Inicio Emprendedores "El Vasco", una minipyme de casi 60 años

«El Vasco», una minipyme de casi 60 años

Héctor Domínguez se mantiene como el repuestero más antiguo de la ciudad. Casi 60 años dando soluciones en un negocio que hoy es «El Vasco», una minipyme familiar que es una referencia ineludible del rubro.

Se baja el barbijo y los exhibe con orgullo, esos bigotes artísticos que son todo un sello, una marca que adoptó en su rostro hace 46 años y que lucen pintados en el frente de su negocio. Un emblema que traspasa el correr del tiempo y son una característica singular en la vida comercial de la ciudad. «El Vasco» charla desde atrás del mostrador y la clientela pasa con pedidos certeros o no tanto pero la respuesta siempre es la misma, la seguridad del que sabe, entiende y soluciona.

«Acá puede entrar un cliente, vendarme los ojos y pedirme lo que quiera que voy y lo traigo, me pidas lo que me pidas yo voy y lo traigo. Todo esto lo armé yo, así que conozco cada centímetro y cada rincón donde están las cosas», alardea Héctor Domínguez.

«Cuando nació mi segundo hijo, que hoy tiene 46 años, me dijeron que me deje el bigote y yo hice caso», se ríe El Vasco en ese lugar que ocupa cada día, detrás del mostrador y rodeado de repuestos grandes, medianos y muy chiquitos. «Pitutos» o «cositos» que encajan en el lugar exacto, en los engranajes mecánicos que Héctor conoce como nadie.

«Trabajo desde los 8 años, éramos 14 hermanos y cuando fallece mi mamá nos mandaron a trabajar a los que teníamos de 8 para arriba. Las edades eran desde los 14, que era el más grande, hasta 8 meses. Y yo tenía 8 años y me mandaron a laburar al campo: fui tambero, manejé una cosechadora, hice trabajo de quinta, haché leña, hice ladrillos. Y a los 13 entré a Casa Cufer», recuerda con precisión El Vasco sobre otras épocas, otras realidades.

«Hoy soy el único repuestero que queda de mi época. En ese momento había cuatro negocios del rubro: Casa Decristófano, Vicente Decristófano, Aimar y Cufer. Era muy distinto a lo que es ahora porque si vos no tenías un repuesto llamabas a alguno de ellos y te lo daban. Hoy hay tantos negocios, y muchos especializados, que el mapa es completamente diferente», describe Domínguez que está en camino a cumplir sus 70 años.

El Vasco entró como empleado a «Casa Cufer» cuando era un preadolescente y allí sigue hasta hoy, aunque ya como dueño con su apodo como nombre del negocio ubicado en una esquina tradicional, en Autonomista y avenida Uruguay.

«En principio Casa Cufer estaba en el centro, en Moreno e Yrigoyen, y después ya nos instalamos en esta equina donde nos quedamos. Cuando el dueño falleció, la familia me ofreció hacerme cargo del negocio y acepté enseguida. Gracias a esto puedo vivir, tengo cuatro hijos, todos mayores, y ellos me dan una mano, lo mismo que mi mujer María Ester. Tengo una nuera que también viene y un nieto que me ayuda con la tecnología y con todo lo que va saliendo. Acá cada peso que entra se reinvierte y el resto va todo para la familia, así funcionamos», se enorgullece Domínguez que en el local está con Hugo (46), uno de los hijos que aparece y bromea todo el tiempo con su padre.

Especialista.
El Vasco tiene un galpón en su propia casa y allí hace los trabajos artesanales que le llevan. «La parte hidráulica siempre fue mi fuerte, sobre todo con las máquinas grandes. Soy el primero que empezó a hacer mangueras hidráulicas y también el único que hace mangueras de aluminio de aire acondicionado. Además laburo cajas de dirección, cremalleras, aprendí mucho estos años, aprendí mucho de los clientes y de los mecánicos. Si usted viene con un problema se lo soluciono, y si usted tiene la solución, directamente hago el trabajo, de hecho muchos mecánicos me vienen a preguntar cosas específicas. Son 57 años laburando en esto, entonces esa experiencia es bueno poder llevarla adelante y de algún modo transmitirla».

El Vasco es testigo directo de toda la transformación de la industria automotriz, del crecimiento gigantesco en cuanto a marcas, modelos, tecnologías y prestaciones. Un rubro que necesita de la actualización constante pero también de alguien que, como él, sepa tener, buscar y colocar la pieza exacta en el lugar indicado.

«Antes había cuatro marcas de autos y unos pocos modelos, hoy es una locura, hay autos que tienen hasta 14 modelos diferentes, vos salís a la calle y ves 500 Chevrolet distintos, por dar un ejemplo. Y cada modelo tiene cosas diferentes. En mi caso yo siempre fui un repuestero de tener un poco de todo, y hoy es diferente porque cada uno de los autos y modelos tiene un especialista».

Continuidad.
Radiadores, mangueras, correas. El Vasco tiene cantidad, variedad y calidad. Abre de lunes a sábado de 8.30 a 12 y de 15.30 a 19.30. Y ahí, detrás del mostrador, siempre tiene la solución a mano. Siempre una respuesta.

«Esto es lo que he hecho toda la vida, mucho tiempo como empleado y ahora como dueño, son casi 60 años y eso la gente lo reconoce. Santa Rosa creció muchísimo, cambió todo, pero a mí lo que me gusta es trabajar acá, no necesito mucho para vivir tranquilo y bien con mi familia. Ser comerciante tiene sus secretos, como en cualquier actividad, y yo creo que con el tiempo pude encontrar mi lugar», reflexiona el hombre de los bigotes.

¿Y hasta cuándo piensa venir todos los días a abrir las puertas y trabajar?
«Voy a seguir mientas tenga salud, son muchos años acá, es toda mi vida, y para mí es un alivio y una tranquilidad tener este trabajo. Si la salud me acompaña voy a continuar trabajando por un rato largo. Lo lindo es que mis hijos van a poder seguir y ahí serán ellos los que decidan qué es lo mejor, pero mientras tanto acá estoy, firme como el primer día».
Domínguez cuenta que es especialista en pintar letras, por eso muchos de los carteles en el exterior del local, tanto con Cufer como con El Vasco, son de su autoría. Cuando no trabaja también disfruta del fútbol por televisión y de unos buenos mates con María Ester.
«La clientela me conoce, sabe qué puedo ofrecer y qué soluciones puedo dar, por más cambios y transformaciones que haya hay muchas cosas que no cambian. La pandemia frenó todo y a los comercios nos costó mucho, recién ahora pude volver a abrir los sábados y eso es una alegría, un alivio. Por eso mientras nos dé la cuerda, acá estaremos», dice firme Héctor, o El Vasco, o el de los bigotes. Lo dice el repuestero. Y es una garantía.