miércoles, 28 octubre 2020
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Hermanas emprendiendo juntas a la par

Las hermanas Cabrera reunieron sus ganas de hacer algo juntas y así nació «Las Crisantas», una marca propia de bolsos, carteras, billeteras, cintos y otros accesorios femeninos. Creaciones marcadas por la originalidad y el sentimiento.

«Siempre fui ama de casa, haciendo todo lo que es necesario en el trabajo diario de una casa y un día ella me dice: ‘Qué te parece si empezamos a hacer bolsitos de tela, bolsos playeros’. Y así de a poquito nos fuimos animando», describe Elsa sobre esos días cuando las largas rondas de mates y bizcochos terminaban siempre en la misma idea. «La verdad que nunca imaginamos que íbamos a llegar a esto», añade Norma rodeada de todo lo que hoy es «esto»: un lugar repleto de bolsos y carteras de todos los colores, diseños y gustos.

De tela y de cuero. Billeteras, tarjeteros, riñoneras. Todo «esto» que es Las Crisantas.
«Empezamos hace cuatro años. Yo trabajo en el área de cocina de Casa de Gobierno y con Elsa siempre nos gustó coser y tejer así que decidimos empezar con los bolsos playeros, todo de tela. Después hicimos un curso para empezar con el cuero y ahí ya le dimos otra relevancia al emprendimiento», cuenta Norma Cabrera (56), una de las cinco mujeres que junto a los tres varones conforman los ocho hermanos Cabrera.

«Fue todo muy de a poco, lo hicimos sin ayuda de nadie y, a medida que empezamos a vender, fuimos sumando máquinas. Al principio hacíamos trabajos de costura para ir juntando los pesitos que nos permitieron empezar a viajar a Buenos Aires para ver y elegir las telas y los cueros con los que trabajamos. Hicimos el curso de cuero con Pamela Antonio y después nos largamos, pero hemos hecho de todo. Íbamos al Mercado Municipal (hoy el Centro Municipal de Cultura) a aprender telar con Rosita Maldonado. Es como que lo llevamos en las manos esto de hacer cosas bien artesanales», resalta Elsa (61).

Una vez que los productos con el sello de Las Crisantas empezaron a mostrarse, circular y moverse, las hermanas decidieron salir del taller que funciona en la casa de una de ellas en el barrio Aeropuerto., Por eso la Feria santarroseña en las vías del ferrocarril las tuvo siempre con un stand en donde la clientela comenzó a agrandarse.

«Eso fue un buen espaldarazo para convencernos de lo que hacemos. Siempre les vendí a conocidos y a mucha gente en Casa de Gobierno, en mi caso, pero tener un lugar en la Feria te da la oportunidad de ampliar el círculo y conocer más gente que te quiere comprar», señala Norma sobre ese contacto directo que mantiene la relación más básica a la hora de comprar y vender.

Mamá

Las hermanas cuentan detalles de su trabajo, de las ideas compartidas, de las charlas y de los acuerdos para elaborar cada accesorio. Hasta que surge, espontáneamente, el motivo del nombre Las Crisantas. Y los ojos de Elsa no pueden contener ni el brillo ni las lágrimas.

«Es por mamá, ella murió hace poco tiempo. Se llamaba Crisanta Del Río, su familia viene en gran parte del oeste pampeano, ahí los Del Río son artesanos conocidos y nosotros tenemos parte de esa raíz, por eso este emprendimiento lleva lo más importante que es defender el nombre de ella. Para nosotras tiene una carga emotiva y también tiene su peso», admite la mayor de las hermanas.

«En situaciones como las de ahora, con todo lo que pasa con la pandemia y que hace que sea tan complicado el panorama, muchos negocios cierran sus puertas o frenan su marcha. Nosotras, en cambio, seguimos adelante porque en gran parte se trata de defenderla a ella, a su trabajo y a lo que significa para nosotras», completa Norma sobre el aspecto más emotivo de Las Crisantas, el sello de un proyecto cuyas mentoras mantienen bien presente un legado que va mucho más allá del nombre impreso en las chapitas o etiquetas de cada bolso o billetera.

-¿Y cómo afectó la producción y las ventas la llegada del coronavirus?
-Complicó todo. Es algo que nadie se esperaba y por eso todo se frenó y aún está quieto. En nuestro caso nos impide viajar a Buenos Aires para traer el material que nosotras elegimos de primera mano. Trabajamos con cien por ciento cuero y todo es bien artesanal, acá dedicamos el tiempo que sea necesario y a las dos nos encanta encontrarnos en este lugar de trabajo. El actual es un momento complejo pero tenemos todas las fuerzas para seguir adelante.

Un desafío

El mercado de los accesorios femeninos tiene miles de ofertas y posibilidades. Opciones interminables en las que la calidad y originalidad suelen ser dos factores imprescindibles a la hora de ganar un mercado.

«Nosotras hacemos los diseños pero por supuesto que trabajamos a pedido. Si la clienta quiere algo en especial lo hacemos sin ningún problema. Cada modelo tiene colores distintos, no repetimos y la idea es ofrecer la mayor variedad», señalan quienes, por supuesto, tienen un anhelo, un sueño y un desafío emprendedor.

«Nos gustaría llegar a tener nuestro localcito propio, un lugar donde tengamos una vidriera para mostrarnos, pero eso es algo que por el momento es una ilusión y no queremos dar pasos en falso. Todo lo que ganamos lo invertimos en material y por supuesto que la primera opción es sumar más máquinas, por eso cada cosa y cada paso en su lugar», advierten.

Elsa y Norma muestran tímidamente algunas billeteras para hombres. Aunque destilan buen gusto y calidad, no llegaron a salir del taller. «No quedamos conformes así que paramos ahí, es una posibilidad empezar a producir cosas para los hombres pero hasta que no estemos plenamente conformes no creo que lo hagamos, tenemos que estar bien convencidas».

Las hermanas Cabrera despliegan cueros, telas, bolsos. También cintos, llaveros y otros productos. Allí se ve todo el trabajo enteramente hecho con su inventiva y con sus manos. Un espíritu emprendedor que sobrevuela junto a otro espíritu, el que lleva a que esa fuerza creadora se mantenga cada día con la energía de quien inspiró el nombre de cada etiqueta, de cada producto hecho con ese amor único que se traduce en una palabra, Crisanta.