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Con condimento emprendedor

«Azafrán Rancul» es un proyecto único en la provincia. En esa localidad del norte pampeano una pareja se dedica a reproducir bulbos de azafrán: hacen todo el trabajo sobre esa flor violácea que genera una especia de altísimo sabor y valor.

«Uf, vivimos emprendiendo nosotros», sonríe Jorge tras la primera pregunta que, junto a Nora, ya se acostumbraron a escuchar: ‘¿¡azafrán en Rancul!?’. Y es que la combinación, además de novedosa, suena extraña, poco conocida, inédita en la provincia en realidad, como se encarga de aclarar la pareja justo después de traspasar ese cartel hecho de madera que está puesto delante de la casa familiar y claramente invita a pasar y conocer.
«Azafrán Rancul» dice el cartel y así se llama el emprendimiento que llevan adelante Nora Perotti (53) y Jorge Salas (58), ambos nacidos en esa localidad sobre la ruta nacional 188, ahí donde el límite geográfico de la provincia ya se extingue.

«Tuve un aserradero en el que llegaron a trabajar 30 personas, después seguí con colmenas, hasta que el boom de la miel se desplomó, además siempre hice trabajos en carpintería, de todo», enumera Jorge mientras le extiende un mate a Nora que recién llegó del negocio de muebles usados que atiende en el pueblo y antes de ponerse el guardapolvo para ejercer como docente de la Escuela primaria del pueblo. Y es que en esa vorágine emprendedora y laboral surgió la idea de dedicarse al azafrán, esa especia de altísimo valor, tanto que se la conoce como «el oro rojo».

«En una charla con un amigo de Córdoba me dice: ‘vos que sos emprendedor, ¿por qué no te animás con el azafrán?’. Se lo comenté a Nora y nos interiorizamos del tema. Después nos fuimos a Córdoba a comprar bulbos de azafrán y así arrancamos hace más de tres años. La cosa anduvo bien y así vinieron los primeros inversores», detalla Jorge.

¿Por qué se habla de inversores? Porque Nora y Jorge no comercializan la especia, esa que sirve para condimentar distintos platos o hacer hebras de té, sino que en su granja son reproductores de bulbos de azafrán: se encargan de la cosecha, de la siembra y todo el trabajo artesanal que requiere esa flor tan vistosa de estambres amarillos, tres estigmas rojos y pétalos violáceos.

«Lo que hacemos es reproducción de bulbos. Los inversores determinan justamente la inversión que hacen y luego de todo el proceso buscan los bulbos en la cantidad que se determina previamente. En realidad es muy poquito lo que se saca, se necesitan 200 mil flores para alcanzar un kilo de azafrán, y es el bulbo de tamaño grande el que va a dar la flor y el condimento. El bulbo no es para consumo sino que se reproduce, y ese es nuestro trabajo», explica Nora sobre el funcionamiento del proyecto.

«Nosotros brindamos el lugar y el cuidado del dinero que ponen los inversores al comprar los bulbos que trabajamos», agrega Jorge. «La siembra se hace en marzo y la cosecha en septiembre. Ahí se limpian, se clasifican y en ese momento es cuando el inversor sabe qué cantidad tiene de cada tamaño del bulbo y, por ende; sabrá su ganancia». Una forma de inversión diferente, que no apunta a la mera especulación financiera sino a la producción.

Bulbos.
«Azafrán Rancul» cuenta con inversores de Córdoba, Mendoza, Buenos Aires y cada vez más pampeanos de la propia localidad. La garantía es el trabajo diario de Nora y Jorge que, cuando pusieron en marcha el proyecto (en 2017), recibieron un crédito para emprendedores del gobierno provincial.

«En ese momento era el Ministerio de Desarrollo Territorial el que otorgaba los préstamos para emprendedores y a nosotros nos sirvió, hicimos el esfuerzo y en poco tiempo lo cancelamos para poder seguir avanzando. Hoy muchas de las personas que se acercan con ganas de meterse en el proyecto consultan o tienen dudas sobre cuánto pueden invertir, y eso depende de cada uno, lo que tengan, el dinero que quieran ahorrar. Pueden hacer todas las preguntas que quieran (al WhatsApp 2302 449887) y necesiten porque la suma de inversores será en beneficio de todos», remarca la pareja que tiene tres hijos y se acostumbró, entre otras cosas, al trabajo con la naturaleza.

«Hoy tendremos 50 mil bulbos, y contamos con la ventaja de que es uno de los mejores azafranes que hay. Los bulbos tienen distintas medidas, y el grande te da la flor y el condimento. De cada florcita se sacan tres estambres y eso es todo lo que usás de la planta, el tema es que hay que trabajar bulbo por bulbo de manera cien por ciento manual. Tienen un estambre amarillo y tres estigmas rojos que es el condimento, a los pétalos violáceos hay gente que los usa para mermelada y después de esa extracción la planta sigue su curso y se subdivide el bulbo si es que se va a reproducir».

Mano de obra.
En «Azafrán Rancul» trabajan los bulbos sobre cajones de madera porque la tierra debe ser propicia para la siembra, por eso Jorge hace un preparado especial para esos macetones donde crecen y se desarrollan las flores que, en esta primavera ya en marcha, volverán a florecer.

«Cuando cosechamos los bulbos, se limpian y se calibran porque tienen distintos tamaños. Se puede decir que somos una granja reproductora y estamos avanzando hacia un acuerdo con Azafrán Mediterráneo, que es un consorcio o cooperativa de Villa General Belgrano (en Córdoba) que han crecido muchísimo y tienen muchos inversores. Al trabajar con ellos vamos a llegar a más gente porque acá estamos un poco solos y se nos dificulta, pero con ellos trabajaremos con los mismos precios y ya tienen una línea de condimentos, así que las perspectivas son buenas», valora Jorge.

Nora aporta que el emprendimiento nació también de la mano de su madre y que hoy, con un camino ya recorrido, se ilusionan «con una expansión, que la gente conozca y se anime porque la idea es generar fuentes de trabajo y en algún momento alcanzar una producción propia para poder comercializar directamente desde acá; que nos sirva a nosotros pero también a Rancul y a la provincia. Sería muy lindo poder darnos ese gusto». Como el gusto especial que genera el azafrán, un condimento ideal que, en el norte pampeano, ya tiene sello propio.