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En la cima del trabajo

Marilina Wilberger llegó a sus primeros diez años como dueña de La Cumbre, un local de indumentaria deportiva y de aventura en el que empezó como empleada y hoy es responsable de su gran crecimiento. Un esfuerzo que valió (y vale) la pena.

«Mi pensamiento siempre fue como empleada, y cuando me decían que tenía que firmar todo con mi nombre, como dueña, me resultaba muy fuerte. Tuve que combatir mi timidez porque no me veía en ese lugar», confiesa Marilina en un tramo de un relato en el que más que palabras y recuerdos, hay emociones. Con lágrimas, risas y sentimientos que surgen por ese esfuerzo que se transforma en satisfacción. Casi un manual de esos que brindan instrucciones «para el camino emprendedor». Solo que ella escribió su propia hoja de ruta.
«Soy de Alpachiri y el secundario lo hice en Macachín. Cuando terminé, mis viejos me dijeron que si quería estudiar alguna carrera no me podían bancar económicamente y que buscara trabajo. Me vine a Santa Rosa para estudiar Turismo porque me parecía que podía tener distintas salidas laborales, eso fue en 2005 y al principio no encontraba trabajo. Llegó agosto y ya estaba con lo último, tenía una beca por el buen promedio del colegio y unos ahorros que había hecho antes. En ese momento apareció una amiga que me dijo que en La Cumbre buscaban una empleada. Fue terrible porque yo era recontra tímida pero me tuve que animar y fui y al otro día de la entrevista entré a trabajar», recuerda Marilina Wilberger (35) sobre ese día en que, visto en retrospectiva, modificó el rumbo de su vida.
La timidez y la falta de conocimiento sobre lo que se vendía en el local se anteponían a las ganas y la necesidad. «Me acuerdo de que en el negocio todos los días se reunían como diez amigos, todos hombres, a tomar mate y charlar sobre montañas, esquí o escalamiento y yo no tenía ni idea, era cero deportista, era como si hablaran en chino y me daba terror abrir la boca, pero iba escuchando y aprendiendo».

Marilina comenzó con un turno de cuatro horas y luego fue ampliando su horario laboral. Hasta que seis años después llegó una propuesta que nunca esperó: los dueños le ofrecieron que se haga cargo de La Cumbre, un negocio que había abierto sus puertas en 2001 en la calle Coronel Gil de la mano de cuatro socios.

«Obviamente yo me reí porque no tenía un peso, era imposible para mí. En ese momento el dueño era Mariano Alonso junto a Hernán Bortagaray y ellos querían venderlo. ‘¿Por qué no se lo vendés a la Rusa?’, le dijo uno al otro. Y la verdad es que me dieron todas las posibilidades imaginables, me ayudaron con todo, me dieron cuotas muy accesibles y me animé porque sabía que el negocio iba a andar, había una clientela recontra fiel y eso me empujó. Y tuve la suerte que justo vino un boom de la actividad física y deportiva que demanda este tipo de indumentaria», señala Marilina en su negocio de la calle Hipólito Yrigoyen 361, en el centro santarroseño.

Una década.
El próximo 17 de octubre La Cumbre cumplirá diez años bajo el mandato de Marilina. En ese lapso nacieron sus dos hijas y el local se expandió de la mano de dos ejes claves: la excelente atención personalizada y una cantidad y variedad de marcas que satisface a la clientela más exigente. «Tenemos todas las marcas nacionales y las mejores internacionales. Acá la gente se siente cómoda y trabajamos todas las promociones, como ahora con el Banco Pampa que busca darle incentivo al consumo y es una muy buena herramienta», resalta quien primero dio un paso cuando amplió el local hacia atrás y, más tarde, hacia un costado al incorporar calzado.

«Es un rubro que explotó en su momento y se mantiene, yo viajo a hacer capacitaciones y cursos y estoy actualizada e informada de todo este rubro. Cuando arranqué tuve la ventaja de que los proveedores me conocían porque yo manejaba todo en el negocio, entonces todos me ayudaron y así fue. Mi pareja también me ayudó mucho, los amigos ni hablar. Yo no me animaba a aparecer como dueña, me parecía algo muy lejano para mí y fue muy fuerte el cambio de mentalidad. Una vez la contadora me dijo que lo ponga a mi nombre y tuve que dar un vuelco en ese sentido. En ese año nace mi primera hija, Martina (10), y yo tenía que tomar la decisión porque mi pareja viajaba por su trabajo y yo estaba sola. Fue muy intenso, atendía como podía, pero creo que el cliente vio el esfuerzo y que venimos de abajo. Y lo valoraron».

Marilina nombra a quienes la ayudaron, se emociona, ríe, cuenta. Recuerda anécdotas. «Una vez un gran amigo, que es ‘Taty’ Pereyra, me dio la solución con un ‘baby call’: dejaba a mi hija durmiendo y cuando escuchaba el llanto iba y la atendía. Acá todos vieron crecer a Martina y ahora a Faustina (3). El negocio fue creciendo y en principio no me animaba a tener una empleada, pero me recomendaron a Karen y fuimos armando un grupo de trabajo re lindo. Hoy hay otras cuatro chicas que trabajan conmigo».

Dinámica.
En 2017 La Cumbre fue el sponsor principal de la maratón A Pampa Traviesa, tiempo después organizaron una pedaleada con 60 mujeres, y siempre aportan en distintos eventos deportivos. «Hemos tenido mucho éxito y repercusión con esas cosas así, que nos gusta estar, acá todo el tiempo hay dinámica y movimiento, eso es lo que me gusta del local y la gente lo agradece».

Running, montaña, esquí, snowboard, carreras de aventura. Indumentaria para todos los gustos. Eso es La Cumbre, pero sobre todo es el lugar donde ‘La Rusa’ venció sus temores y dudas y avanzó. «Supe escuchar, a clientes y amigos que me recomendaban traer marcas, que me daban muchos consejos. Cuando uno sabe escuchar, va para adelante», dice y recuerda que cada tanto sus padres le preguntaban: ‘¿Y el título universitario?’. Marilina no tiene colgado un cuadro con un diploma, pero sí atesora un doctorado o un master en esfuerzo, dedicación y simpatía. Llegó a la cumbre.