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«Justicia para el pequeño Gabriel»: el calvario de un niño y las falencias de los servicios sociales

La apuesta de Netflix por los casos criminales más resonantes de los últimos tiempos parece tener buen resultado.

El éxito de las docuseries de la plataforma, sobre casos reales, con desenlaces trágicos, atrapa de manera desmedida a los amantes de las historias.

Y uno de los mejores ejemplos es la docuserie estadounidense «The Trials of Gabriel Fernández («Los juicios de Gabriel Fernández» o «Justicia para el pequeño Gabriel» en América Latina).

SERIE.

La serie es corta. Tiene seis episodios pero muy intensos.

Fue creada por el documentalista estadounidense Brian Knapeenberger que hizo un trabajo impecable junto a estudiantes de periodismo de investigación de la Universidad de Berkeley y el Common Sense Media.

EL FISCAL, SU HISTORIA Y LA POLEMICA.

Cada episodio tiene un hilo conductor. Se trata del fiscal del caso, Jonathan Hatami, quien, para sorpresa de muchos, en ese momento, pidió la pena de muerte para los acusados del brutal asesinato del niño de 8 años.

Los acusados eran nada menos que la mamá del pequeño Gabriel, Pearl Fernández, y su novio, Isauro Aguirre.

La serie atraviesa la historia del fiscal que hasta abre su propia casa, muestra a su familia, y recuerda que de niño sufrió abuso doméstico de su padre lo que quizás fue lo que lo motivó para ir contra los sospechosos e involucrarse de lleno en el caso.

ESTILO.

El trabajo es un documental con aires de serie: un relativamente nuevo estilo que Netflix puso en tapete y le dio muy buen resultado. No obstante, la crítica apuntó a la plataforma y a sus realizadores por darle a casos escalofriantes, crímenes o tragedias un frívolo fin de entretenimiento.

«Don’t Fuck With Cats», «Aaron Hernández» o «Conversaciones con asesinos: Ted Bundy» son algunos de los ejemplos más recientes.

QUIEN ERA GABRIEL FERNANDEZ.

El hecho, que conmocionó a todo el mundo, ocurrió en Palmdale, al norte de Los Ángeles.

«La serie documental, de seis episodios, profundiza más allá de los abusos sufridos por el niño y pone de manifiesto los fallos de un sistema que no pudo evitar el peor desenlace», describe la BBC.

La historia de Gabriel desgarra desde el comienzo cuando, acota una crítica de Infobae, según sus familiares, su madre no lo quería tener.

Y aunque finalmente siguió adelante con el embarazo, cuando nació el bebé, lo dejó en el hospital.

Fueron los abuelos quienes lo recogieron. Empezaba así un periplo que le hizo conocer distintos hogares, siempre con miembros de su familia.

UN AÑO CRUCIAL.

Pero todo cambió a partir del 2012 para Gabriel.

En ese momento, su madre, lo llevó a su casa para poder cobrar las prestaciones del Estado.

En esta vivienda también vivían Ezequiel y Virginia sus hermanos también menores de edad.

Con el traslado de casa llegó también un cambio de escuela donde conoció a la profesora García quien fue la primera en contactar a las autoridades sobre las diversas situaciones de abuso infantil que veía en su alumno.

El pequeño Gabriel empezó a llegar a clases sin alguno mechones de pelo, con costras en su cuero cabelludo, los labios hinchados, moretones por todo el cuerpo y hasta con lesiones causadas por disparos de pistolas de aire comprimido.

García insistió en sus denuncias a servicios sociales y algunos miembros de la familia, preocupados, también pidieron ayuda. Agentes de la oficina del alguacil del condado visitaron el apartamento en varias ocasiones, una de ellas pocos días antes de la paliza final, pero siempre creyeron lo que les decía la madre y no comprobaron el estado del niño.

ALERTA SPOILERS.

Durante el desarrollo de la serie documental se llega al peor final que pudo ser evitado, según sus propios familiares, si los cuatro asistentes sociales encargados del caso hubieran hecho su trabajo.

El 22 de mayo de 2013, la madre y el padrastro de Gabriel, Isauro Aguirre, llamaron a urgencias porque el niño no respiraba. Habían pasado ocho meses desde que se fue a vivir con ellos. 

El resultado fue el más macabro: Gabriel fue hospitalizado y falleció al poco tiempo producto de las heridas y el calvario vivido con su madre y su novio.

La Justicia llevó al banquillo de los acusados a su madre, su novio y a los cuatro asistentes sociales que finalmente fueron sobreseídos. Uno de los asistentes sociales accedió hablar con los realizadores para contar cómo cambió su vida tras la muerte de Gabriel. Se lo pudo ver en iglesias practicando la religión evangelista.

Aguirre, en tanto, fue sentenciado a muerte y espera ejecución en el penal de San Quintín, en California. Tras conocer ese veredicto, Fernández decidió declararse culpable, con lo que evitó la celebración de un juicio y la pena de muerte. Fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.