 8 a 13 y de 16 a 21. «Después de cerrar hago cortes a domicilio. Hay quienes no pueden venir hasta el centro y me gusta ir a los barrios para cortar a los chicos. Hace poco estuve en el Nelson Mandela donde algunas familias tienen varios hijos: les cobro barato y pueden cortarse todos».

Esa costumbre de ayudar.
La peluquería no es una ciencia, sino un oficio. César nació en Ingeniero Luiggi y a los 18 años se fue a probar suerte a Buenos Aires. «Trabajaba en una panadería a la mañana, en un café los mediodías y a la tarde era asistente en una peluquería». Para aprender más rápido «iba hasta Retiro y cortaba el cabello gratis a personas indigentes: adquirí experiencia haciendo miles de cortes».

Así se convirtió en hábil peluquero pero nunca abandonó su «costumbre de ayudar». Hace siete años regresó a La Pampa y abrió esta peluquería donde mantiene una numerosa y fiel clientela. «Sigo haciendo cortes gratis: voy a los comedores, merenderos, a alguna escuela hogar. El año pasado me frenó la pandemia, casi un año sin trabajar. Pero hace poquito estuve en un barrio atrás del basural, cortándole a los chicos».

César acude con su maletín negro con bordes dorados lleno de tijeras, peines, máquinas y demás herramientas. «Si bien no cobro, les corto como si estuvieran en la peluquería: merecen el mejor corte, como cualquier persona». También le gusta organizar jornadas solidarias en el barrio. «Con Carmen Barrera, que tiene un merendero, mantenemos el espacio verde de la esquina (pequeña placita en Neuquén y Raúl B. Díaz). Antes de la pandemia, organizábamos chocolateadas con juegos inflables, payasos, algún mago, para acercar alegría a los chicos». A veces «pide facturas en algunas panaderías y salgo a repartir. Es lindo ser solidario, pero a veces te arruinan algunos políticos. Hace dos o tres años hicimos una jornada con las payamédicas, el titiritero Fernando Dagué, juegos inflables y chocolate con conos de pochoclo. Después descubrimos que en la página web del municipio habían subido fotos con el título ‘Jornada Solidaria en Villa Tomás Mason’. Les hicimos bajar la propaganda, si ni agua nos habían traído». Por eso advierte, «cuando salgo a cortar gratis, voy solo: así fui a Quehué y a la escuela del barrio Los Hornos».

Fanático.
«Mi familia es de River, mi mamá, mis hermanos, todos». Mientras limpia y ordena las tijeras que acaba de usar, comenta: «Un día decidí crear un ambiente temático que diera un sentido de pertenencia a la peluquería, porque paso todo el día acá». De a poco fue ambientando el local con los colores y elementos de la liturgia «millonaria». El objeto de mayor veneración es la Copa Libertadores: «Un símbolo, porque se la ganamos a Boca. La adquirí en octubre del año pasado, me costó 48 mil pesos y solo hay otra igual en la provincia, en General Pico». Y la maqueta del estadio Monumental «es un rompecabezas que lleva cuatro horas armar. Las luces se las hice colocar yo», agrega.

A partir de entonces «la mayoría de los que entran son de River, aunque los antiguos clientes siguen viniendo porque tardo cinco minutos para hacer un corte». Mientras hacíamos esta nota, ingresaron dos hinchas boquenses a cortarse el pelo. Semejante pasión genera miles de anécdotas: «Una vez vino un señor de San Martín de los Andes con su hijo de 8 años, fanático de Boca, que se paró en la puerta y se negaba a entrar». Cuando al fin lograron convencerlo, no aceptaba sentarse en el sillón. Finalmente, César pudo hacer su trabajo, «pero el pibe mantuvo los ojos cerrados durante todo el corte», recuerda.

Pasan muchos clientes por día y además sale a cortar a domicilio: Son jornadas agotadoras. «Sí, pero yo no tengo días malos porque en casa me espera Mía (hija de mi pareja). Ella ayuda muchísimo, me cambió la vida», asegura. La pequeña necesita buenos apoyos y ajustes razonables para desenvolverse, pero César, altruista (casi filántropo) puede ver belleza y pureza donde otros observan solamente carencias.

Esta es la historia de «Nuevo Estilo», donde trabaja César Jaimes, hábil peluquero, fanático riverplatense y, por encima de todo, una persona solidaria.