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«Vale Max» se dedica hace décadas a la venta de repuestos para transporte de carga

Oscar Beneitez se dedica desde hace décadas a la venta de repuestos pero en un rubro muy específico, el de los acoplados de camión. «En «Vale Max» tiene todo lo necesario para una actividad esencial que nunca descansa.

«Si un camionero se quedó en Chacharramendi y necesita un repuesto, sabe que me puede llamar en cualquier momento porque lo voy a atender, y no le voy a cobrar ningún sobreprecio ni nada aunque sea un sábado a la noche o feriado. Yo crecí gracias a los clientes entonces se merecen que los atienda», dice con simpleza Oscar y no ofrece ni el más mínimo motivo para desconfiar de esa afirmación. Es evidente (y lo dice) que en ese lugar se siente a gusto y que los repuestos son lo suyo. Sobre todo si se trata de acoplados, el rubro donde viste el traje de un verdadero experto.

Manuel Oscar Beneitez tiene 67 años recién cumplidos y la edad de su documento se contrapone por completo con la energía que demuestra detrás del mostrador. «Acá tengo desde el tornillo más chiquito hasta la masa, hay disponible cada pieza del sistema de frenos. Trabajo todas las marcas y el cliente sabe que va a encontrar lo que viene a buscar. El de los acoplados es un rubro bien específico y por eso no es tan complicado como el de los autos por ejemplo».

Beneitez nació en Doblas pero a los 6 meses ya estaba en Santa Rosa. Cuando cursaba en el colegio secundario surgió la posibilidad de ir a Miguel Riglos para trabajar en el campo familiar y allí no solo hizo sus primeras tareas en el ámbito rural sino que también se convirtió en un férreo marcador de punta futbolístico, con la 4 en la espalda.

«En ese momento la gente de Riglos tenía un conflicto con la asociación Centro Sur así que armaron un campeonato con Villa Maza, Saliquelló, Tres Lomas, y yo jugué todo ese tiempo, fue una época muy linda y en ese momento ya arranqué con una arenadora y una gomería. También hacía algo de herrería así que me la fui rebuscando».

A principios de los ’80 trajo ese trabajo a un local cerca de la zona donde está hoy (en la avenida Circunvalación y Poblador Desconocido) y desde entonces supo construir un lugar que es de paso vehicular pero con detención obligada cuando se trata de repuestos.

«Seguí con la arenadora y la gomería pero en el ’90 ya empecé a inclinarme por los repuestos. En el ’95 con un amigo conformamos una sociedad y pusimos ‘Repuestos ArBe’ (por Arletti y Beneitez) pero nos agarró la crisis de 2001 y nos ‘planchó’. Yo me quedé con algo de repuestos y seguí con la arenadora, pero cuando creció lo de los repuestos la arenadora se la dejé a los empleados. Yo tenía un camión y la 1050 me lo llevó (en referencia a la circular que emitió el Banco Central en plena dictadura militar, cuando José Alfredo Martínez de Hoz era ministro de Economía, y que dejó a muchos tomadores de créditos hipotecarios sin nada por las altísimas tasas de interés que debieron pagar), pero de ahí es que me gustan mucho los fierros y lo que es reparación de cajas y los acoplados. A eso le fui metiendo mucho trabajo y pude ir creciendo», detalla Beneitez sobre una trayectoria comercial y laboral que, como la gran mayoría de quienes atraviesan su vida en el país, está marcada por las distintas crisis económicas de cada época.

«Las pasé todas, nuestra economía es como una montaña: un día estás en el pico, otro en la meseta y otro bien abajo del todo, pero si le metés para adelante siempre hay una oportunidad. Y además me gusta estar acá todos los días, me crié entre camiones y estar hoy atendiendo cada requerimiento que te hace un cliente me da mucha satisfacción».

Esencial.
Más allá de crisis económicas y malos momentos, «Vale Max» también sabe sobreponerse a una pandemia mundial que ya supera con amplitud el año de duración. Y es que Beneitez fue incluido dentro de los rubros esenciales para los momentos de mayor confinamiento cuando solo circulaba el transporte que no puede parar.

«Ese movimiento nunca frena, entonces los repuestos tienen que estar. Tengo como clientes a Aguas del Colorado, a la APE (Administración Provincial de Energía), a las dos dependencias de Vialidad, tanto Nacional como Provincial, a Camuzzi porque los camiones que vienen con gas me transforman en proveedor. A la Cooperativa también aunque no tienen tantos camiones sino más camionetas, los colectivos, hay todo un mapa del rubro que necesita sí o sí que tenga los repuestos y por eso acá no falta nada. Lo bueno es que las marcas nacionales de acoplados tienen la misma masa y el mismo bolillero así que con que tengas ese surtido está bien», grafica.

Sistema de bujes, fuelles de la suspensión neumática, bolilleros, lanzas para el enganche. Beneitez recorre su local y en cada estante aparece lo necesario, lo imprescindible. Y explica la función de cada repuesto con las mismas ganas que sabiduría. No importa si pasan camiones de origen brasileño, chileno o de otro país del continente. En Vale Max, lo que buscan, lo encuentran.

«Esto funciona mucho con el boca a boca porque si un camionero se queda varado camino a 25 de Mayo o por Chacharramendi o por General San Martín, otro frena, lo asiste y lo manda para acá. Y si tienen mi teléfono saben que me pueden llamar en cualquier momento, a mí eso no me produce ninguna molestia y está bueno poder dar una mano porque es recíproco, ellos me la dan a mí como clientes entonces es lo mínimo que puedo hacer».

Un motor.
Para Oscar el horizonte laboral sigue abierto, trabaja junto a su yerno pero cada mañana, asegura, se levanta con las ganas y la fuerza de un acoplado para ponerse detrás del mostrador. «Mientras el cuerpo y la cabeza me den, le voy a seguir metiendo porque para mí esto también es un motor y no hablo solo de lo económico, es tener todos los días las ganas de prestar un servicio», cuenta quien, cuando quiere tomarse un respiro, lo hace arriba de una estructura con motor y armada con fierros.

«Me gusta mucho hacer travesías en cuatriciclos, somos un grupo que cuando se puede salimos a distintos puntos y paisajes del país y es espectacular. Es un cable a tierra que te deja cansado el cuerpo cuando volvés, pero la cabeza te la renueva totalmente, a cero kilómetro», describe Oscar sobre su pasatiempo favorito, siempre sobre ruedas y con el repuesto necesario para, si hay problemas, seguir en el camino.