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Con tradición rural

«Corralón San Marcos» es una empresa familiar de fabricación y venta de productos ganaderos: tranqueras, mangas, balanzas, cargadores. Los hermanos Imola tienen sus pymes en Santa Rosa y Realicó y comercializan en La Pampa y otras provincias.

«Mi viejo toda la vida tuvo campo y nosotros nos criamos ahí», cuenta Ignacio al recordar la vida en Adolfo van Praet, ahí en el norte pampeano donde junto a su hermano Marcos jugaban a cielo abierto y aprendían los primeros secretos de la vida rural. Y la vida los llevó a mudarse a la ciudad pero no a dejar de lado esa influencia campestre.

«Siempre vivimos en el campo, pero llegó un momento en que no daba para tres familias porque eran mis viejos y mi hermano y yo cada uno por su lado. En determinado momento surgió la idea de hacer tranqueras, mangas y demás implementos rurales y desde hace 25 años que Corralón San Marcos está en Realicó», resume Ignacio Imola (39) sobre un emprendimiento que tiempo después supo expandirse a Santa Rosa y se transformó en un referente del rubro en la provincia.

La fábrica y negocio de Realicó es llevada adelante por Marcos (44) y fue ahí donde Ignacio recorrió los primeros pasos para empezar a fortalecer lo que luego de algunos años sería su propio camino.

«En quinto año del colegio yo iba a cursar a la mañana y a la tarde me iba a trabajar con mi hermano, como él es más grande se encargaba de la parte visible del negocio y yo estaba en la carpintería, en todo lo que es armado y ensamblado. Aprendí muchísimo y eso me sirvió para después. En principio vine a Santa Rosa a estudiar para contador y entré a trabajar a una agencia de autos, volví un año a Realicó con mi hermano y ahí sí, ya cuando regresé acá puse en funcionamiento Corralón San Marcos».

En la fábrica, que ocupa unos 700 metros cuadrados sobre la avenida Circunvalación Sur al 2800 (casi al llegar a la rotonda de Los Cañones), se hacen tranqueras, mangas, balanzas, cargadores, yugos, toriles, bebederos y tanques, postes. También se venden alambres, varillas y distintos insumos para la actividad rural.

«Cada uno tiene su firma pero los dos trabajamos en conjunto, nos complementamos y retroalimentamos de forma permanente y de hecho el nombre de la empresa es el mismo, solo que uno está en Realicó y el otro en Santa Rosa. Ya van a hacer 12 años que estoy en la fábrica y más allá de los distintos vaivenes que siempre tiene el país nos ha ido bien y la gente nos da su confianza», valora Ignacio sobre la trayectoria de la pyme familiar.

Cambios

La empresa vende hacia cada punto cardinal de la provincia y también ciudades limítrofes de Buenos Aires, Córdoba y San Luis, algo que se modificó de modo obligado a raíz de las consecuencias que trae la pandemia del coronavirus.

«Al cerrarse todos los pasos de entrada y salida obviamente se complicó, sobre todo en el norte porque como Realicó está en el límite hay mucha actividad con Córdoba por ejemplo, por eso vamos con un stand a la rural de Río Cuarto además de las distintas que hay en La Pampa».

¿Y cómo afectó en general la pandemia el desarrollo de la fábrica?
«La realidad es que en nuestro caso no nos afectó tanto porque el virus obligó a la gente a estar en su casa. Y en el caso del campo muchos no tenían otro lugar adonde ir entonces al tener un contacto mucho más cotidiano se dieron cuenta de que tenían que cambiar la tranquera, arreglar las mangas u otras cosas. Yo los cargo porque les digo que no les quedó otra pero, más allá del chiste, en este tiempo de pandemia el campo siguió de pie y recibió la posibilidad de invertir gracias a los créditos y las distintas posibilidades que se brindan», analizó Ignacio.

La presencia del Covid-19 sí afectó la llegada de la materia prima con la que trabaja San Marcos: la madera. «Desde Chaco, por ejemplo, se complica muchísimo, está muy complicada esa provincia por la cantidad de casos, también Salta y Misiones. Trabajamos con una variedad amplia como quebracho, palo santo, guayubira, pino, un poco de caldén».

Horario

La pyme trabaja de lunes a viernes de 8 a 17 y los sábados abre por la mañana. Para Ignacio, un aspecto positivo de la nueva realidad comercial a partir del coronavirus y la cuarentena obligada es el nuevo horario de atención, una tendencia que de a poco se impone en la ciudad y otros lugares.

«Está muy bueno lo del horario corrido. En lo personal después de las 5 de la tarde tenés el día para aprovechar, salir a caminar, jugar o hacer algo con tus hijas. Y la gente se adapta, ya hay muchas empresas y negocios que hacen horario corrido y otras que por ahí cortan una hora u hora y media y siguen. Creo que es un cambio cultural y comercial interesante y que nos permite ver las cosas de otra manera», resaltó Ignacio, hijo de Abel (78) y María Josefa (74).

Corralón San Marcos participa en distintas exposiciones rurales, también estuvo en diferentes ediciones de la Expo Pymes y tiene una activa injerencia en el comercio de insumos rurales a lo largo y ancho de la provincia.

«La gente de campo busca que la atiendas bien y les brindes las soluciones necesarias, no es que va a buscar por Internet u otras alternativas. Quieren buena atención, que les cumplas y en tercer lugar el precio. Nosotros nos preocupamos por mantener y profundizar esa demanda y eso creo que nos permite renovar la confianza de la gente».
Junto a Imola trabajan dos empleados y de acuerdo a la demanda de trabajo puede sumarse mayor mano de obra («hoy es complicado por todo lo que impone el coronavirus», lamenta Ignacio). En el Corralón también se trabaja en la perfilería para lo que es construcción y en mostrador se venden distintos insumos de marcas de alcance nacional.

«El campo es un motor que siempre está activo y es generador de trabajo, como es nuestro caso. En la provincia es un factor muy importante y por eso nosotros nos preocupamos por brindar lo mejor. Estamos en un momento particular pero en general se nota que la gente tiene ganas de que pase todo y de que se pueda salir adelante», dice Ignacio al hacer un paralelismo con una buena madera, que se puede doblar pero no se rompe.