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Hace más de 70 años «La Princesa» es una referencia en el rubro de telas y cortinados

Desde 1949 tienda La Princesa abre sus puertas cada día para vender cortinados, telas de tapicería, productos de sedería. Un negocio de raíz familiar que apuesta a la buena atención y a la calidad de lo que ofrece.

«Necesito una tela que sea bermellón, en ese tono», dice una mujer y la hija le contesta que no, que en ese color ya tienen en su casa. Finalmente acuerdan y se llevan la tela antes de pasar por la caja y mientras una de las empleadas envuelve lo elegido. La escena se repite una y otra vez mientras afuera se va armando una fila que espera paciente el momento de entrar respetando los protocolos que determinan esta nueva era.

Daniel Punte tiene 63 años y desde que tiene 20 convive a diario con La Princesa, que no es otra cosa que uno de los comercios más emblemáticos de Santa Rosa, un lugar que surgió gracias al empuje familiar y que hoy atraviesa su tercera generación al frente de un negocio especializado en cortinados, sedería y telas de tapicería.

«Mi padre, Mario Punte, vino de la localidad bonaerense de San Antonio de Areco a trabajar en tiendas Galver. Lo trasladaron acá en el ’40 más o menos y en ese tiempo conoció a mi madre, Irene de Cristófaro, con quien luego se casó. Poco tiempo después, con otra mujer de quien era amiga -María Flores- se hicieron socios y pidieron dinero prestado a los padres y así abrieron La Princesa en 1949. El primer local se inauguró en Hipólito Yrigoyen 25, frente a la plaza San Martín», recuerda con precisión Daniel en una de las oficinas del comercio, mientras va y viene para atender el paso incesante de clientas que ya eligieron lo necesario y pasan por la caja.

«En esa dirección estuvieron unos 35 años hasta que surgió la posibilidad de comprar este lugar de la avenida. Acá funcionaba el Hotel Pampa y se hizo una subdivisión. Ese año fallece la socia con quien se había armado el comercio y entonces mi padre se queda con el negocio luego de acordar todo con la otra familia», agrega Punte sobre los detalles que llevaron a La Princesa a su actual dirección de la avenida San Martín 135, en el corazón del centro santarroseño.

«Hemos vivido todo el crecimiento de la ciudad, su expansión, sus cambios, su fisonomía. Y sin dudas que a nosotros nos benefició que el movimiento comercial creciera hacia este lado. Eso fue algo positivo para mantenerse tanto tiempo más allá de las dos premisas fundamentales: la buena atención y la calidad del producto que se vende. En eso hay que hacer un reconocimiento muy especial a toda la gente que trabajó aquí -muchas se han jubilado en la tienda- y también a la clientela que siempre nos apoya», resalta Punte quien en la actualidad desarrolla su trabajo junto a tres empleadas.

En sus inicios La Princesa vendía el clásico «de todo un poco»: lencería, ropa interior masculina, muchos productos de bazar. «Pero de a poco se dieron cuenta de que lo que más se vendía era el rubro cortinados, accesorios y también las telas, así que se fue especializando en eso. Yo empecé a los 20 años con mi padre, llevo muchos años, él falleció a los 86 y mi madre hoy tiene 93, pero por supuesto que ya no viene al local».

Mujeres y crisis.
Punte reconoce que La Princesa es un lugar casi enteramente visitado por mujeres, e incluso las empleadas siempre son mujeres. «Te diría que el 99 por ciento de quienes entran al local son mujeres, es algo de siempre y pese a los cambios sociales eso sigue igual. Y vemos que ya entra la tercera generación a comprar: antes vino la abuela, después la madre y hoy la hija a comprar la tela para el vestido de novia. Eso nos permite resaltar la vigencia del negocio, de un emprendimiento que siempre fue de raíz familiar».

Atravesar más de 70 años con un mismo emprendimiento en un país con tantos vaivenes, sobre todo económicos, hace que el gesto de Punte se vuelva adusto. «Las hemos pasado todas, pero los peores fueron dos momentos: el de la Ley 1050 (una circular del Banco Central creada por el exministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz en 1980, durante la última dictadura cívico-militar, que generó que miles de deudores perdieran sus viviendas por no poder pagar los créditos hipotecarios) y ahora con la pandemia. El año pasado tuvimos 40 días cerrado y fue terrible, no había caja y había que mantener el pago de sueldos, de impuestos, de todo».

Punte rescata que «es una situación que abarca a todo el comercio» y que «hay gente que la pasa mucho peor». Y en ese punto admite que «la ayuda del Banco de La Pampa, con los préstamos a tasa cero para abonar los salarios fue clave para seguir en pie. De todas maneras no soportaríamos un nuevo cierre similar, ni la tienda ni yo», advierte el comerciante que es padre de Emiliano e Ignacio, de 26 y 30 años.

Sin eventos.
En La Princesa las ventas más robustas siempre se dieron con las telas para «lo que es fiestas», sobre todo vestidos. Pero claro, una pandemia mundial arrasó con ese tipo de eventos sociales, y hoy aún están lejos de tener una fecha posible de retorno a cierta «normalidad».

«Hoy no hay fiestas ni casamientos así que eso nos mató, nosotros recibimos mucha gente del interior, de otras localidades que vienen acá a buscar sus cosas, pero bueno es la realidad que nos toca y hay que adaptarse y tratar de pelearla lo mejor posible. Tenemos unos 40 proveedores que nos traen las telas y demás cosas desde Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, así que es una rueda grande que de alguna manera sigue girando», detalla Punte en esa tienda que abre de lunes a sábado tanto a la mañana como a la tarde.

Daniel recibe un nuevo llamado para ir a hacer su trabajo y espera que el diálogo entre madre e hija por la tela color bermellón quede zanjado. Ambas parecen contentas porque se despiden sonrientes y detrás de ellas ya hay otras dos clientas esperando para hacer consultas o pagar. Salen dos y entran dos. El ritmo de la fría mañana otoñal tiene otro calor en La Princesa. Y también otro color, el color de la tradición de un negocio que es emblema de la ciudad. Que tiene más de 70 años y espera seguir muchos más. Como una buena tela que resista el paso del tiempo. Y de las crisis. Resistente y de calidad.