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Rico, pampeano y sin TACC

Redaccion 08/08/2020 - 05.40.hs

Natalia Ricca tiene una larga trayectoria emprendedora en la gastronomía, pero

cuando le diagnosticaron celiaquía tuvo que dar un giro brusco en su vida y así

nació “Mi Alfajor”, productos en el que cada ingrediente responde a una necesidad nutricional.

 



Como sucede con una buena cantidad de adolescentes cuando terminan el

secundario, Natalia eligió emigrar en busca de una carrera universitaria. Se instaló

en Córdoba para estudiar la Tecnicatura en laboratorios de análisis clínicos pero el

fallecimiento de su padre le modificó abruptamente el eje de vida que tenía en ese

momento. Regresó a Santa Rosa y empezó su primera reinvención.

 



“Mi inicio como emprendedora fue a los 18 años. Me tuve que volver de Córdoba

en 2006 y en principio desarrollé servicios de catering como proveedora del

Estado, específicamente en capacitaciones para el área de Salud y de Educación.

Después me animé a ir por más y me dediqué también a eventos sociales de toda

índole ofreciendo el servicio integral de organización y catering. Al mismo tiempo

hice varios estudios a distancia, entre ellos Bromatología y para rendir viajaba a

Gualeguaychú, en Entre Ríos. Después de tres años me recibí. Siempre me incliné

por el tema alimentación, yo aspiraba a estudiar Gastronomía pero era en la

universidad privada y mis viejos no me podían bancar”.

 



Natalia Ricca tiene hoy 33 años y es madre de tres niños de 12, 8 y 1 año. La

maternidad la llevó a enfocarse en esa tarea y el trabajo inicial fue perdiendo

fuerza. Pero en realidad solo tomaba carrera para lo que vendría después.

“Pasaron los años y debido a que mis tiempos eran compartidos con la maternidad

fui dejando los eventos. Me enfoqué en fechas especiales como Pascuas y las fiestas

donde lograba vender muy bien huevos de chocolate, roscas, pan dulces,

desayunos y picadas. Era una época donde había que ir a levantar pedidos porque

no teníamos la vidriera virtual de ahora con las redes sociales”.

Natalia y su espíritu inquieto se combinaron para estudiar el profesorado de Nivel

Inicial, una carrera que finalizó en 2017. “También se dio que estaba abrumada,

anotarme en la carrera fue como un ‘escape’ porque no paraba, cocinaba desde la

mañana hasta la noche y no tenía vida social ni nada. El cuerpo dijo basta, sufrí

problemas de salud y eso me asustó”. Y en ese momento también llegó otro giro

inesperado.

 



“Sobre el final del primer año de carrera me enfermé, empecé a perder peso de

manera abrupta y estuve sin poder hacer nada hasta que me diagnosticaron

Celiaquía. En ese entonces fue un renacer, un repensarme como persona con una

dieta particular libre de gluten y también como emprendedora debido a que no

podía seguir cocinando ni teniendo contacto con las harinas de trigo”. Unos meses

después de práctica y de interiorizarse en la dieta y cuidados, nació “Mi Alfajor”, un

emprendimiento único en la provincia.

 



“Es un alfajor hecho con almendras que las adquiero en Gobernador Duval y me

encargo de procesarlas para hacer la harina que compone la masa de los alfajores.

En este momento tengo 10 recetas que son de mi autoría y están con custodia

jurídica para inscribirlas en la Dirección Nacional de Derechos de Autor, que por el

tema de la cuarentena se ha retrasado”, cuenta con naturalidad Natalia en ese

camino de avanzar, encontrar frenos, y seguir.

 

“En un principio monté la fábrica con la esperanza de llevar a cabo todas las

certificaciones correspondientes para legitimar los productos ante el Anmat y

obtener así el logo que los identifica, pero no pude concluir ese plan por lo que

nuevamente tuve que darle un giro al emprendimiento. La fábrica llegó a distribuir

productos a muchos comercios de la ciudad, a particulares y como proveedora en

las canastas navideñas de Dafas. Pero por mi último embarazo, hace 2 años y

medio, decidí hacer una pausa en el proyecto y me aboqué a mi carrera como

docente”.

 



Cuarentena.

 



Como sucedió (y sucede) con gran parte de la población, la dramática irrupción de

la pandemia motivó a reiniciar gran parte de lo establecido. Y Natalia, que nunca

dejó del todo su costado gastronómico, volvió a su antiguo romance.

“Debido al Covid decidí volver al primer amor y relanzar el producto estrella que le

da nombre al emprendimiento ‘Mi alfajor’, que es el de almendras y que no tiene ni

trigo, ni avena, ni cebada o centeno. Por eso es sin TACC. Aproveché a hacerle un

cambio de imagen y a revalorizarlo. La cuarentena permitió que encuentre el

tiempo para hacerlo.

 



En este momento se ofrecen tres productos: Alfajor puro de almendras, Alfajor 50

% y Rolitos, estos últimos pensados para los niños y constan simplemente de unos

piononos rellenos de dulce de leche y con baño de chocolate en porción individual.

Están inspirados en la golosina "pic nic" pero con la impronta sin TACC”.

En este momento particular las ventas se hacen exclusivamente online y por

teléfono (Celular: 2954 331076) y se entregan a domicilio sin costo. También en

una cafetería céntrica se ofrecen los productos de Mi Alfajor para el consumo en el

lugar.

 



“Es un producto auténtico e innovador. Cada ingrediente responde a una necesidad

nutricional y están muy pensados, incluso la forma de adquirirlos, algunos de ellos

a otros emprendimientos pampeanos como Fincas de Duval. La forma de

elaborarlos difiere también de la tradicional y ese es un sello y secreto de autor”,

resalta Natalia, quien también se presta encantada al “ida y vuelta” con la clientela.

“La gente se comunica conmigo para consultarme tanto desde lo personal sobre

cómo viví la enfermedad, cómo me cambió la dieta y hasta por recetas,

asesoramiento o dudas. La verdad que eso me completa y me llena de satisfacción

poder ayudarlos. Por eso voy compartiendo recetas muy fáciles para que todos las

puedan hacer y no decaigan. Que sepan que cuentan conmigo”, dice Natalia, que ha

participado en distintas ferias de emprendedores en Toay o General Pico, y de ahí

nació el contacto y la relación con otros emprendedores pampeanos. “La miel, por

ejemplo, me la provee ‘Santa Teresita’, que es de Pico. También el integrarme a

‘Fusión y Arte emprende’ significó un gran empuje, es bueno sentirse acompañada

y empoderada con otros emprendedores, sobre todo en estos momentos tan

difíciles”.

 



¿Y cómo proyectás seguir con el emprendimiento?

 



“De a poco también voy incorporando el concepto de ‘low carb’ con harinas

alternativas como las de semillas y de frutos secos debido a que los celíacos no nos

curamos, estamos sanos con la dieta que es de por vida pero igual subimos de peso

o podemos sufrir de otras enfermedades como todos. Las recetas low carb

permiten no excedernos con los almidones y así mantener un índice glucémico

 

ideal en la dieta. Apunto a poder sostenerlo en el tiempo, en poder concluir los

registros y convertirlo en un producto regional”.

 

Un jardín en riesgo

 



Para Natalia no hay obstáculo que detenga su espíritu emprendedor, aunque

situaciones como la actual compliquen demasiado el día a día. “Con dos

compañeras nos asociamos y abrimos nuestro jardín maternal (Pequitos), el cual

ahora está pendiendo de un hilo como consecuencia de la pandemia. Dependemos

exclusivamente de las cuotas de las familias y la matrícula ha caído drásticamente

a un 80 % por lo que se nos está haciendo difícil mantenerlo abierto para el

regreso a la presencialidad. No estamos recibiendo ayuda debido a que no

empleamos personal. Somos nosotras tres las que hacemos dos turnos y cubrimos

las salas en carácter de socias. La verdad que va a ser muy difícil poder seguir así”.

 



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