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Chapa de emprendedor

Sergio Neveu supo erigirse como un referente en trabajos de chapa y pintura de autos. En su taller de Miguel Riglos recibe vehículos de toda la zona y desde hace un tiempo incorporó una cabina para pintar que optimiza y mejora todo el proceso.

Cada mañana abre la oficina, ordena los papeles, sale a hacer el reparto, recibe las cartas. Es el cartero del pueblo. Es su jefe y único empleado. Desde hace 30 años trabaja en el Correo de Miguel Riglos y cada vecino lo conoce por su tarea postal. Pero al mejor estilo Clark Kent o Bruno Díaz, cuando cierra la puerta del edificio postal se cambia de traje y aunque no sale vestido de superhéroe como Superman o Batman, se convierte en Sergio, el chapista del pueblo.

Esa es la historia diaria de Sergio Neveu (50), que por la mañana es cartero y por la tarde trabaja en su propio taller de chapa y pintura de Riglos, el lugar donde nació y donde hoy junto a su hijo Axel («nadie me conoce con ese nombre, soy Quique», aclara) se encargan de restaurar y hacer brillar todos los vehículos que traspasan el portón.

«Cuando estaba en el secundario llegaba el verano y sí o sí de algo había que laburar. Mi mamá era muy amiga de Ventura, que tenía un taller grande, así que empecé ahí: lijando, haciendo lo que hacía falta. Tenía 17 años y así me fui metiendo en este mundo de la pintura. En el ’90 entré en el Correo así que a la mañana hacía ese trabajo y a la tarde en el taller», recordó Sergio, que luego de muchos años en ese lugar se abrió camino e inauguró un pequeño sitio con su propio sello.

«Fui a un galponcito que era el garage de mi abuela, un lugar donde apenas entraba una camioneta. La verdad que el comienzo fue duro, durísimo, pero con el tiempo pude mudarme a un galpón un poco más grande y así pude laburar mejor».

Neveu siguió sumando experiencia y renombre en su labor como chapista hasta que en 2017 logró un salto que le cambió de manera rotunda el panorama laboral.
«A mediados de ese año me llamó el intendente Federico Ortiz y me ofreció este terreno en el Parque Industrial, es un lugar bárbaro, muy amplio y eso fue clave para mí. El Concejo Deliberante después aprobó todo y ya al otro día estaba para empezar los trabajos de construcción del galpón. Acá trabajamos los dos muy cómodos», resalta Sergio junto a Quique (24), su fiel ladero a la hora de lijar, pintar, sacar bollos, restaurar, pulir y abrillantar cualquier vehículo que llegue al taller que está ubicado en el acceso al pueblo que viene desde la Ruta Provincial 1.

Neveu recibe trabajos no solo desde el propio Riglos sino también de localidades aledañas como Macachín, Anchorena, Villa Maza. Y desde este año sumó un equipamiento clave para marcar la diferencia: una cabina de pintura.

«Es un cambio muy importante, la cabina está presurizada por lo tanto podés trabajar con heladas, tormentas, calor; no importa el clima exterior. La cabina tiene su propia temperatura y además lo que evitás es que no tenés que mover los otros autos que hay en el taller y no lidiás con las impurezas del aire. Porque si no estás en la cabina, tenés que preocuparte por todo lo que vuela en el aire, por más que limpies y cierres siempre hay algo dando vueltas. En la cabina no, además todo se mejora, las terminaciones, los tiempos de laburo, en cómo queda. Es otra forma de trabajar».

Motos y autos.

No quedan dudas de que tanto Sergio como Quique son amantes del ‘mundo tuerca’. Motos, autos de competición, autos antiguos. En el taller hay huellas por todos lados de lo que les gusta a los Neveu que, cuando pueden, salen a hacer excursiones por distintos paisajes o directamente compiten en carreras de motocross y de autos de categorías zonales.

«Por suerte hay mucho trabajo, los seguros también son una fuente de ingreso de laburo y, mientras Quique está desde la mañana, yo cuando termino con el Correo vengo y me instalo. Me gusta mucho todo el mundo de las motos y he participado en el CaNav y otras competencias. Por supuesto que implica mucha inversión y trabajo pero, cuando se puede, es el gusto que uno se da», resume Sergio mientras muestra un Valiant modelo ’66 que está en pleno proceso de restauración.

«Es un Valiant 4 que un hombre de acá lo compró cero kilómetro, luego se lo vende a otra persona sola, un puestero, que lo tuvo en la casa mucho tiempo. Cuando muere entra en la sucesión con los hijos, y el nieto de quien lo había comprado inicialmente buscaba comprarlo. Un día los hijos del puestero se lo vendieron y lo trajo acá: tiene todos los services hechos, el manual original, las patentes, todo. Está impecable y es un trabajo de restauración que lleva mucho tiempo, estuvo muchos años al sol abandonado y hay que trabajarle la chapa, pero el resto es un lujo. Para nosotros es un gusto que uno se permite, como un entretenimiento».

Plazos.
Antes de que se le pregunte, Neveu busca desmitificar la imagen que pesa sobre los chapistas: uno sabe cuándo les entrega el auto pero nunca cuándo se lo devuelven.
«Es verdad, los chapistas tenemos la fama de amontonar trabajo, y en ese aspecto se está cambiando bastante. Recuerdo que cuando trabajaba con Ventura estaba abarrotado de autos, había casos de hasta un año de vehículos dando vueltas en el taller, pero eso vale para todos lo del rubro. Por eso en un momento me propuse hacer las cosas de otra manera y cumplir con los plazos. Generalmente tomamos un trabajo grande y dos más chicos. Atrasarte no te sirve a vos porque hacés un presupuesto y si recién lo cobrás a los 4 o 5 meses ya son otros números, entonces no le sirve a nadie, porque si lo pactaste con el cliente después no le podés salir con otra cosa», detalló Neveu sobre los plazos y cumplimientos.

«Es una cuestión de ordenarse un poquito y trabajar sin la presión de terminar un auto que hace mucho lo tenés, de eso se trata, de hacer las cosas en el plazo previsto, me parece que hay que acostumbrarse a trabajar de ese modo porque si no, no le sirve a nadie».
Sergio se encarga de pedir un espacio para agradecer a quienes lo ayudaron y a toda su clientela. Hoy cuando esta nota esté publicada andará con su moto por La Payunia mendocina en una escapada de fin de semana. Hasta el lunes bien temprano, cuando se ponga el traje de cartero antes de pasar por una cabina telefónica imaginaria y salir vestido como chapista. Un superhéroe que rinde culto a la historieta del trabajo.