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El encanto de abrigarse

“MARICLE”, MANTAS DE LANA IDEALES PARA LA CAMA O EL SILLÓN

María Emilia Mangas encontró en la inspiración de sus abuelas la fuerza para poner en marcha un emprendimiento que sube mientras baja la temperatura.

Si hay algo positivo, entre tantas cuestiones negativas, dramáticas y agobiantes, que despertó la pandemia que atraviesa el planeta es la posibilidad de generar nuevas ideas, otras posibilidades, distintos proyectos. Por necesidad, por diferentes prioridades o por nuevos tiempos en los que ocupar la mente y el espacio de cada uno se hace tan necesario y primordial como cuidarse del virus.

Y “Maricle” surge por algunas de esas circunstancias pero también como una búsqueda interior, como un intento de tejer historias que sirven como trampolín a un emprendimiento tan original como atractivo en tiempos donde es necesario abrigarse y sentir un calor particular, una protección hecha de lana que se adapta adonde más se la necesite.

“Maricle surge luego de una búsqueda inconsciente, me imagino, de continuar con una historia familiar de abuelas que tejieron, cocieron, bordaron y marcaron en un lenguaje muy amoroso una parte creativa en mí, que supongo siempre estuvo ahí como agazapada pero que finalmente salió en forma de manta. Y sin dudas la cuarenta ayudó a darle fuerzas”, cuenta María Emilia Mangas (40), que es docente de Educación Especial y que a poco de poner en marcha su proyecto ya recibió decenas de pedidos.

“Estaba acostumbrada a correr de una escuela a otra, de andar para todos lados y de repente, cuando se dio el primer cierre de todo por la pandemia, los tiempos y las urgencias se modificaron por completo. Empecé bordando, después hice cerámica con mis amigas pero siempre como un hobby, como para hacer algo. Hasta que este año realicé el curso de mantas con la genia de Maru Alba, de Santa Feria Atelier, y la verdad que ella me inspiró. Me fui a mi casa con mi manta y al otro día ya tenía el nombre, ‘Maricle’, que así me llamaba una de mis abuelas. Mi hermano Enrique, que es diseñador gráfico, inmediatamente hizo el logo, luego lo difundí por las redes y así nació y empezó a fluir”.

Creatividad.

La lana que María Emilia utiliza para tejer con las manos sus mantas nórdicas es vellón merino natural, “que es difícil de conseguir en Santa Rosa y si hay, es a un costo imposible, por eso me las traen de Córdoba”. Las mantas son de 1,50 metro por 0,80 centímetros y “se adaptan especialmente a un pie de cama o a un sillón, pero el uso es el que elige cada uno, por supuesto”.

Llegaron los primeros pedidos de amigas y conocidos y luego “el boca a boca” visibilizó el microemprendimiento. “Me sorprende la repercusión que se genera en las redes, gente que no conocés y que le gusta lo que hacés. Además te conectás con otros emprendedores, de hecho, ya vendí y tengo pedidos para enviar a Bahía Blanca, Buenos Aires y Pigué. Es una cadena que permite encontrarnos y compartir lo que nos gusta”, resalta la docente y madre de Valentín (15) y Baltasar (10). ¿Y cuál es la perspectiva de Maricle? “La verdad que empecé hace poco y estoy un poco sorprendida por la respuesta, por ahora voy acomodando todo para responder a la demanda, lo que sí tengo claro es que lo que me impulsa es la fluidez que se genera al estar involucrada en algo que requiere creatividad. Y eso te da la sensación de que el tiempo desaparece. Te olvidás de vos, no queda tiempo para atender o monitorear cómo se siente tu cuerpo o tus problemas. Eso es algo que no tiene precio y espero que se mantenga de esa forma”.