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Murales que dan vida a las paredes de la ciudad

Ahí donde hay un muro blanco o sin vida, Pablo Salazar aplica lo que mejor sabe hacer: transformarlo en una fuente artística de color y también en un mensaje. Hace distintos tipos de trabajos para -a través de la pintura- promocionar y mostrar. Para decir.

Si hay un sentimiento difundido entre las y los escritores es el famoso «miedo a la página en blanco». Casi convertido en un lugar común, en realidad puede afectar a quien debe sentarse y escribir, dibujar, crear, inventar. Lo que sea que se imponga para llenar ese océano de vacío. En el caso de Pablo es lo mejor que le puede pasar, pero en lugar de un papel o un Word lo que él quiere tener adelante es una pared. Blanca. No importa el tamaño, lo que importa es que esté lista para que él la transforme en una obra que ningún ojo podrá evitar.

Pablo Salazar tiene 40 años y es un artista plástico y visual cuyos trazos y colores aparecen cada vez más en distintos lugares de la ciudad. Puede ser una cervecería, una veterinaria, un carrito de comida, un paredón de un club o el lateral del centro cultural más importante de Santa Rosa. Sus figuras, colores y diseños tienen un sello propio. También un mensaje. Sus paredes hablan.

«Mi ámbito de laburo es la calle. Cuando me di cuenta de que el mural es un lugar que brinda tantas posibilidades me enfoqué en eso. También me encanta sentarme a diseñar, hacer lo que después voy a plasmar en la pared, y la verdad que esto es algo que explotó el año pasado. Había una demanda que venía creciendo pero a partir de septiembre, octubre, cuando se pudo salir de la cuarentena, fue un cambio rotundo. Tengo agenda de trabajo hasta abril y eso es un estímulo bárbaro», cuenta Pablo que cuando comenzó con sus trabajos bautizó como «Hueco» a su emprendimiento de industria creativa.

«Me pareció que había como un hueco, como una necesidad en una ciudad en crecimiento y que tiene muchos comercios. También me gustó el concepto de hueco respecto a que uno puede progresar cuando se cree incompleto, uno tiene un hueco, algo para llenar y concretar. Es como una filosofía de vida que ayuda a llevar adelante distintas cosas».
Pablo nació en la localidad bonaerense de Los Toldos y a los seis años su familia desembarcó en La Pampa en busca de un mejor horizonte. «Mi vieja trabajaba como modista y mi viejo bicicletero, dos laburantes, y yo era el más chico de los tres hermanos. Crecí en ese marco de moldes y dibujos y me captó la atención. A los 17 entré a Bellas Artes y a partir de ahí me encaminé a hacer lo que hago», cuenta Pablo que desde hace dos décadas trabaja en la comuna local y fue curador del Centro Municipal de Cultura, un lugar en el que también supo hacer sus propias muestras con obras de su creación.

«Lo del muralismo y las paredes la verdad que no lo busqué, me llegó. Yo quería pintar y hacer muestras, y hace unos diez años me encontré pintando en la calle. Era como un hobby, lo hacíamos los domingos a las 6 de la mañana o fuera de los horarios normales de laburo, es como al que le gusta ir a pescar o hacer otra cosa. Lo cierto es que había reacciones increíbles de la gente que salía de su casa y de repente veía un mural enfrente. Muchos nos regalaban cosas. Tarros de pintura era lo que más se celebraba, por supuesto, pero lo más loco fue un día que una señora me trajo un tupper con un locrazo», se ríe Pablo.

Hace 7 años el creador de Hueco decidió enfocar su trabajo de una manera más profesional y organizada. Un primer llamado para pintar un salón motivó a que se enfocara en un emprendimiento con distintas posibilidades.

«Creo que lo que más valora el cliente es la confianza y el compromiso, yo primero le muestro lo que voy a hacer y después no va a tener sorpresas, va a quedar tal como se lo mostré. Me llevó un tiempo darme cuenta de que no podía pasar el presupuesto antes de saber bien qué iba a hacer. Muchas veces me pasaba que después me daba cuenta de que me quedaba re corto porque el laburo era mucho más grande. Es un aprendizaje que uno hace», detalla la pareja de Yamila (27) y padre de Catalina (17) y Benito (1 año y medio).

Compromiso.

En octubre de 2019 Pablo pintó un mural que reivindica la lucha pampeana por el río Atuel. La obra se hizo en uno de los paredones laterales del club Estudiantes y fue una creación colectiva porque la gente pudo participar pintando una gota que cae en el cauce del río. Varias escuelas se acercaron hasta el lugar para apoyar la propuesta del artista. Y hace solo unos días también terminó de renovar el mural que se levanta sobre un lateral del Centro Cultural Medasur (en la avenida Belgrano).

«La idea fue dejar atrás el cauce seco e imprimir colores potentes y animales vivos que representan nuestro derecho – ratificado por la Corte Suprema de la Nación- de recibir el agua», explicó la Secretaría de Cultura provincial al justificar la pintura de Pablo. «El agua y la pampeanidad están siempre presentes en mi obra, es algo que va atado a mis creaciones y mi trabajo y es una satisfacción poder plasmarlo en un lugar tan visible», valoró Salazar.
Un trabajo como el de Medasur demanda un gran esfuerzo físico. Y tener un ojo siempre atento a las condiciones climáticas. «Tengo todas las aplicaciones que pueda haber sobre el clima, todas las que existen. Sobre todo por la lluvia que es lo que más complica, más que nada por los tiempos de finalización que uno impone, pero uno sabe que convive con eso.

Es un trabajo que hacés con escalera, en andamios, implica un gran desgaste físico, pero hay que sobrellevarlo de la mejor manera», dice Pablo en su taller y espacio de arte que comparte con Yamila en la calle Anza de la Villa Santillán (el WhatsApp de Salazar es 2954-651572).

¿Qué perspectiva tenés hacia adelante con tu emprendimiento?

«Por un lado hay una demanda muy notable, hay un movimiento muy interesante por buscar cosas visuales y artísticas, por ofrecer otra cosa desde un comercio o un bar o lo que sea. Y eso lo veo todos los días por la gente que llama, funciona mucho lo del boca a boca en este caso. Y en cuanto a mi laburo específico la búsqueda va hacia incorporar tecnología, tener otras herramientas para optimizar lo que hago», responde quien más allá de las herramientas tiene en su cabeza todo lo necesario para enfrentar el desafío de una pared en blanco. Ahí donde hay un hueco para llenar de color y creatividad. Para llenar de vida.