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La Pampa tiene 44 empresas inscriptas

SEMILLAS: MARCO REGULATORIO CON REGISTRO DE COMERCIO Y FISCALIZACION

La semilla constituye la clave de los mayores rindes en el campo, por lo cual es tarea de los comercializadores de semillas poner a disposición del productor agropecuario local la genética que les permita mantener su nivel de competitividad tanto a escala nacional como internacional.
JUAN JOSE REYES
Promediando el año se conoció oficialmente desde el Instituto Nacional de Semillas (Inase) que 44 empresas agropecuarias pampeanas están oficialmente inscriptas en el Registro Nacional del Comercio y Fiscalización de Semillas. Allí deben inscribirse quienes importen, exporten, produzca semilla fiscalizada, identifiquen, procesen o vendan semillas. Asimismo la norma establece que la transferencia a cualquier título de semillas con el fin de su comercio, siembra o propagación por terceros sólo podrá ser realizada por persona inscripta quien, al transferir una semilla, es responsable del correcto rotulado de la misma.
Desde hace cinco años rige un nuevo marco regulatorio en la comercialización de semillas como imposición de las multinacionales y la cajoneada «Ley de Semillas» que le debe el Congreso a los productores. Sin embargo, el Inase avanza con distintos operativos de control para desarticular la venta ilegal de la «bolsa blanca» en el campo. Refiere a la comercialización no fiscalizada de semillas de soja y trigo, según el organismo pues «afecta la inversión de las empresas en tecnología». La ilegalidad es sancionada económicamente y dos casos muy recientes en La Pampa han sido la venta de semillas de soja en «bolsa blanca» y el de la alfalfa transgénica. También hubo diez inspecciones a comercios que vendieron semillas sin estar inscriptos: sin dudas que falta un urgente tratamiento político de temas como uso propio y fiscalización de semillas, inversión en tecnología, regalías en genética y biotecnología, control del comercio de semilla y granos, y finalmente una nueva Ley de Semillas.

Las más reconocidas.
En nuestra provincia hay 44 empresas rurales inscriptas en el Registro, de las cuales 14 de ellas son de General Pico; 4 de Santa Rosa y 3 de Catriló e Ingeniero Luiggi respectivamente. El resto (19) pertenecen a otras localidades como Quemú (1); Riglos (2); Macachín (2); Alta Italia (2); Realicó (2) y Guatrache (2) entre otras. Entre las de mayor predicamento y economías de escala aparecen Petrosurco, el Centro de Acopiadores de Cereales, Fedea y Pelayo en General Pico; Cereales Quemú (Quemú Quemú); Agrotec y la UNLPam en Santa Rosa; Brandeman, Macagno y Mayacó en Eduardo Castex; Casa Alarcia en Macachín; Citadini en Intendente Alvear; Trimag en Riglos y Lartirigoyen en Catriló, entre tantas otras. Dentro de las cooperativas, asociadas a la Asociación de Cooperativas Agropecuarias (ACA) se destacan la Esteban Piacenza de Alta Italia; Trabajadores Unidos de Anguil; Agrícola Ganadera de San Martín, Atreucó Cooperativa Agropecuaria de Macachín y la Cooperativa Agropecuaria de Miguel Riglos. También existe el Registro de Usuarios de Semilla (RUS) desde el Inase, con el fin de contar con información precisa respecto a la utilización, superficie, destino y manejo de las semillas sembradas por el productor agrícola, ya sea ésta fiscalizada o de propio uso. Solo en La Pampa para el cultivo de soja se ha recibido la información que se han inscripto para la presente campaña más de 1.581 productores de los casi diez mil en el país. Pero más allá de las 44 firmas inscriptas en La Pampa, lo importante es la transparencia de nuestro comercio semillero local, lo cual no implica decir que aún faltan muchas otras teniendo en cuenta que en la provincia hay 7.778 explotaciones agropecuarias (Eaps) a lo largo de 11.535.008 hectáreas que cultivan trigo, soja, maíz, girasol, cebada y sorgo. Hay inscriptos en el en el RUS 2.321, es decir el 29% del total. De los inscriptos, el 36,3% factura el límite interpuesto por el organismo fiscal para informar origen de semilla de soja y trigo, es decir que hubo 843 cumplidores de las normativas oficiales.

Ventas en aumento.
La semilla constituye la clave de los mayores rindes en el campo, por lo cual es tarea de los comercializadores de semillas poner a disposición del productor agropecuario local la genética que les permita mantener su nivel de competitividad tanto a escala nacional como internacional. En la última cosecha 2018/19 se movilizaron (hasta el mes de abril) a través de la provincia 32.400 toneladas de semillas, es decir unas 449.772 bolsas. De ellas, 104.737 fueron de maíz (23,3%), 11.244 bolsas de sorgo (2,5%), 87.180 bolsas de girasol (19,4%), 43.493 (7,6%) bolsas de trigo (originales y multiplicados), 4.491 (1%) bolsas de lino (originales y multiplicados), 140.778 bolsas de soja (31,3%), 21.858 bolsas de semillas forrajeras (4,86%) y otras 28.314 bolsas de otros granos implantados en las praderas pampeanas.
El actual stock de semillas que se comercializan en la región cosecha tras cosecha trepan a una suma estimada en más de 1,1 millones de toneladas (sólo es fiscalizada un tercio de ellas) marcando un crecimiento frente a la campaña anterior de un 18%. En semillas, todos creen que es necesario estar al tope de la tecnología para que la empresa rural pueda avanzar. El comercio de simientes aquí se encuentra conformado por 116 empresas. El trigo pan, maíz, girasol, sorgo, forrajeras y soja son las semillas de mayor relevancia comercial. En inferior escala aparecen el centeno, avena blanca y amarilla, cebada cervecera y forrajera, como también la comercialización de semillas para los verdeos invernales (avena, centeno, triticales y vicias), los verdeos estivales (sorgos forrajeros, maíz, mijo común y moha de Hungría) y pasturas perennes (pasto llorón, alfalfa, festuca, agropiro criollo, cebadillas, tréboles de olor y trébol rojo). Con respecto a los cultivos forrajeros pampeanos, la mayor parte corresponde a la alfalfa y particularmente a la destinada a la producción de semilla fiscalizada.

Negocio en pocas manos.
La certificación de semillas es un proceso de control oficial. Comienza en el control del origen de la semilla que se siembra, continúa con la inspección de los lotes de producción y la cosecha, y finaliza en el acondicionamiento, embolsado y rotulado de la semilla. Además, recibe controles administrativos, de las exigencias del cultivo en campo y en laboratorio, de la semilla finalmente precintada en envases. Esto promueve la investigación para la mejora genética y el desarrollo de la tecnología. Garantiza calidad, pureza genética, poder germinativo, sanidad, homogeneidad del lote y trazabilidad de la semilla. El productor encontrará la semilla certificada adecuadamente identificada mediante un rótulo oficial en envases u otros contenedores autorizados. Sin dudas que la fiscalización está avalada por las investigaciones en el mejoramiento de los cultivos, que han seguido adelante a pesar de la creciente ilegalidad del mercado, permitiendo a los productores adquirir una importante base genética. Cierto es que el agricultor puede reservar «del grano» producido en su propio campo una parte como semilla para otras campañas. La lucha entre los monopolios mundiales de provisión de semillas (obtentores) y la parte de la producción local que queda como reserva para el productor sigue siendo muy fuerte. La certificación de semillas es un proceso de control oficial. Comienza en el control del origen de la semilla que se siembra, continúa con la inspección de los lotes de producción, la cosecha y finaliza en el acondicionamiento, embolsado y rotulado de la semilla. Las regalías por todo concepto de propiedad intelectual (germoplasma + eventos biotecnológicos) deberían cobrarse solamente al momento de adquirir la semilla, es decir no podrían percibirse en ninguna otra circunstancia. Cierto es que el agricultor puede reservar «del grano» producido en su propio campo una parte como semilla para otras campañas.