Inicio Emprendedores Ignacio Silva, un luthier que se destaca por su trabajo

Ignacio Silva, un luthier que se destaca por su trabajo

Desde chico se interesó en ese oficio clave para los músicos y hoy lo combina con el diseño para fabricar sus propios instrumentos.

La historia de Ignacio Silva (33 años) se vincula desde chico con la música. Y aunque luego eligió otro camino profesional esa añoranza de otra época nunca desapareció, por el contrario, se fue fortaleciendo con el paso del tiempo.

“En mi casa la música siempre estuvo presente, teníamos una guitarra muy vieja heredada de un familiar y un día decidimos restaurarla: la llevamos a un luthier y desde ese momento comencé a interesarme en el oficio. Pasaron los años y en el 2006 me fui a Córdoba y empecé a estudiar Diseño Gráfico, pero el arreglo de esa vieja guitarra que todavía me acompaña seguía dando vueltas en mi cabeza”, resume Ignacio.

Llegó el diploma de diseñador pero ‘Nacho’ seguía enganchado con su viejo amor. Por eso encontró la Escuela de Luthería de Córdoba y no lo dudó. “En un comienzo quise hacer una guitarra eléctrica, elegí una modelo SG para arrancar y el proceso fue largo, pero aprendí tanto de maderas como de componentes electrónicos. Lo interesante de la Escuela es que cada uno podía proponer el instrumento que quería y en una clase podía aprender tanto de mi proyecto como de los de mis compañeros, por eso cuando terminé con mi SG arranqué con una guitarra clásica, que es mucho más preciso y detallado porque estas guitarras tienen en su interior toda una estructura de espinetas y vigas, que de acuerdo a la cantidad y ubicación pueden darle distintos matices y tonos al instrumento”.

En ese sentido, Nacho explica la diferencia entre las guitarras de construcción artesanal de las construidas en serie, no solo por el diseño “sino por el sonido que uno desea obtener del instrumento”.

Así nació “Instrumentos Kaienk Lutheria”. Y el primer pedido fue una guitarra eléctrica, una modelo Les Paul. “También me pasó de encontrar gente en la calle con una guitarra rota en la mano y yo ofrecerme a realizar el arreglo. Así fueron surgiendo trabajos, desde reparaciones de clavijeros quebrados, puentes rotos hasta charangos abandonados, calibrados y mantenimiento en instrumentos clásicos y eléctricos; entre otros. Así con el dinero que iba juntando de cada trabajo fui incorporando herramientas, materiales de estudio y maderas para poder seguir construyendo”.

Según el luthier santarroseño (WhatsApp 351 706 6143, calle Pío XII 1.167) la elección de las maderas es importante para la confección porque para los mástiles “se necesitan maderas estables y livianas, como cedro (guitarra clásica) o maple (guitarra eléctrica), que sean capaces de soportar la tensión de las cuerdas”. Para los diapasones se requiere de maderas duras como guayacán o ébano.

Otras opciones.

“Nacho” nunca se quedó quieto y por eso incorporó otro tipo de construcción, como un charango. “El proceso constructivo cambia, se parte de un bloque de madera macizo el cual se cava por dentro y talla en el exterior para lograr la forma final. Dentro de la familia de este tipo de instrumentos surgió la posibilidad de experimentar con la construcción a pedido de un ronroco, la cual consideré una experiencia muy gratificante por el resultado obtenido”.

Después de muchos años en Córdoba, Silva decidió que este año era el de la vuelta y junto a su hijo y su pareja se instalaron en Santa Rosa. Por eso al pequeño ya le construyó un ukelele y, con la pandemia, afortunadamente el trabajo se multiplicó.

“Me di cuenta que la gente empezó a desempolvar esas viejas guitarras para ponerlas a punto y así ‘matar el tiempo’ o bien volver a una pasión que muchos tenían guardada. En mi caso desde que comencé el emprendimiento los regalos de cumpleaños, día del Padre y Navidad, se convirtieron en limas, serruchos, sierras, pinzas, maderas, formones y todo aquellos que ayude a crecer este emprendimiento que con tanta pasión y apoyo logré construir”.

En el poco tiempo que Nacho lleva en su tierra natal “ya surgieron varios trabajos de reparaciones, y calibrados. También aparecieron algunas llamados para la construcción de instrumentos frotados como violines, que me abrieron las puertas para querer perfeccionarme y aprender un poco más. Es un oficio donde encontré un lugar donde desconectarme de varias cosas, me encanta pasar horas en el taller y es algo que me imagino haciendo hasta ‘viejito’. Encuentro un lugar donde puedo fusionar el diseño y la música. Es un mundo que cuando entrás, no salís más”.