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El radioteatro: un género que acompañó a los argentinos a través de los años

En el centenario de la radio como medio de comunicación en Argentina, el tradicional formato de radioteatro ostenta su vigencia: Radio 10 incluye a Nora Cárpena con un ciclo los sábados a las 22, la AM 750 emite otro ideado y dirigido por Marina Glezer los sábados a las 23 y Radio Nacional enarbola su tradicional «Las dos carátulas», conducido por Nora Massi, que acaba de cumplir 70 años en el aire y se emite los domingos a las 22.30.

En el siglo que ya ha transitado la radiofonía en el país, el radioteatro fue un género esencial entre la década de 1930 y finales de los 50, tiempo del que aún quedan sobrevivientes de un lado y del otro de los micrófonos.

Pero hay incluso una prehistoria, que puede reconstruirse en base a datos recopilados por gente interesada en el tema.

Se habla de un intento del actor Francisco Mastandrea, quien hacia 1929 creó «Una hora en la pampa» –otros hablan de «La caricia del lobo»- un programa con diálogos y pequeños relatos camperos, música en el mismo estilo y bastantes improvisaciones, como sucede cuando aún no se tiene total dominio del medio.

Más seguridades hay sobre «Chispazos de tradición», aparecido en 1930 de la mano de Andrés González Pulido, un español muy cuestionado por la intelectualidad de entonces por «chabacano» y que logró un éxito arrollador con historias que tenían continuidad, muy populares, con personajes estereotipados a fondo, episodios increíbles y actuaciones exacerbadas entre las que no faltaban los llantos y los alaridos.

Mientras Homero Manzi «masacraba» a González Pulido desde la revista Micrófono, la ciudad se detenía a las 18, su horario de emisión; la compañía de teléfonos constataba que las comunicaciones eran más escasas y algunos comercios de la zona céntrica instalaban receptores para no perder clientes.

«Chispazos» fue una revolución en la publicidad (cantada), las revistas comenzaron a publicar artículos sobre la vida personal de los intérpretes, los oyentes se agolpaban en la puerta de la radio para verlos y finalmente, armada una compañía, se largó a presentarse en teatros, cines y locales públicos suburbanos, donde su llegada era un acontecimiento social.

Según reseñaba el recordado Zelmar Gueñol: «En ‘Chispazos de tradición’ todo es burdo, carnavalesco, inauténtico. Folclóricamente, si es que tiene algunas raíces de la tradición que invoca, son endebles parodias de cualquier regionalismo argentino; híbridas, toscamente indefinidas y hasta falsas; como su lenguaje, sus cadencias, su psicología, sus caracteres».

El éxito del radioteatro argentino promovió que en Chile, Uruguay y Perú se intentaran producciones similares, destinadas a un público masivo y popular, mayormente femenino. En «La tía Julia y el escribidor», Mario Vargas Llosa memora a un tal Pedro Camacho, que existió en la vida real y era un libretista boliviano de radionovelas que trabajaba en Lima.

Otro ejemplo de asuntos populares fue Juan Carlos Chiappe –admirado luego por Leonardo Favio-, introductor de personajes característicos y también de la temática tanguera, con títulos como «Por las calles de Pompeya llora el tango y la Mireya», que recogían y abultaban para la radio los asuntos del sainete criollo.

Todo se hacía en vivo pero no estaba permitida la asistencia de público para evitar perturbaciones y, es de presumir, para que nadie supiera que los apasionados besos de los intérpretes se daban en la propia mano ni que los efectos de sonido –especialidad de Nicolás Catalán y sus descendientes- eran producidos con objetos absolutamente cotidianos.

En los 40 aparecieron los asuntos familiares, ya agotado el caudal gauchesco y en atención a los cambios sociales en la ciudad y el país: los libretistas eran la también periodista Silvia Guerrico, Adalberto Campos, el comisario Ramón Cortés Conde, Zeneida Yaya Suárez, el poeta Roberto Valenti –creador de «El león de Francia»- y Abel Santa Cruz, quien a los 14 años escribió una historia para Chela Ruiz y Horacio Delfino.

OTROS GENEROS.

Hubo radioteatros de género policial, deportivo, para chicos -«Poncho Negro», «Las aventuras de Sandokán»- con un capítulo especial para «Tarzán», con César Llanos como protagonista, Mabel Landó como su compañera y Oscar Rovito como Tarzanito.

En el rubro romántico, «Teatro Palmolive del aire» reunía a Hilda Bernard y Oscar Casco, con relatos de Julio César Barton, donde el galán le decía a su amada «mamarrachito mío», y al mismo tiempo aparecía una autora, Nené Cascallar, especialista en sentimientos femeninos, que alargó su trabajo hasta consagrarse en televisión con títulos esenciales.

Si bien el género familiar comenzó antes, el hito fundamental fue «Los Pérez García», a partir de 1940, que se emitió por Radio El Mundo durante tres lustros y hasta tuvo una versión en el cine.

Actuaban Martín Zabalúa, Sara Prósperi, Perla Black (luego Celia Juárez y Pepita Férez), Jorge Norton, Nina Nino y la adolescente María de los Ángeles Ibarreta. El ciclo desarrollaba diariamente las problemáticas de cada uno de los miembros de la familia, al punto de que con el tiempo, el habla popular acuñó el dicho «¡Vos tenés más problemas que los Pérez García!».

La masiva irrupción de la televisión menguó la cantidad y el impacto del género que, sin embargo, mostró sus bríos de la mano del emblemático Alberto Migré (1931-2006), quien en 2003 y 2004 recuperó a fuerza de pasión y voluntad el género radioteatral con el ciclo «Permiso para imaginar», que iba los domingos por la noche por LR3 Radio Belgrano.

En esa persistencia, Gustavo Campana, subdirector artístico de Radio Nacional, señaló a Télam Radio que «hubo algunas situaciones maravillosas. Yo recomiendo mucho un trabajo del año 2010 de Radio Provincia transformando en radial: ‘El Eternauta'».

Sobre la persistente experiencia de «Las dos carátulas» que el 9 de julio celebró 70 años de actividad en Nacional, Campana apuntó que «en realidad no es un radioteatro al estilo de ‘Chispazos de tradición’, al estilo de los textos de Juan Carlos Chiappe, es teatro por radio, que no es lo mismo que el radioteatro».

«‘Las dos carátulas’ son los clásicos llevados a formato radial que funcionó como un campo de experimentación inicial de Norma Aleandro, de Alfredo Alcón, de muchísimos de los grandes de la escena argentina», abundó el funcionario.

Nora Massi, quien dirige desde hace años esa experiencia teatral frente a los micrófonos, dijo a Télam que «nuestro catálogo es muy amplio; de los clásicos griegos pasa por la comedia costumbrista, el grotesco, el vodevil, la tragedia, el drama o una combinación de géneros. Eso es el atractivo del ciclo, su repertorio».

«A esa premisa que sostenemos acerca de que el teatro es la historia de la humanidad, en ‘Las dos carátulas’ se le une la calidad y el aporte que hacen figuras y primerísimos actores, sumados a los técnicos y locutores que son palabras mayores, por lo menos en Radio Nacional», subrayó en ocasión del último aniversario. (Télam).