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Cuchillos pampeanos en acero de Damasco

Alberto Ghiglione encontró en los cuchillos un lugar para poner en marcha su espíritu emprendedor. En «20 Balas» trabaja con acero Damasco y de allí saca piezas muy buscadas que incluso vende a clientes fuera de la provincia.

El horno llega a los 1.000 grados y entonces ahí sí, el acero adquiere ese rojo (más bien un naranja incandescente) imprescindible para seguir con la tarea. Las distintas herramientas y máquinas harán su parte y Alberto pondrá su creatividad al servicio de un producto buscado por cazadores, cocineros, coleccionistas o simples admiradores de un trabajo artesanal que tiene un uso concreto o un lugar determinado. Son cuchillos hechos cien por ciento por las mismas manos, por un único autor.

«Toda mi vida me dediqué a la cacería, soy guía de caza y desde chico empecé a acompañar a mi papá a hacer ese trabajo, y la verdad es que los cuchillos nunca me llamaron la atención, para nada. Debo tener unos 25 cuchillos que fui recibiendo como atención o regalo de gente que viene a cazar y de todos esos solo he usado un par», confiesa Víctor Alberto «Tota» Ghiglione (48 años), protagonista de su propia historia emprendedora, la de quien trabaja toda su vida en una actividad y, en determinado momento, descubre el encanto de dedicarse a algo que le demanda toda su atención y tiempo. Encuentra una pasión por emprender algo nuevo.

«Entre tanta gente que ha venido a cazar y que nosotros acompañamos hubo un europeo que era de uno de los países en que se dividió lo que era Yugoslavia, que se dedicaba a forjar. Ahí conocí el acero de Damasco y me llamó la atención. Me quedó la idea dando vueltas y hace un tiempo empecé a forjar y probar. Hoy por suerte está ‘la Universidad YouTube’, que es impresionante la información que te brinda. Hice un curso de cuchillería que dieron por Canal Encuentro y seguía el programa de History Channel (‘Desafío sobre fuego’) que es una locura, así que me súper enganché con todo ese mundo y de a poco me fui armando de lo necesario para poder trabajar e ir armando este laburo».

Para forjar un cuchillo de alta gama es necesario contar con el elemento imprescindible, el acero damasco, que en realidad es «de Damasco», por la ciudad de Siria donde se hacían las espadas que se destacaban por reunir cualidades de dureza y un filo casi interminable. Y aún hoy se conserva la técnica más por su belleza que por las prestaciones técnicas.

«Se trabaja en una conjunción de aceros y entonces aparecen los contrastes, se les agrega un ácido y ese ácido ataca más a uno que a otro (acero). Se trabaja sobre distintos patrones y se aplican distintas técnicas, es como una milhoja y yo trabajo mucho con un patrón pluma, porque lo que queda simula una pluma. Hay muchísimas capas para ir trabajando, hay negras, grises o cromadas y ésas son las diferencias de los aceros», explica «Tota» en su taller de la calle General Acha, en el barrio santarroseño de Villa Parque donde pasa buena parte de sus días dándole fuerza y energía a ’20 Balas’ (el WhatsApp es 2954-632946), el nombre que eligió para darle identidad a su emprendimiento.

«Lo de 20 balas surgió charlando con un amigo, porque si bien soy joven tampoco es que soy un pibe. No son muchos años más los que tenés para laburar y entonces saqué la cuenta que me da hasta los 65 más o menos, entonces me quedan unos 20 tiros y hay que disfrutarlos. Lo que venga después te queda regalado, pero mientras tanto lo que vaya a hacer lo tengo que hacer de la mejor manera», describe el hacedor de distintos tipos de cuchillos, desde los más chicos de cocina hasta los denominados de ‘alta gama’, verdaderas obras que tienen admiradores por todo el país y el mundo.

Calidad.
«Mi idea no pasa tanto por hacer en cantidad sino en calidad, hoy la cacería ya ha quedado a un costado y me dedico a esto. Vendí algunas cosas para comprarme la prensa, la lijadora y otras herramientas y mi pretensión es poder vender para vivir con lo necesario, con lo que me alcanza. Como todo el mundo que arranca con algo, empecé vendiendo a amigos y conocidos pero eso fue creciendo una vez que me di a conocer y fui perfeccionando el trabajo. Le vendo a armerías de Córdoba y otros lugares, porque gracias a los clientes que tuve con la caza hay muchos contactos que siguen dando vueltas».

Ghiglione también planea más lugares para dar a conocer a ’20 Balas’, por eso no descarta ferias o encuentros de emprendedores que organice la Provincia o los municipios.
«Recién hace dos años que empecé y obviamente todo esto de la pandemia no ayudó, pero seguro que ir a ferias o a ese tipo de eventos te da una visibilidad que se puede aprovechar muy bien».

Completo.
Según cuenta y muestra «Tota», su trabajo cubre el cien por ciento de lo que un cliente puede buscar porque también hace los cabos y las vainas de cuero donde se guardan los cuchillos. Trabaja con distintos tipos de madera para los cabos, o también pueden ser de las aspas de ciervos. «Hago todo, para los cabos compro unas cajas donde te vienen distintas variedades de maderas en forma de tacos y vos de ahí sacás lo que necesitás, pueden ser de nogal, de lapacho, de itín. Son distintas texturas y durezas para, justamente, poder adaptarlas a lo que te piden o a lo que vos podés fabricar».

Como bien explicó Ghiglione, el acero Damasco se forma a partir de muchas finas capas de acero que se sueldan y caldean para lograr una sola pieza que luego va a la prensa y se trabaja minuciosamente hasta lograr el patrón deseado para el cuchillo. Allí es donde cada forjador pone su sello y por eso las posibilidades son infinitas.

«Con el diseño vos podés hacer lo que se te ocurra, es un laburo muy artesanal que cada cliente aprecia según le parece, es un mundo muy interesante que viene desde hace mucho tiempo y todo eso hace que tenga un encanto especial. Yo vengo al taller y puedo estar diez horas seguidas. Hay mucha gente a la que le gusta todo lo que tenga que ver con los cuchillos así como a otra le atraen cosas muy diferentes. Para mí hacer esto y poder vivir de lo que vendo es algo que hace unos años no se me hubiera ocurrido, y hoy es mi medio de vida. Eso también genera una gran satisfacción», apunta Alberto, forjador de un camino hecho a puro metal.