Inicio Emprendedores "Pasta y Basta": artesanías que deleitan

«Pasta y Basta»: artesanías que deleitan

Al menos en lo vinculado a su destino laboral ya parecía tener un sendero marcado. La carrera de Analista en Servicios Gastronómicos la transformó en chef internacional y ese diploma le sirvió de trampolín para obtener una pasantía en un restaurante del tradicional y porteño barrio de San Telmo. En principio iba a estar por un mes, luego se extendió a tres y al final la contrataron. Pasó un año de trabajo continuado pero las raíces pampeanas no dejaban de zumbarle alrededor y pegó la vuelta.

Trabajó en algunos restaurantes locales pero al poco tiempo algo pasó. «Me alejé de la cocina, tuve un momento personal que me llevó a tomar otras decisiones y entré a trabajar en un estudio jurídico y estuve diez años ahí. Igual hacía canelones y vendía, la cocina es algo que siempre me apasionó y creo que soy emprendedora desde los 11 años porque a esa edad ya hacía cosas y las salía a vender», cuenta Ayalén Gordillo Alvarez sobre el recorrido previo a cumplir su «verdadero sueño», el de tener una fábrica y local propio para elaborar y vender pastas artesanales. Sí, sin aditivos, sin conservantes, con casi todo hecho a mano y hasta con los tallarines aireándose en un tendal en el patio. Un viaje inequívoco hacia el comentario de: «¡así los hacía mi abuela!».

«Es notable cómo nos pasa eso, la cantidad de gente que viene y te dice que la manera artesanal en que están hechos los ravioles, los tallarines o los sorrentinos los traslada a una abuela o a la madre. Y ese es nuestro lema, lo que nos distingue», se enorgullece Ayalén, una macachinense de 36 años que desde muy joven se afincó en Santa Rosa.

«Arranqué con un palo de amasar y un molde a vender sorrentinos en la familia y a los amigos. A la semana mi suegra me prestó una pastalinda y al mes compré la mía. Ahí ya me empezó a picar la idea de abrir un negocio y en ese momento salió una promoción en la que ofrecían una sobadora y una amasadora. Hubo un momento en que llegué a hacer 400 kilos de ñoquis porque mi sobrina iba a la Escuela Normal y necesitaban juntar plata. Yo me ofrecí a hacerlos a mano pero claro, después no llegaba con el tiempo así que tuve pedir ayuda a un montón de gente porque si no los plazos no daban de ninguna manera, una locura. Ahí fue donde dijimos que teníamos que hacer algo».

En ese «hacer algo» también estaba incluido Lucas Somovilla (35), la pareja de Ayalén desde hace diez años y que recientemente dejó su trabajo en una droguería para incorporarse, formal y definitivamente, al proyecto de «Pasta y Basta».

«Siempre la fui ayudando y siempre estuve dando una mano y aportando. Aunque Ayalén es quien cocina y hace todo lo gastronómico, esto es un emprendimiento familiar. Ahora me encargo de todo lo administrativo que demanda mucho tiempo y trabajo, además de estar para lo que sea», cuenta Lucas sobre el negocio de la calle Leandro Alem 174 (entre 25 de Mayo y Coronel Gil, el WhatsApp es 2954 231455), en pleno centro santarroseño, y que abrió sus puertas el 1 de octubre de 2018.

«Antes de poner en marcha el proyecto, yo estaba en un momento personal particular y hablando con Lucas él me preguntaba qué podía o qué quería hacer. Y ahí le dije ‘pasta y basta’. Y de ahí salió el nombre, es algo que me preguntan mucho de dónde salió y fue así, antes de tener algo yo ya tenía el nombre», revela la mamá de Tomás (5) y Joaquín (3).

Color, variedad y sabor.
Sorrentinos, ñoquis, lasagna, ravioles, tallarines, canelones, tartas, empanadas de verdura. Los sabores clásicos de jamón y queso, cuatro quesos o ricota, pero también especialidades como los sorrentinos de osobuco, de salmón o de vacío, los ravioles con masa de espinaca y rellenos de zapallo y queso. Canelones con verdura y seso. Tallarines tinta calamar. La lista es interminable y cada vez más tentadora.

«La verdad que tenemos una carta muy grande, muy amplia, y no damos abasto porque todo lo que hacemos, la gente lo pide. Lo que implementamos fue hacer algo especial por semana, por ejemplo sorrentinos de salmón o de vacío o ravioles con masa de espinaca. Eso va variando y se ofrece el viernes, por ejemplo. Tenemos diferentes tipos de masa y de relleno y la demanda es constante», dicen los responsables de un negocio que abre de lunes a lunes. Sí, sin descanso («si seguimos con este nivel de crecimiento vamos a tener que agregar una línea de producción a la tarde», admiten).

Y ese crecimiento se hizo tan notable que en noviembre pasado «Pasta y Basta» abrió su segundo local, un punto de venta en el corazón del barrio Empleados de Comercio (en Trenel 1705, casi Ferrando).

«Lucas nació y se crió en ese barrio, y de hecho nosotros vivimos ahí. Y la verdad que nos ofrecieron el alquiler y fue una decisión que tomamos bastante rápido, nos mandamos al frente con todo y por suerte está saliendo bien. Lo que sí, estamos en un punto de quiebre, de crecimiento aunque por supuesto eso no implica que vamos a cambiar nuestra receta artesanal. La idea es incorporar herramientas para agilizar y facilitar el trabajo».

Pertenencia.
Además de los dos locales propios, los productos (que también incluyen distintas salsas) de «Pasta y Basta» se venden en lugares como El Mercadillo, Patogallareta y la Esquina de tu Casa. Y en la cooperativa de Macachín.

«Tenemos muchos pedidos de Eduardo Castex, de Riglos, Doblas. De General Acha también, donde vive una señora que todos los meses manda un comisionista para que le lleve el pedido que nos hace. Para nosotros esas cosas son un motor, un mimo que te impulsa a seguir adelante porque el alma del emprendedor te lleva todos los días a eso, a superar tus miedos, tus dudas, y a meterle para adelante», destaca Ayalén y Lucas no deja pasar el detalle de que la materia prima que utilizan es, en su gran mayoría, de origen pampeano.

«Tenemos mucho sentido de pertenencia con la provincia y por eso compramos casi todo acá: la muzzarella es de Alpachiri, la harina de Pico, comprábamos los hongos en Albores Pampa, de Realicó, lácteos tenemos muchísimas empresas locales que nos proveen todo. De hecho fuimos de los primeros comercios chicos en vender la leche Mamuu cuando el gobierno la sacó al mercado», apunta Lucas sobre el armado y los condimentos de platos que son eso, recetas artesanales que llevan a un lugar, a un recuerdo, a una persona. Son pastas y son exquisitas. Y basta.