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Detenta casi el 13% del país

LA AVENA PAMPEANA EN 2019 TUVO UNA PRODUCCION DE 71.910 TONELADAS

La gente de campo prefiere las avenas sobre el resto de los verdeos invernales ya que cuentan con cultivares más tolerantes a heladas y enfermedades. El segundo destino de la avena es la producción de granos, donde parte de los mismos son conservados para su posterior uso como simiente
Juan José Reyes
A pesar de los vaivenes climáticos que atravesó el territorio provincial durante el año que finalizó (sequía, calores, vientos y encharcamientos), uno de los principales verdeos de invierno, como lo es la avena, llegó al 12,6% del global del país que trepó a 571.630 toneladas. La Pampa con 71.910 toneladas obtenidas en 47.100 hectáreas cosechadas (se perdieron 166.800 sembradas) tuvo un rendimiento de 1.527 kilos por hectárea.
Si bien en La Pampa la fertilización es una herramienta imprescindible para aprovechar el potencial productivo de los verdeos no hay que olvidar que el éxito es consecuencia de un manejo agronómico integral. Allí intervienen otros factores además de los nutricionales (labranzas y selección de especies) que deben ajustarse para alcanzar altas disponibilidades forrajeras.
El período invernal que se aproxima, es una limitante de los sistemas ganaderos basados en recursos pastoriles, máxime cuando el perfil de humedad en el suelo no es el adecuado. La utilización de gramíneas en esta época del año permite solucionar el problema, sin embargo, para producir en cantidad y calidad el manejo debe ser eficiente, pues la fertilización es una herramienta clave. Cuando llueve, la fertilización de los verdeos invernales para alcanzar alta productividad es una rutina para el productor, en cambio la cuestión se complica cuando el ciclo húmedo tarda.

Cultivo forrajero.
Entre los cultivos forrajeros con mejores posibilidades para adecuarse a los virulentos cambios climáticos pampeanos se encuentran los cereales de invierno, siendo la avena y el centeno (aquí La Pampa es la mayor productora del país) las especies de mayor importancia teniendo en cuenta el panorama varietal y difusión que presentan.
Según el INTA, el cultivo de avena, ha experimentado una continua declinación en tanto que la producción si bien manifestó una tendencia similar, resultó de menor magnitud, dado que aumentó el consumo humano producto de un cambio en los hábitos de alimentación, relacionado con la incorporación a las dietas de más fibras y menos calorías.
En La Pampa en la década de los 80′ se alcanzaron valores de áreas sembradas y cosechadas muy importantes, comportamiento que obedeció a que la avena es un cultivo fácil de producir y de almacenar, pero fundamentalmente al hecho de ser considerado por nuestros productores como una excelente alternativa dada su plasticidad y su multiplicidad de usos.
Para los productores ganaderos su principal destino es la utilización como verdeo invernal. La gente de campo prefiere las avenas sobre el resto de los verdeos invernales ya que cuentan con cultivares más tolerantes a heladas y enfermedades, además de poder sembrarlas a fines de verano y más tardíamente a fines de invierno, en este último caso con posibilidades de cosecha granífera, para consumo animal o destinándose para la elaboración de heno en rollos y fardos.
Según la fecha en que se efectúe la siembra se puede catalogar como siembras tempranas, siembras intermedias y siembras tardías. Cada productor lo hará acuerdo a la necesidad de forraje que le fija el sistema productivo adoptado.
Aquí la avena 2020 se sembró desde principios de febrero y finalizó a fines de marzo.
En pasadas campañas nuestra provincia obtuvo producción de hasta 226.400 toneladas (2004/05); 215.230 (2001/02) y 200.100 en la siembra 2000/01 con rendimientos que alcanzaron hasta las 1971 kilogramos por hectárea en la última referenciada.

En granos también.
El segundo destino de la avena es la producción de granos. Parte de los mismos son conservados en los establecimientos agropecuarios para su posterior uso como simiente. Para el INTA «si se considera una densidad de siembra de 100 kg/ha, y se parte del supuesto de que toda la semilla fiscalizada se comercializa en la campaña, se llega al siguiente resultado: como promedio de las últimas 10 campañas de solo el 3,8% de la superficie implantada con avena habría sido sembrada con semilla fiscalizada».
Un dato muy preocupante, porque el valor tecnológico de una semilla está en la información genética que porta, la cual permite obtener cultivos con mayores posibilidades de conseguir rendimientos crecientes y diversas resistencias. El resto de la semilla que se recolecta es utilizada como forraje para consumo animal. Se estima que el volumen de granos destinados a tal fin supera holgadamente los tonelajes reservados por el productor para ser utilizados como simiente.
Otra práctica común en La Pampa es la compra o canje de semilla y/o grano entre productores. También se la utiliza con destino industrial para consumo humano. De su molienda se obtiene avena arrollada, harina y salvado de avena. Los países del este europeo encabeza el ranking de producción mundial, aportando el 40% de las coberturas y el 28% de la producción.

Requerimiento climáticos.
Es considerada una planta de estación fría, localizándose las mayores áreas productivas en los climas templados más fríos (zona centro sur de La Pampa), aunque posee una resistencia al frío menor que la cebada y el trigo. Es una planta muy sensible a las altas temperaturas sobre todo durante la floración y la formación del grano. Además es muy exigente en agua por tener un coeficiente de transpiración elevado, aunque le puede perjudicar un exceso de humedad.
Las necesidades hídricas de la avena son las más elevadas de todos los cereales de invierno, por ello se adapta mejor a los climas frescos y húmedos. Así, la avena exige primaveras muy abundantes de agua, y cuando estas condiciones climatológicas se dan, se obtienen buenas producciones.
Es muy sensible a la sequía en la formación del grano. Es una planta rústica, poco exigente en suelo, pues se adapta a terrenos muy diversos. Prefiere los suelos profundos y arcillo-arenosos, ricos en cal pero sin exceso y que retengan humedad, pero sin que quede el agua estancada. Es frecuente que la avena sea un cultivo muy poco cuidado, tanto en labores preparatorias como en abonado.
Sin embargo, si se abonara y preparara el terreno con más esmero, la avena sería capaz de producciones relativamente altas, sobre todo en años de primaveras lluviosas. La cantidad de semilla empleada es muy variable y va desde una dosis corriente de 100 a 150 kg/ha. La densidad de siembra óptima en avena de invierno es de 250 plantas /ha. En siembras de primavera la densidad es de 300-350 plantas/m2.

Enemigos íntimos.
La avena es afectada casi en la mayoría de las campañas agrícolas por la llamada «roya de la hoja», con carácter severo en algunos lotes de producción. Aquella disminuye la cantidad y calidad del forraje usado como invernal tanto en La Pampa como en territorio bonaerense, aunque también en Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. En el país se siembran casi 1,4 millones de hectáreas pero se cosecharon apenas 238.166 hectáreas, de las cuales más del 60% se destina a consumo animal en pastoreo directo o como heno.
La presencia de la Avena fatua, hospedante natural del hongo y las condiciones climáticas favorables en otoño-invierno, favorecen la aparición y desarrollo de la enfermedad. La producción de avena se redujo en los últimos años en un 50% debido a los ataques anuales de la «roya de la hoja» aunque otro factor importante es la competencia por precios y superficie con el cultivo de trigo o su competidor la cebada.
Si bien el INTA recomienda el uso de cultivares con cierto grado de resistencia a la enfermedad hasta las altamente resistentes, la producción sigue en caída. Pero sin dudas que el proceso de sojización de la última década en La Pampa ha atentado en su crecimiento. Es más en la actual campaña gruesa 2019/20 a punto de finalizar ya se pronostican aquí 1,33 millones de toneladas de soja y 1,7 millones de toneladas de maíz.
En efecto, el aumento de la producción sojera y últimamente del maíz se dio principalmente mediante el incremento de la superficie destinada a su cultivo. De esta forma, se sustituyeron otras producciones o destinos de la tierra. Por ejemplo, se redujeron las áreas dedicadas a la actividad tambera, a la ganadería vacuna y fundamentalmente a la producción de avena.