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Cultor del movimiento

Agustín Pérez Castro es el mentor de «Jaguar CF», un gimnasio que se convirtió en referente del entrenamiento funcional y de la actividad física que busca una mejor calidad de vida. Luego de un largo recorrido encontró el lugar donde quiere quedarse.

El reloj asegura que son las 5 de la tarde de un día jueves tan caluroso como agobiante. Pegajoso en una Santa Rosa que ya en marzo parece más una ciudad de la Mesopotamia que esa capital de clima seco y áspero que siempre la caracterizó. Pero en el box, es decir en la caja, el ambiente no sabe de transpiración o agotamiento. Mujeres y hombres de distintas edades buscan un máximo rendimiento físico, una tonificación general o un poco de movimiento que destierre el tóxico sedentarismo para darle lugar a una vida más saludable.

Es ahí, en Jaguar CF, donde esa masa de gente se mueve y agita bajo la mirada de Agustín, el mentor de un lugar en el que aplica la enseñanza cotidiana, el cuidado de la salud desde el entrenamiento, no sin esfuerzo pero teniendo en cuenta la buena onda y el disfrute de una actividad que busca aire fresco para el cuerpo y la mente. Para el espíritu.

«Nací en Santa Rosa y viví acá hasta que terminé la secundaria, después armé las valijas y me fui un largo tiempo, pero volví y hoy puedo decir que estoy en el lugar que quiero estar», cuenta Agustín Pérez Castro que está por cumplir 42 años de los cuales más de 20 los dedicó a su profesión, a la cual enriqueció con dedicación, esfuerzo, conocimiento, especialización y mucha pasión en Buenos Aires, en Europa o en La Pampa según el GPS de su vida que lo fue guiando por distintos destinos.

«Cuando estaba en el colegio Normal, en el test vocacional me salió que tenía que estudiar Educación Física. Toda la vida me gustó la preparación física, yo jugaba al rugby y cuando era chico planificaba mis entrenamientos sin tener idea de nada y mis amigos me pedían salir conmigo para seguir esa planificación. Es algo que siempre me gustó, y en Buenos Aires me incliné por la preparación física hacia el alto rendimiento, me gusta mucho cómo trabaja el cuerpo por dentro. Veo a alguien como camina y es como Matrix: sé qué músculo trabaja y cuál no, eso me pasó toda la vida, es como que lo tengo incorporado».

Cruzar el océano.

Agustín estudió en el Instituto Romero Brest que funciona dentro del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard). «En ese momento el Secretario de Deportes era Hugo Porta (uno de los jugadores más emblemáticos del rugby argentino) así que por ahí me lo cruzaba y para mí era increíble. Fue una etapa muy linda y en principio empecé a trabajar en un gimnasio. En ese momento tenía un compañero que luego de un tiempo me invitó a ir trabajar al Principado de Andorra -está en los Pirineos, entre España y Francia- así que con otros compañeros nos fuimos en grupo para allá. A los 20 días de irnos acá se implantó el corralito. Y al final me quedé nueve años en Andorra».

Durante todo ese tiempo Agustín trabajó y se nutrió de conocimientos. Se especializó y se inclinó por el fitness y el entrenamiento personal. Conoció cada detalle de cómo funciona el cuerpo humano, sobre todo cuando se pone en acción.

«En un momento tomé la decisión de volver, fue algo muy meditado y muy importante porque uno se queda con esa imagen romántica de la adolescencia santarroseña, y eso de algún modo te tira. En esos años laburé en muchos lugares, había ahorrado dinero y en lugar de aplicarlo en un lugar propio lo que hice fue destinarlo a una casa, opté por la seguridad, así que fui pasando por distintos lugares y gracias a eso la gente me fue conociendo. Me fui afianzando y pasaron diez años de mucho esfuerzo, de mucho trabajo, hasta que pude dar el gran salto», cuenta Agustín desde el lugar en donde cayó ese Jaguar que lo identifica, ese animal salvaje que resume mucho de su espíritu y personalidad y que funciona en pleno centro, en O’Higgins 175.

Respaldo.

De lunes a sábado, en distintos horarios, se brinda un entrenamiento completo y personalizado en el que Agustín trabaja junto a Emiliano Pansini, especializado en distintos tipos de entrenamientos. Los protocolos actuales por la pandemia permiten grupos máximos de 19 personas, una realidad a la que hubo que adaptarse.

«Abrí el gimnasio en julio de 2019 y en marzo del año pasado me agarró la pandemia, así que tuve que adaptarme a dar clases a través de Instagram. En un principio me costó mucho, pero los alumnos me apoyaron un montón. La gente cuando sabe que hacés un esfuerzo muy grande te apoyan, te preguntan. Son muy empáticos y eso es fundamental», valora Agustín que hasta hace un tiempo también trabajaba en un establecimiento carcelario donde daba educación física a los internos.

«Fue un trabajo que tuve durante un buen tiempo pero que a esta altura no me llenaba, hoy sí puedo decir que me siento pleno laboralmente y mi objetivo es ir por más, tener un lugar que sea propio, dejar de alquilar y dar ese salto después del camino recorrido. La gente te va conociendo y el boca a boca sirve mucho, muchos me conocen de toda la vida porque yo soy de acá. Desde el 2000 que estoy trabajando y esa experiencia que fui adquiriendo en distintos lugares hoy la puedo aplicar plenamente en el gimnasio».

¿Y qué ofrecés en Jaguar?

«Lo que yo ofrezco es salud, hay que diferenciar el crossfit con el entrenamiento funcional. Hay lugares que se especializan en el crossfit pero no es mi caso. En Jaguar entrenás cualidades físicas, coordinación, fuerza, resistencia. Hoy la tendencia es hacia una vida mucho más saludable y eso requiere un esfuerzo porque el cerebro te dice: ‘quedate en tu casa, en el sillón’. Y salir de la zona de confort es difícil, pero la gente también sabe que si se cuida y hace ejercicio su calidad de vida es mejor. Por suerte es algo que llegó para quedarse. Y en lo personal es saber llevar eso, armar los grupos, incentivarlos. No es que abrís un kiosquito y funciona, es todo un laburo que requiere de muchas cosas».

Padre de Augusto (11) y Francisco (8), Agustín planea sumar un kinesiólogo y una nutricionista, armar un proyecto integral de equipo de trabajo. Da detalles de los planes a futuro y pide mirar el logo y el perfil de su gimnasio. «El jaguar posee un agudo sentido de la vista así como del oído y del olfato. Es un animal fuerte, inteligente y hábil. Es sumamente adaptable a gran variedad de terrenos y lugares». Y su lugar, más allá del movimiento constante de cuerpo y mente, parece que es La Pampa.