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«Volcano»: un volcán de sabor

«Hay cubaniiitooooo, relleno con dulce de leche, hay cubaniiii!!», se escucha como un mantra en la playa y hasta el mate que espera en el bolso parece dibujar un gesto de aprobación. Los chicos enseguida dirigen sus miradas, los jóvenes ya los planean para la ronda de amigos y los adultos apenas pueden disimular las ganas. El clásico argentino de la arena y el mar siempre se reinventa y el baño de chocolate agrega exquisitez a un producto hecho para paladares golosos. Una receta que es mucho más que una moda.

Y si bien para quienes viven en Santa Rosa y otros puntos de la provincia suena a rareza conseguir esa especie de cigarros largos que en lugar de humo desbordan dulce, «Volcano» tiene la respuesta exacta a esa demanda.

«Mi hija me venía insistiendo desde hace un año que acá no había cubanitos y que iba a andar bien. Nos agarró la pandemia así que empezamos a hacer y ofrecer. Al principio vendíamos una docena, dos, a veces ni una, pero en poco tiempo explotó. Aún no podemos creer la respuesta que tuvimos», cuenta Darío sobre el inicio de un emprendimiento que aún no llegó al año de vida pero que ya tiene una trayectoria de gran crecimiento y expansión.

Darío Schachtel tiene 41 años, es bahiense y un extenso y esforzado currículum emprendedor. «Antes de venirme a Santa Rosa manejaba un camión de contenedores de obra, pero también manejé ambulancias, transportes de cargas, palas retroexcavadoras, compré y vendí autos, fui taxista, tuve un kiosco. He hecho de todo en mi vida, siempre rebuscándomela porque hay que vivir», describe y cada comentario lo acompaña con una sonrisa. Darío cuenta también que es hijo único y que fue adoptado a los pocos meses de nacer.

«Yo nací en Chimpay y mi familia es de Chichinales, todos se dedican a trabajar en la fruta. Mi viejo fue a trabajar a un galpón en la producción de ajo y ahí me adoptaron. A los 17 ya trabajaba de preventista, solo completé la escuela primaria, me fui haciendo en la calle y a mi familia de origen la conocí cuando tenía 30 años», recordó el creador de ese carrito que todas las tardes abre su ventana en la esquina de Raúl B. Díaz y avenida Alvear, en el terreno del ferrocarril, para ofrecer unos cilindros rebosantes de dulce.

«En Bahía hay más de 100 carritos que ofrecen cubanitos, pero acá no es algo habitual, se consume mucha factura de panadería, churros, pasteles, pero no cubanitos. Brisa (su hija de 18 años, Stefanía tiene 13) siempre me decía que teníamos que vender así que el 30 de mayo del año pasado arrancamos. Después de unos días empezamos a vender cada vez más y hoy tenemos un promedio de unas 600 docenas vendidas al mes», asegura Darío que ofrece el cubanito clásico (solo relleno con dulce de leche) y las variedades de bañados en chocolate negro o en chocolate blanco.

Expansión.
Darío está en pareja con Anahí Moyano que es oriunda de Jacinto Arauz y quien lo convenció hace tres años de que se mudaran a Santa Rosa. «Ella se recibió de farmacéutica, le salió una oportunidad laboral y nos convenía venir. En la medida en que la venta de los cubanitos fue creciendo ampliamos nuestros planes: vendimos un auto de mi mamá que estaba parado en un garage y con eso y unos ahorros compramos el carrito. Lo abrimos hace seis meses y no es un food truck porque no dan las medidas, está habilitado como venta ambulante así que puedo estar acá en la vía o ir a la laguna. También podemos ir a eventos privados o recitales, pero todo eso está parado por la pandemia».

La intención de «Volcano» siempre fue instalarse en la plaza San Martín («es el lugar más transitado por lejos») pero no obtuvo la autorización. Sin embargo, el crecimiento nunca se detuvo. Y aparecieron nuevas bocas de expendio.

«Una chica de Toay que es amiga de mi pareja empezó a vender desde su casa y los fines de semana comparte un carro con otro emprendimiento. Por suerte le está yendo re bien y lo mismo un chico de Catriló: nosotros ponemos la materia prima, la marca, la difusión y solo hay que trabajarlo. Funciona como una franquicia y nuestro próximo objetivo es abrir en General Pico, la idea es generar trabajo, que haya muchas bocas de expendio de Volcano. Ahora también abrimos en un almacén saludable de la calle Garibaldi 362, es un punto de venta en el que conseguís lo mismo que hacemos acá», explica Darío que apura las palabras para subirse a su utilitario recién comprado para hacer el reparto de cada día.

Un volcán.
«Cuando llueve se vende mucho, pero es cuando no conseguimos cadetes. La gente se sorprende cuando nos conoce y se acerca a probar algo que no están acostumbrados a ver y consumir en esta ciudad. Lo bueno es que ahora no hay que esperar al verano e ir a alguna playa para comer cubanitos, los tenés acá nomás», dice Darío y muestra en una sola frase su mejor veta vendedora.

«Volcano» abre todos los días de 16 a 20 y vende unas 22 docenas diarias. También hacen entrega a domicilio y ofrecen promociones: si en una docena se incluyen cuatro de cada especialidad, hay un descuento («la idea es mover todos los productos, que se vendan más o menos parejo aunque la gente prefiere el clásico y el de chocolate negro», admite Darío).
La minipyme consume 160 kilos de dulce de leche semanal para suministrar esa materia prima a cada punto de venta que tiene en la provincia y junto a Darío trabaja Ingrid, encargada de rellenar cada pedido rebosante de sabor.

«Cuando llegó el momento de elegir el nombre pensamos que tenía que ser original, queríamos transmitir algo y se nos ocurrió Volcano porque representa al cubanito en una palabra: es un volcán de dulce de leche», describe Brisa, impulsora con su insistencia de un emprendimiento que no tiene olas y sombrillas como paisaje pero sí el mismo sabor de un clásico que se disfruta a cualquier hora y en cualquier lugar.