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Rico, pampeano y sin TACC

Natalia Ricca tiene una larga trayectoria emprendedora en la gastronomía, pero
cuando le diagnosticaron celiaquía tuvo que dar un giro brusco en su vida y así
nació “Mi Alfajor”, productos en el que cada ingrediente responde a una necesidad nutricional.


Como sucede con una buena cantidad de adolescentes cuando terminan el
secundario, Natalia eligió emigrar en busca de una carrera universitaria. Se instaló
en Córdoba para estudiar la Tecnicatura en laboratorios de análisis clínicos pero el
fallecimiento de su padre le modificó abruptamente el eje de vida que tenía en ese
momento. Regresó a Santa Rosa y empezó su primera reinvención.


“Mi inicio como emprendedora fue a los 18 años. Me tuve que volver de Córdoba
en 2006 y en principio desarrollé servicios de catering como proveedora del
Estado, específicamente en capacitaciones para el área de Salud y de Educación.
Después me animé a ir por más y me dediqué también a eventos sociales de toda
índole ofreciendo el servicio integral de organización y catering. Al mismo tiempo
hice varios estudios a distancia, entre ellos Bromatología y para rendir viajaba a
Gualeguaychú, en Entre Ríos. Después de tres años me recibí. Siempre me incliné
por el tema alimentación, yo aspiraba a estudiar Gastronomía pero era en la
universidad privada y mis viejos no me podían bancar”.


Natalia Ricca tiene hoy 33 años y es madre de tres niños de 12, 8 y 1 año. La
maternidad la llevó a enfocarse en esa tarea y el trabajo inicial fue perdiendo
fuerza. Pero en realidad solo tomaba carrera para lo que vendría después.
“Pasaron los años y debido a que mis tiempos eran compartidos con la maternidad
fui dejando los eventos. Me enfoqué en fechas especiales como Pascuas y las fiestas
donde lograba vender muy bien huevos de chocolate, roscas, pan dulces,
desayunos y picadas. Era una época donde había que ir a levantar pedidos porque
no teníamos la vidriera virtual de ahora con las redes sociales”.
Natalia y su espíritu inquieto se combinaron para estudiar el profesorado de Nivel
Inicial, una carrera que finalizó en 2017. “También se dio que estaba abrumada,
anotarme en la carrera fue como un ‘escape’ porque no paraba, cocinaba desde la
mañana hasta la noche y no tenía vida social ni nada. El cuerpo dijo basta, sufrí
problemas de salud y eso me asustó”. Y en ese momento también llegó otro giro
inesperado.


“Sobre el final del primer año de carrera me enfermé, empecé a perder peso de
manera abrupta y estuve sin poder hacer nada hasta que me diagnosticaron
Celiaquía. En ese entonces fue un renacer, un repensarme como persona con una
dieta particular libre de gluten y también como emprendedora debido a que no
podía seguir cocinando ni teniendo contacto con las harinas de trigo”. Unos meses
después de práctica y de interiorizarse en la dieta y cuidados, nació “Mi Alfajor”, un
emprendimiento único en la provincia.


“Es un alfajor hecho con almendras que las adquiero en Gobernador Duval y me
encargo de procesarlas para hacer la harina que compone la masa de los alfajores.
En este momento tengo 10 recetas que son de mi autoría y están con custodia
jurídica para inscribirlas en la Dirección Nacional de Derechos de Autor, que por el
tema de la cuarentena se ha retrasado”, cuenta con naturalidad Natalia en ese
camino de avanzar, encontrar frenos, y seguir.

“En un principio monté la fábrica con la esperanza de llevar a cabo todas las
certificaciones correspondientes para legitimar los productos ante el Anmat y
obtener así el logo que los identifica, pero no pude concluir ese plan por lo que
nuevamente tuve que darle un giro al emprendimiento. La fábrica llegó a distribuir
productos a muchos comercios de la ciudad, a particulares y como proveedora en
las canastas navideñas de Dafas. Pero por mi último embarazo, hace 2 años y
medio, decidí hacer una pausa en el proyecto y me aboqué a mi carrera como
docente”.


Cuarentena.


Como sucedió (y sucede) con gran parte de la población, la dramática irrupción de
la pandemia motivó a reiniciar gran parte de lo establecido. Y Natalia, que nunca
dejó del todo su costado gastronómico, volvió a su antiguo romance.
“Debido al Covid decidí volver al primer amor y relanzar el producto estrella que le
da nombre al emprendimiento ‘Mi alfajor’, que es el de almendras y que no tiene ni
trigo, ni avena, ni cebada o centeno. Por eso es sin TACC. Aproveché a hacerle un
cambio de imagen y a revalorizarlo. La cuarentena permitió que encuentre el
tiempo para hacerlo.


En este momento se ofrecen tres productos: Alfajor puro de almendras, Alfajor 50
% y Rolitos, estos últimos pensados para los niños y constan simplemente de unos
piononos rellenos de dulce de leche y con baño de chocolate en porción individual.
Están inspirados en la golosina "pic nic" pero con la impronta sin TACC”.
En este momento particular las ventas se hacen exclusivamente online y por
teléfono (Celular: 2954 331076) y se entregan a domicilio sin costo. También en
una cafetería céntrica se ofrecen los productos de Mi Alfajor para el consumo en el
lugar.


“Es un producto auténtico e innovador. Cada ingrediente responde a una necesidad
nutricional y están muy pensados, incluso la forma de adquirirlos, algunos de ellos
a otros emprendimientos pampeanos como Fincas de Duval. La forma de
elaborarlos difiere también de la tradicional y ese es un sello y secreto de autor”,
resalta Natalia, quien también se presta encantada al “ida y vuelta” con la clientela.
“La gente se comunica conmigo para consultarme tanto desde lo personal sobre
cómo viví la enfermedad, cómo me cambió la dieta y hasta por recetas,
asesoramiento o dudas. La verdad que eso me completa y me llena de satisfacción
poder ayudarlos. Por eso voy compartiendo recetas muy fáciles para que todos las
puedan hacer y no decaigan. Que sepan que cuentan conmigo”, dice Natalia, que ha
participado en distintas ferias de emprendedores en Toay o General Pico, y de ahí
nació el contacto y la relación con otros emprendedores pampeanos. “La miel, por
ejemplo, me la provee ‘Santa Teresita’, que es de Pico. También el integrarme a
‘Fusión y Arte emprende’ significó un gran empuje, es bueno sentirse acompañada
y empoderada con otros emprendedores, sobre todo en estos momentos tan
difíciles”.


¿Y cómo proyectás seguir con el emprendimiento?


“De a poco también voy incorporando el concepto de ‘low carb’ con harinas
alternativas como las de semillas y de frutos secos debido a que los celíacos no nos
curamos, estamos sanos con la dieta que es de por vida pero igual subimos de peso
o podemos sufrir de otras enfermedades como todos. Las recetas low carb
permiten no excedernos con los almidones y así mantener un índice glucémico

ideal en la dieta. Apunto a poder sostenerlo en el tiempo, en poder concluir los
registros y convertirlo en un producto regional”.

Un jardín en riesgo


Para Natalia no hay obstáculo que detenga su espíritu emprendedor, aunque
situaciones como la actual compliquen demasiado el día a día. “Con dos
compañeras nos asociamos y abrimos nuestro jardín maternal (Pequitos), el cual
ahora está pendiendo de un hilo como consecuencia de la pandemia. Dependemos
exclusivamente de las cuotas de las familias y la matrícula ha caído drásticamente
a un 80 % por lo que se nos está haciendo difícil mantenerlo abierto para el
regreso a la presencialidad. No estamos recibiendo ayuda debido a que no
empleamos personal. Somos nosotras tres las que hacemos dos turnos y cubrimos
las salas en carácter de socias. La verdad que va a ser muy difícil poder seguir así”.