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Desde hace 40 años «Radiadores La Villa» ofrece soluciones para todo tipo de vehículos

Un camionero que transportaba hacienda lo trajo desde Realicó. Los dos primeros meses tuvo que pedir no pagar el alquiler porque realmente no había de dónde sacar. El lugar era un yuyal. Estaba todo por hacer. «Hubo que llorar por todos lados, no tenía un mango partido a la mitad», cuenta Juan con la misma sencillez que describe la forma en que, cuando ve un auto entrar, ya sabe cuál es la reparación que hay que hacerle.

Juan Emilio Sánchez tiene 74 años, está casado hace 51 con Norma y hace 40 que tiene un negocio que identifica a un barrio pero que también es un referente en toda la ciudad y gran parte de la provincia. «Radiadores La Villa» tiene toda una trayectoria que, más allá de acumular décadas, se hizo en base a seriedad, servicio y responsabilidad. Un emprendimiento familiar que ha visto pasar a generaciones y que hoy mantiene su vigencia más allá de una internet de mercados libres y ofertas inmediatas.

«Nací en Intendente Alvear pero anduve por todos lados: en Buenos Aires, Santa Rosa, Arroyo Seco (Santa Fe), Realicó. Y he hecho de todo porque fui panadero, albañil, colectivero, camionero. Una vez le estaba ayudando a un mecánico en Realicó a cambiar el radiador del camión y le dije que me iba a dedicar a ese oficio. Me decían que estaba loco, que no podía largar el camión, pero yo estaba cansado de andar en la ruta. Pedí que me enseñen, aprendí cada detalle y al tiempo ya estaba acá para empezar bien desde cero», cuenta Juan en el living de la casa que está contigua al taller y al negocio de ventas, en Pasteur y Delfín Gallo, en el corazón de la Villa Santillán.

«En ese momento la ciudad llegaba hasta la calle Chile y para allá no había nada. Me acuerdo que cuando llegué estaban construyendo el barrio Butaló y después el Empleados de Comercio. Ya de entrada me dijeron que al taller le tenía que poner La Villa, era muy fuerte ese sentido de pertenencia, de que el barrio sea referencia. Y por supuesto yo hice caso», se ríe el padre de Analía (50), Javier (43), Marina (41) y Laura (40) y que destaca en Norma «a una compañera de fierro» junto a la cual pudo edificar un emprendimiento que nunca para su marcha porque, como cuenta Juan, «han venido padres, luego los hijos y también los nietos».

Voz de mujer.
Hoy Juan ya no se tira debajo de los autos para detectar esa falla que lleve a dar el diagnóstico certero a ese motor que recalienta o al aire acondicionado que no enfría. Él refuerza la tarea que lleva adelante todos los días Marina, la encargada de la venta y asesoramiento del negocio que funciona de 9 a 16 (el WhatsApp es 2954-465293).

«Lo que nosotros hacemos en la actualidad, aparte de la venta, es encontrar la solución. Y después derivamos toda la mano de obra a un chico que es de nuestra confianza. Lo cierto es que nunca dejamos a nadie a pata, en nuestro rubro es fundamental la honestidad y eso no se negocia. Por ahí el problema de temperatura del auto puede venir por otro lado y eso el cliente no lo sabe. Por supuesto que después ese cliente elige adónde llevar su auto», dice Juan.

«El año pasado, cuando llegó la pandemia, decidimos que papá ya no se encargue del taller. Ya trabajó toda su vida y el cuerpo pide tregua, a mí me encanta el laburo, me interesa, me doy maña. Muchas veces comentamos el respeto que me tienen los hombres que vienen. Son muchos años y soy muy observadora, estudio cada cosa nueva que hay porque hoy es mucho más complejo, cada auto tiene varias versiones de un mismo modelo y cada uno requiere algo diferente», explica Marina con la seguridad y las ganas de quien disfruta lo que hace.

En «La Villa» se encargan de la venta de radiadores, paneles, accesorios, electroventiladores, calefactores, condensadores, limpieza de circuitos, entre otros, además de brindar el servicio adecuado para el funcionamiento para todo tipo de vehículos, nacionales e importados.

La firma creada en 1981 consiguió distintas distinciones en su trayectoria y, entre ellas, se destacan las cuatro ediciones que logró del premio Planeta Azul a la calidad, la imagen y prestigio. También participa en distintas exposiciones y la ExpoPymes tuvo su stand de «La Villa» para poder mostrarse a potenciales clientes de la provincia y otros puntos.

Autos.
El vínculo de Sánchez con los «fierros» va más allá del taller y fue uno de los mentores del Promocional 850, una competencia de autos que tiene sello propio y, más tarde, también del Safari Pampeano que sabía reunir multitudes en los distintos circuitos que visitaba.
«Fueron muchos años de trabajo, de poner lo que no había y eso siempre me gustó.

Nuestra familia en general ha vivido alrededor de esto y hoy mi hijo Javier vive en Estados Unidos trabajando en un taller de chapa y pintura de autos de súper alta gama. Está en San Antonio desde hace dos años, cuando un amigo lo convenció de ir a trabajar con él».
Sánchez señala que a su taller y negocio llegan clientes de zonas urbanas y rurales, no solo de Santa Rosa sino también de General Acha, Intendente Alvear, Realicó, Rolón, Victorica, 25 de Mayo, Quemú Quemú, Ingeniero Luiggi, Eduardo Castex, Macachín y Rivera, entre otras localidades de la región.

«Hemos atendido de todo: vehículos del Gobierno, de la Policía, de la Justicia. De gente que viene desde hace un montón de años. Hoy no es fácil, las posibilidades que ofrece internet para la compra y la venta significan un desafío, pero nosotros sabemos que nuestro fuerte es la atención personalizada, la trayectoria y seriedad que nos respaldan. Creo que Radiadores La Villa, con el tiempo, supo imponer su marca», coinciden padre e hija, los motores que junto a Norma se encienden cada día y siempre están andando.