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Una maestra repostera

CLAUDIA DE DIEGO HACE EXQUISITECES BIEN PAMPEANAS

Los “Morochos” son alfajores gourmet que se caracterizan por un sabor delicioso, ideales para darse un mimo o regalar.

Desde hace 30 años que ejerce su profesión delante del pizarrón y de los pupitres. Una
docente que, como cualquiera, atravesó distintos momentos y que hoy, pandemia mediante, tuvo que adaptarse a la nueva época. Claudia de Diego siempre trabajó de lo que le gusta pero cuando afrontó un momento de crisis, supo ver una oportunidad y empezar otro camino, el de emprendedora del sabor.

“En el 2017 tenía un cargo docente titular y uno suplente, ese año había una gran falta de
trabajo y era muy triste porque a esta altura de la vida, cuando sos mamá sola y con hijos
estudiando afuera; la verdad que se me re complicó, fue terrible y en julio de ese año me
enfermé a raíz de problemas con el sistema nervioso. Mi hijo que estudia en Bahía Blanca justo estaba acá y estaba muy preocupado. Cuando fui mejorando y estaba en reposo no paraba de pensar qué podía hacer, yo sabía hacer tortas, pero las hacía y no las cobraba, no me lo tomaba de una manera comercial”, cuenta Claudia (53 años) sobre el origen de sus Morochos, un nombre simpático y que en realidad encierra una sigla.

“En principio planifiqué en hacer algo más chico que las tortas y pensé en alfajores de maicena, pero lo descarté enseguida porque mi amiga del alma ya hacía así que no iba a hacer lo mismo. Un domingo me levanté y estuve todo el día probando. Cuando estuvimos convencidos con mi hijo de la receta lo empecé a hacer, hicimos una página y la gente nos empezó a comprar y a pedir. Fue increíble”, recordó Claudia, mamá de cuatro hijos.

Los “Mo.ro.chos”, que en realidad son Momentos Rotundos de Chocolate, cobraron vida y
tomaron vuelo. Pasó un tiempo y Claudia retomó a full su tarea docente, por eso hubo un freno. “Hasta que en marzo de este año, con todo este cambio obligado en el mundo, la gente que me compraba me empezó a preguntar si no los hacía, así que empecé de nuevo. Ya con mi hija que trabaja en gastronomía, y haciendo un trabajo lo más completo posible en todo aspecto de lo que es la presentación y demás”.

Autóctono

Los Morochos tienen un trabajo ciento por ciento artesanal. Claudia los hace de un tamaño que invitan a compartirlos y el sabor de la galletita, del dulce de leche, del chocolate; los hace únicos e irrepetibles. Se pueden comprar individuales o por cajas (vienen de a 8 unidades y con variedad) y se incluyen negros, blancos, con naranja y con nuez. Macerados varios días al cogñac, un secreto de una receta irresistible.

Claudia trabaja en su casa y toma pedidos en el WhatsApp (2954) 531044. También se
consiguen en Marinelli, sector regalería, y dos vinotecas santarroseñas (BocaNegra y El Tonel) los sumarán a su oferta de productos. Además, la gestión de un crédito para
microemprendimientos en el municipio le permitirá adquirir un horno que facilite su tarea ante una demanda que no para de crecer.

“Creo que este momento bisagra que atravesamos como humanidad a partir de la pandemia hizo que la gran mayoría de nosotros vuelva a su esencia, a sí mismo, a su familia, a su lugar; entonces hay una demanda de lo autóctono, de lo que se hace acá. La gente que me escribe yo ni la conozco y vienen, tocan el timbre, y se llevan sus alfajores. Eso es muy valioso y hay muchísima gente dedicándose a hacer cosas por su cuenta”, resalta Claudia, la responsable de unos Morochos gourmet que entran por los ojos y se disfrutan en el paladar. Un momento rotundo para pasarla bien a puro sabor artesanal.

Claudia De Diego dueña de alfajores Morochos