miércoles, 28 octubre 2020
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Sustento, un lugar en el mundo

Luego de vivir durante años una vida nómade por distintos puntos del planeta, Ezequiel Tueros y Ailín Carassay encontraron en «Sustento» un lugar para combinar un almacén natural con una alimentación saludable.

El impacto visual cuando se traspasa la puerta es inmediato. Pese a la variedad de productos la tentación de mirar cada detalle del lugar es más fuerte. La calidez, el buen gusto y la sencillez logran combinarse en un sitio donde la cocina es el eje pero todo a su alrededor gira dentro de un ambiente de tentación y de bienestar. De comodidad para elegir y llevarse, o de sentarse y disfrutar. De dejarse llevar por la seducción de los distintos sentidos a la hora de comer pero también de hacerlo de manera saludable. De eso se trata «Sustento».

«Desde que nos conocemos siempre soñamos con tener un proyecto en conjunto. En principio, gracias a tantos viajes, pensábamos en un hostel porque nos acostumbramos a cruzarnos con un montón de gente de todos lados, pero era difícil que Santa Rosa tuviera ese movimiento, así que la idea fue mutando. En Italia descubrimos los cafés, nos fuimos interesando más por la alimentación saludable, el vegetarianismo, y así creamos una carpeta virtual que se llamaba ‘Un posible bar’. Fuimos juntando ideas, fotos, planes.

Mirábamos todo con otros ojos hasta que finalmente se concretó, no pensábamos que iba a ser tan rápido porque en realidad la idea inicial era irnos otra vez», relata Ailín sobre el origen de un lugar en el que confluyen miradas, culturas, costumbres. Un lugar que congrega bastante de lo mucho que recorrieron quienes se ponen detrás del mostrador y se acercan a las mesas, las heladeras y las góndolas.

Ailín Carassay tiene 29 años y Ezequiel Tueros 31. Son santarroseños, arquitectos, pareja y emprendedores. Son los responsables de «Sustento», una tienda de comestibles que nació a fines del año pasado y que en su camino se fue transformando, mutando. Un lugar que era un frío taller mecánico de una concesionaria de autos y que hoy, en esa curvita de la calle Leguizamón 741 (antes de cruzar la avenida Ameghino), es un refugio para comer sano y rico, para darse un gusto o para pasar un buen rato.

«Ambos ya sabíamos quién era el otro por cruzarnos en Santa Rosa pero en realidad nos conocimos en Córdoba, cuando estudiábamos Arquitectura. En 2014 terminé la carrera y me fui un año a Nueva Zelanda mientras Ailín se fue dos años a Italia a terminar sus estudios. Después de un año nos encontramos en el sudeste asiático y luego ella se volvió a Italia y yo vine un tiempito para acá hasta que me fui a Italia. Fueron cuatro años viajando y hubo mucho tiempo separados y mucho tiempo juntos. Fue difícil en varios momentos pero eso también fortaleció el vínculo. Después estuvimos dos años en Australia y ahí era trabajar tres o cuatro meses a full y salías a viajar otros tres o cuatro meses con lo que ahorrabas. Gracias a eso conocimos muchísimo, anduvimos por todos lados», contó Ezequiel.

«Nos encantó sentir esa libertad, esa vida nómade es hermosa, pero llega un momento en que pesa, ese no lugar te agota también, te cansa no tener tu espacio. Es un arrancar de vuelta todo el tiempo y entonces te dan ganas de frenar un poquito y sentar una base», describe Ailín sobre la otra cara de vivir subidos a un tren, un avión o un colectivo. De hacer dedo y parar ante lo desconocido antes de entrar al Google Maps.

«Además uno busca vivir el día a día y llega un momento en que te quedás sin recursos económicos y trabajás de lo que salga. Y nos dimos cuenta de que no habíamos trabajado nunca de nuestra profesión, de lo que estudiamos», resalta Ezequiel.

Desafío

Ese choque de realidades, de sentimientos, de ganas, no tenía una respuesta clara, por eso cuando volvieron a la provincia la idea era arrancar otra vez. «Pero apareció este lugar y nos gustó el desafío de cómo estaba el edificio y las características que tenía. Lo hablamos y sentimos que no teníamos nada que perder y así emprendimos. Santa Rosa tenía un montón de lugares vacantes para ocupar y Sustento fue creado como tienda natural y café saludable. El bar surgió de manera acelerada, eran un montón de cosas que queríamos poner en juego, una mitad para espacio multiuso y otra mitad almacén. También queríamos que hubiera conferencias, charlas, música, intercambios, ya sea cultural, de conocimiento, lo que sea. Hoy finalmente es una tienda natural con un bar saludable».

La idea inicial se transformó a partir de una señal inequívoca, la demanda de la gente. «Cuando arrancamos, hicimos un evento y después vino la gente y se sentó, no teníamos ni sillas ni cubiertos y hubo que responder a eso. Se amplió a bar porque la gente lo quiso, encontramos un espacio que combina todo esto y la gente se siente cómoda. Temíamos cómo sería que vos estés comiendo y al lado alguien esté haciendo las compras, pero fue lo mejor que nos pudo pasar».

En «Sustento» no cambia el precio: sale lo mismo llevarse una vianda que sentarse a comerla. «Lo que llevás, lo podés tener en la mesa, el precio es el mismo. Por ahí pasa que nos piden una copa de vino y nosotros ofrecemos que lo descorche y después se lleva la botella. Antes por ahí daba vergüenza salir con una botella abierta abajo del brazo para ir a tu casa, pero son cosas que cambiaron».

Solución sana

Tartas integrales, sandwiches de pan de masa madre, variedades de ensaladas. Un almacén con todo tipo de comestibles -muchos de producción pampeana- naturales y saludables (también hay productos de cosmética natural, por ejemplo) que abre a las 8 de la mañana hasta las 14.30 y desde las 17.30 hasta la nochecita. Desayunos, almuerzos o meriendas. Horarios en tiempos de pandemia aunque con las ganas de volver al bar nocturno, sobre todo en tiempos primaverales.

«Cuando uno está trabajando y con poco tiempo, por ahí busca lo primero que encuentra y no siempre es lo más sano, está bueno dejar de ver que porque tengo hambre como cualquier cosa. Acá encontrás una solución rápida, accesible en precio y saludable. No usamos azúcar ni harinas blancas, tampoco sal común, está prohibido el frito, no usamos cereal procesado y tenemos muchísimas opciones veganas y vegetarianas».

Ailín y Ezequiel aseguran que después de manejarse tanto tiempo con la mirada a corto plazo hoy los planes se extienden al mediano plazo. Tener el sustento diario para comer es una necesidad humana irremplazable, pero como dicen ellos «si vas a tomarte ese tiempo en cocinar y en comer, lo podés aprovechar no solo para comer sino también para alimentarte». Y esa parece ser la receta más recomendable cuando se piensa en el sustento de cada día.

Mercado sustentable

El emprendimiento de Ezequiel y Ailín tiene «un enfoque sustentable. Embolsamos las cosas en bolsas de almidón, no usamos la bolsita de nylon, promovemos que los clientes traigan sus envases y reciclamos frascos que nos traen. Además de vender alimentos, este es un lugar de consumo consciente. Nunca nos imaginamos que en Santa Rosa podía funcionar pero nos sorprendimos: hay mucha gente en esa sintonía y se vuelca a eso», destacaron en un lugar donde vale la pena detenerse en cada detalle estético y de ambientación.

«Recolectamos por todos lados cosas que estaban en desuso y sin vida útil. Fuimos a un remate del María Auxiliadora y trajimos un montón de cosas. Cuando la gente empezó a venir después nos trajeron cosas viejas que tenían en la casa. Todo eso nos encanta y todavía tenemos muchísimo para desarrollar».