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Docencia emprendedora

Daniela Roveda es docente y desde hace seis años tiene en su proyecto un lugar de indumentaria, decoración y una gran variedad de objetos.

«Emprender también se trata de encontrarse, de compartir, de contagiarte», dice en medio de la charla Daniela y quizá allí esté uno de los secretos de estos tiempos donde todo parece temblar y ponerse en duda. Reunirse, empatizar y ofrecer una mano resulta un antídoto ante tanto encierro y distancia. Ante tanto temor. Y si a todo eso se le agrega el costado económico y el «de hacer lo que te gusta», el combo es completo.

«Soy maestra jardinera y trabajo de mi profesión desde siempre, hace seis años me compré una máquina de coser y arranqué. No fue algo especial o determinado, pero empecé a coser y hacer distintas cosas y así nació Gata Flora», cuenta Daniel Lis Roveda (48) sobre el origen de un emprendimiento textil y de decoración. Una iniciativa con variedad de productos que tiene el sello de su autora.

Gata Flora comenzó a producir, promocionar y vender. El boca a boca, las escuelas y la calle misma le dieron identidad y crecimiento al proyecto. Y empezó a compartir tardes y espacios.

«Con otras amigas que hacen distintas cosas comenzamos a hacer ferias. Una era ‘Las González’, que tuvo mucha repercusión y hubo un momento que fue un furor lo de las ferias, cada fin de semana había un montón, hasta que empezaron a cerrarlas, sobre todo las de la zona centro, pero eso me dio un gran impulso y tuvo esa cosa de compartir stands y darte una mano con gente que está en tu misma sintonía», destacó Daniela.

Indumentaria, bolsos, manteles, individuales, carteras; diferentes propuestas y posibilidades que Gata Flora va renovando de manera constante. «Siempre estoy moviendo los productos que hago, los renuevo y los ofrezco hasta que salen otros, hoy todo se difunde más rápido y eso te obliga a actualizar todo de manera permanente».

Daniela tiene productos para mujeres, para chicos y para hombres. Desde bolsitas para recolectar residuos en los automóviles hasta una nueva iniciativa: materas con bolsas donde separar la yerba y el azúcar.

«Voy usando distintas telas, antes usaba mucho la gabardina, hoy estoy más inclinada a la decoración que es algo que me gusta mucho», dice Daniela convencida que hoy ser emprendedora es un estilo de vida.

«Me parece que antes todo esto tenía mucho que ver con las artesanías, la plaza, el hippismo y se concentraba ahí, pero hoy se amplió mucho más ese rubro del emprendedurismo porque la idea central es que cualquiera lo puede ser. Lo importante es que tengas ganas, que estudies, te capacites, haga cursos; más allá de que por ahí no te brinde un sustento económico suficiente lo hacés porque es algo que te entusiasma, te contagia y te hace compartir, hay todo un costado social en el hecho de emprender que es muy interesante», apunta Daniela, en pareja con Luciano y madre de Lucio y Lorenzo.

-¿Qué te hizo cambiar la pandemia respecto a Gata Flora?

-«La llegada del Covid obligó a repensarse, a ver lo online como factor clave porque quedó imposibilitada la cotidaneidad de encontrarse, en una feria por ejemplo. Hoy existen muchas maneras de difundir lo que hacés y si mirás un poco es difícil encontrar algo nuevo, parece que ya está todo inventado, pero lo importante es que vos busques tu propio sello, algo que te distinga en lo que hacés y vendés».

-¿Y qué perspectiva tiene hacia delante tu emprendimiento?

-«La idea de Gata Flora es ir progresando y tener mi propia tienda, atender mi show room e ir adaptándome a las épocas. Hoy hago un curso de crochet que es algo que me gusta mucho, me gusta también lo sustentable, lo ecológico y voy a ir más que nada por ese lado».