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El 6,6% vive en el campo

INFORME: UNA RADIOGRAFIA DEMOGRAFICA DE LA PAMPA

En la actualidad, unas 70.200 personas o el 20 por ciento del total de habitantes de La Pampa viven del campo. Pero la verdadera población rural, es decir la que reside en el área rural, llega apenas a las 23.100 personas.
Juan José Reyes
Según el Indec, la UCA y los datos aportados por UATRE la población rural pampeana en 2019 aminoró su caída después de tres décadas debido a las mejores cosechas y el auge ganaderos. Quienes viven del campo (dueños de la tierra, arrendatarios, aparceros y crianceros) llegan a 70.200 personas (20% del total de habitantes). Aunque, la verdadera «población rural», es decir la agrupada en localidades de menos de 2.000 habitantes o que se encuentra dispersos en campo abierto apenas trepan a las 23.100 habitantes (6,6% de la provincia), lo cual representa una caída del 4% con respecto a 2018 cuando había 22.176 personas en esa condición de residencia.
En tanto, hubo 31 pueblos de economía rural absoluta en los que cayó su población en el período analizado. Esto es contando 91 localidades que hoy existen en los 144 mil kilómetros cuadrados del vasto territorio pampeano. Las caídas más pronunciadas fueron en Hucal con el 85% de baja, Naicó (-65,5%), Colonia San José con (-31,9%) y Trebolares con el 12,5 por ciento de disminución.
También alcanza a municipios y comisiones de fomento como Mauricio Mayer que decreció un 11,7%, Villa Mirasol (-9,6%), Unanue (-9,9%), Colonia Santa Teresa (9%), Loventué (8,8%), Colonia Barón (única ciudad con más de 2 mil habitantes) con una pérdida del 7,2%, Rucanelo (-6,6%), Doblas (-5,4%), Caleufú (-4,3%) y Telén con el 4,1 por ciento.

Vivir y no residir.
Si se analiza la población del campo pampeano, se destaca que en el sector rural aislado reside poco más del 6 % de la población total (23.100 habitantes). Además, continuó el fenómeno de despoblación del sector, si bien en el último intervalo intercensal el número de trabajadores que vive del campo pernocta allí (creció un 12 %) debido a la gran cosecha 2018-19 y fundamentalmente al auge exportador ganadera y la mayor demanda de los frigoríficos.
En el medio rural que comprende las poblaciones de hasta 2.000 habitantes reside el 10% de la Población Económicamente Activa (PEA) del sector agropecuario. Se constata que a nivel de la PEA rural dispersa, más del 50% está constituida por trabajadores independientes y trabajadores familiares no remunerados, especialmente mujeres que trabajan en actividades safráticas (interregnos entre cosecha fina y gruesa) y hasta niños que colaboran ilegalmente en las tareas.
Estudios realizados en los últimos años mostraron que las mejores cosechas y el surgimiento de los feedlots han impedido que la gente siga abandonando su lugar de residencia. Sin dudas que con la crisis económica en la mayoría de las poblaciones pampeanas frente a un clima húmedo afectó a positivamente los márgenes brutos de la agricultura extensiva, de la ganadería vacuna de exportación, en tanto afectó negativamente al resto del subsector rural de subsistencia en el oeste provincial tanto a los crianceros como aparceros por la problemática hídrica.

No todos se van.
El último Censo de Población y Vivienda realizado en el año 2010 relevó hace una década atrás que en un total de 11.200 explotaciones rurales que ocupaban 14,34 millones de hectáreas, con una superficie de aptitud agrícola importante de 2,73 millones de hectáreas, es decir menos del 20% del total del territorio pampeano.
El asentamiento de la población agrícola (la que vive habitualmente de las explotaciones agropecuarias) trepó a 58.656 personas (un 17% del total poblacional -324.000 personas-, y un 95% de los residentes en el área rural -16.381 personas que residen en poblaciones de menos de 2.000 habitantes o en el área rural propiamente dicha-).
Dicho relevamiento permitió constatar que en el decenio 2002-2012 se detuvo el proceso de desaparición de explotaciones agrícolas que venía registrándose persistentemente desde 1995 hasta la crisis terminal de 2001. No ocurrió lo mismo con la población agrícola, que si bien continuó disminuyendo, habiéndose reducido en algo más de un 15% entre 1970 y 2013 y en un 11% entre 1991 y 2011, el proceso de reincorporación de personas a la economía rural se siente fuerte cuando las situación del campo mejora si bien es sabido que el campo es un factor de producción demandante de capital y no de empleo. Sin embargo no sucedió igual con los trabajadores permanentes, que entre igual período intercensal analizado, cayó más del 11 por ciento.

Educación.
Si se analiza la estructura de la PEA por nivel educativo en la tasa intercensos del Indec 2019, el 70% de la fuerza de trabajo residente en zonas rurales dispersas cursó hasta Primaria completa o menos. En las localidades urbanas entre 500 y 2.000 habitantes dicha proporción baja sensiblemente al 23%, un tercio de lo que sucede en la zona rural dispersa.
En La Pampa la educación rural es una de las modalidades del sistema educativo de los niveles de educación inicial, primaria y secundaria destacados a nivel nacionales pues garantizan el cumplimiento de la escolaridad obligatoria a través de formas adecuadas a las necesidades y particularidades de la población que habita el campo. Ni que hablar del mejoramiento en los niveles secundarios y del innegable aporte a la educación terciaria que hace la UNLPam desde sus facultades de Veterinarias en General Pico, Agronomía y Ciencias Exactas y Naturales, además de haberse extendido a varios lugares en el territorio provincial (25 de Mayo, General Acha y Eduardo Castex).
En términos de estructura laboral por categoría de ocupación, se destaca como elemento diferenciador de los sectores urbanos, una fuerte presencia de trabajadores no remunerados (17%) y que en su mayoría son mujeres, y trabajadores independientes. Ambas categorías explican más del 50% de la economía de las zonas rurales en La Pampa.
Si bien existe más y mejor información sobre la pobreza urbana que sobre la rural, los análisis indican que la pobreza, medida por el nivel de ingresos en déciles, no se encuentra en las zonas rurales sino en los suburbios de las dos grandes ciudades. Las carencias medidas por indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), en cambio, señalan que las zonas rurales presentan importantes déficits, aunque en algunos casos es posible que los mismos respondan más a pautas culturales que a dificultades objetivas para obtener bienes y servicios básicos.
Estas carencias tampoco pueden ser adjudicadas a factores explicables enteramente por el ingreso, ya que se han detectado sectores relativamente amplios de hogares con ingresos holgados que también las presentan, pero en este caso refieren a los dueños de la tierra, a arrendatarios, cabañeros, tamberos, acopiadores y contratistas agrícolas que, como se explicó, en su mayoría reside en las dos grandes urbes de la región.
Los últimos datos dan cuenta de un mejoramiento de la población rural, pero como siempre depende del bienestar económico del campo. Seguramente en el cuadrángulo noreste después de los vaivenes climáticos que la afectaran en las campañas 2017/2018 esa vuelta al campo en la campaña pasada a amainado la caída, sin embargo en la zona centro-sur se nota un fuerte crecimiento poblacional en las ciudades y un descenso brusco en las zonas rurales.