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De la mano de «Toti» Gómez, «Pampa Goma» es un referente comercial

«Pampa Goma» es una referencia comercial desde hace más de 40 años. Un local que cuenta con 10 mil artículos a disposición y que de la mano de Alberto «Toti» Gómez supo diversificarse y crecer. Un negocio que es mucho más que buen precio y mejor atención.

«Necesito un cosito para poder enganchar el mecanismo y que así funcione». «Ah, andate a Pampa Goma». El diálogo imaginario se vuelve real a cada rato, en distintos lugares y con diferentes protagonistas. Y la fila que se forma en la vereda de la avenida Luro no distingue géneros: hombres y mujeres que van a la búsqueda de ese «cosito», de ese plástico, de ese artículo que necesitan y que en esa esquina con color amarillo, seguro encuentran.

«Era vendedor de seguros, y la verdad que me iba bien, pero quería un negocio donde yo solo vendiera un producto y el cliente pagara por ello, no quería ofrecer servicios. Pero con el tiempo comprendí que uno tiene que brindar un servicio, sobre todo nosotros que vendemos cosas pequeñas. En eso tengo claro que la venta no termina cuando el cliente se va sino cuando vuelve a la semana siguiente», describe ‘Toti’ al resumir en pocas frases el corazón de ese cuerpo comercial que se llama Pampa Goma y que acumula décadas con una atención casi ‘artesanal’ de sus trabajadores, siempre atentos y dispuestos a buscar, encontrar y asesorar sobre el «pendorchito» que el o la clienta necesita.

‘Toti» es Alberto Gómez, un santarroseño de 62 años que es el responsable de un negocio que emplea a una decena de personas, que ofrece una variedad y multiplicidad de productos que no se encuentran en otro lugar y que se destaca por su buen precio y su personalizada atención. Un comercio que nació hace más de 50 años y que se mantiene como una referencia en artículos para el hogar, la industria o el rubro automotor. Un auténtico almacén de «cositos» pero multiplicado por miles y miles.

«Este negocio nació a fines de los 60, en realidad había empezado a una cuadra de mi casa entonces no me era ajeno. El dueño inicial lo vendió luego y ahí le pusieron Pampa Goma porque antes era El Palacio de la Goma. El tema fue que dos veces estuvo a punto de cerrar definitivamente: la primera la salvaron y la segunda vez tuvieron que vender el 50 %. Justo yo buscaba otro camino que el de los seguros y compré esa mitad. Al tiempo, quien era mi socio se fue de la ciudad y le compré su mitad. Yo estoy a cargo desde el ’86», recordó Gómez que alquilaba un local en la avenida España y Martín Fierro y ya tenía en la mira la esquina actual de Luro y Maestros Pampeanos, un sitio de altísima circulación diaria.

«Quería seguir en la misma zona porque nos iba bien, y logré comprar esta esquina que era el último baldío que quedaba libre. Acá edifiqué el negocio y también el depósito arriba con ascensor y en enero del ’95 abrimos las puertas. Con este nombre de Pampa Goma arrancó en el ’79, por eso vamos a cumplir 42 años, y lo que nosotros hicimos respecto a lo que era antes fue diversificar, cosas que siempre tenían una conexión con lo que ya hacíamos pero con muchas más posibilidades. Recuerdo que los pisos de goma subían mucho de precio entonces agregamos pisos de PVC, después un viajante que venía siempre a la ciudad me ofrece vender lonas porque tenía un solo cliente y le costaba muchísimo cobrarle. Luego empezamos con las telas plásticas y desde hace un tiempo y por presión de los clientes traemos telas de algodón, telas de tapicería», enumera.

Cambios.
A lo largo de los años distintos rubros fueron modificándose o directamente explotaron en cuanto a cantidad y variedad, como por ejemplo los caños curvos de radiadores de autos.
«Hace unos años había unos 600 y después pasó a 7 u 8 mil caños diferentes por la enorme cantidad de modelos que hay, se incrementó más de diez veces. Hoy ya deben ser 10 mil caños, pero al no especializarnos en marcas los trabajamos todos y eso complica, pero en Pampa Goma todo viene de fábrica o del importador, nosotros achicamos la intermediación y además un dato clave: tenemos un solo precio. Acá no hay dos o tres, tenemos un precio único y ése es el que se le cobra el al cliente».

Gómez charla en una oficina pequeña, sin ningún tipo de lujo o distinción pero se lo nota muy confortable. Es que ahí, rodeado de estantes, papeles y a centímetros de un mostrador que ve pasar decenas de personas con ‘cositos’ o cosas grandes está Lorena (39), la encargada de toda la administración de un lugar que requiere conocimiento, dedicación y confianza al extremo.

«Tengo la enorme suerte de que mi hija trabaja a la par desde hace muchos años. Como padre uno se siente realizado de que haya continuidad en la pequeña obra que pude haber construido y además me permite estar muy tranquilo. A mí siempre me gustó viajar, entonces lo puedo hacer con tranquilidad porque sé que ella, al igual que empleados que están desde hace mucho tiempo y son de enorme confianza, van a manejar todo sin ningún problema. Esa perspectiva que tiene el negocio me genera mucha satisfacción», admite ‘Toti’ justamente sobre un comercio que es clave para estos tiempos tan complejos de virus y pandemia.

«Nosotros fuimos considerados esenciales desde el principio de la pandemia: nos llamaron desde Salud, de los municipios, de los ministerios para comprar mascarillas, barbijos, respiradores, mamelucos. Desde siempre tenemos elementos de seguridad vinculados al área de salud, entonces por eso quedamos dentro de la categoría de esenciales. También las telas para los barbijos, esa tela de propileno que la vendíamos para fiestas, adornos de salones y demás y que quedó todo parado, hubo que venderla para Salud. Y estuvimos siempre atentos sábados o domingos al llamado para venir, abrir y atender la necesidad frente a este panorama tan difícil», aseguró Gómez.

De todo.
En Pampa Goma se puede decir que es posible encontrar «lo que sea». Y mujeres y hombres que esperan en la vereda, sacan el número, se acercan al mostrador, piden lo que necesitan y salen por otra puerta con las manos llenas, así lo certifican a cada instante.
«Es cierto, muchas veces piden cosas raras. La gente viene a buscar el cosito, el pendorchito, el pituto que tan de moda estuvo en algún momento. Por ahí piden cosas extrañas y nosotros les damos las opciones valederas. Los vendedores saben, son bastante artesanos en ese sentido y además brindan todo el asesoramiento y servicio que sea necesario. He viajado por el país y visité muchos negocios de este rubro, y puedo decir que tenemos un local muy muy completo. Hoy tenemos a disposición unos 10 mil artículos, y son cosas que están, que las tenemos», resalta ‘Toti’ justamente en un lugar que le hace honor diario a ese diálogo imaginario del principio. Solo hay que ir hasta Pampa Goma.