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La venta de semillas creció un 12%

CAMPAÑA 20/21: SE COMERCIALIZARON CASI 450 MIL BOLSAS EN LA PAMPA

Las semillas movilizaron miles de millones de pesos y dólares a través de la venta de más de 32 mil toneladas fiscalizadas, entre 26 mil graníferas y 6.500 forrajeras, según el Inase.
JUAN JOSE REYES
La comercialización de semillas es un negocio multimillonario en todo el campo pampeano, máxime con la aparición de nuevos híbridos a partir del notable avance biotecnológico. Moviliza aquí miles de millones de pesos y dólares a través de la venta de 32.400 toneladas de semillas fiscalizadas (26 mil graníferas y 6.500 forrajeras) según el Instituto Nacional de Semillas (Inase). Ello implica que se comercializaron en esta campaña 449.722 bolsas de simientes en La Pampa, con un aumento del 12% respecto de la campaña pasada. Aquí sólo el 30% de las semillas implantadas son certificadas y con marca, 50% es ilegal (bolsa blanca) y 20% pertenece a la producción propia del chacarero de la región.
En mayo pasado, la Secretaría de Comercio Interior y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia objetó la fusión de dos empresas líderes en ventas de semillas de girasol en el país, Syngenta y Nidera, y convocaron a ambas firmas a disponer de medidas que mitiguen los efectos de concentración económica que esa fusión genera en el mercado de las semillas. Por la adquisición a nivel internacional de la semillera China Cofco por parte de Syngenta, ésta pasó a controlar Nidera. A su vez, hace 4 años, Syngenta, una empresa con sede en Suiza, fue comprada en U$S 43.000 millones por ChemChina, una de las tres mayores firmas de productos químicos en el mundo. Syngenta y Nidera actúan en la investigación y desarrollo de variedades de híbridos de soja, trigo, maíz y girasol y en la producción y comercialización de semillas. Syngenta lidera el mercado comercializador argentino de semillas y detenta entre el 40% y 45% de las operaciones. En cambio Nidera es la segunda operadora del mercado, con 15% y 20%, para el primer y segundo tramo.

La Pampa crece.
La semilla constituye la clave de los mayores rindes en el campo, por lo cual es tarea de los comercializadores de semillas poner a disposición del productor agropecuario local la genética que le permita mantener su nivel de competitividad tanto a escala nacional como internacional. En la última cosecha 2020/21 se movilizaron (hasta el mes de mayo) a través de la provincia 32.400 toneladas de semillas, es decir unas 449.772 bolsas. De ellas, 104.737 bolsas fueron de maíz (23%); 11.244 de sorgos (2,5%); 87.180 de girasol (19,4%), 43.493 (7,6%) de trigos (originales y multiplicados); 4.491 (1%) de linos (originales y multiplicados); 140.778 de soja (31,3%); 21.858 de semillas forrajeras (4,86%) y otras 28.314 bolsas de otros granos implantados en las praderas pampeanas.
El actual stock de semillas que se comercializan en la provincia trepa a una suma estimada en más de 1,2 millones de toneladas (sólo es fiscalizada un tercio de ellas) marcando un crecimiento frente a la campaña anterior de un 12%. En semillas, todos creen que es necesario estar al tope de la tecnología para que la empresa rural pueda avanzar. El comercio de simientes se encuentra conformado por 116 empresas. El trigo pan, maíz, girasol, sorgo, forrajeras y soja son las semillas de mayor relevancia comercial. En inferior escala están el centeno, la avena blanca y amarilla, cebada cervecera y forrajera, como también la comercialización de semillas para los verdeos invernales (avena, centeno, triticales y vicias), los verdeos estivales (sorgos forrajeros, maíz, mijo común y moha de Hungría) y pasturas perennes (pasto llorón, alfalfa, festuca, agropiro criollo, cebadillas, tréboles de olor y trébol rojo).
Respecto de cultivos forrajeros domésticos, la mayor parte corresponde a la alfalfa y particularmente a la destinada a la producción de la semilla fiscalizada. Además, la semilla es el resultado de la reproducción sexual de la planta, por lo que el nuevo espécimen que crezca será ligeramente distinto de las plantas de las que ha surgido. Sin dudas que el simiente contiene, además del embrión, nutrientes claves en los campos pampeanos.

Concentración al palo.
La Ley de Semillas hasta ahora vigente en la Argentina se promulgó en 1973. En lo relativo a la propiedad intelectual, la norma reconoce a quien obtiene una nueva variedad de semilla (el «obtentor») el derecho exclusivo para su explotación comercial por un lapso determinado. Según los datos provistos por Comercio Interior, de las semillas de girasol que se producen en Argentina el 5% (unas 170.000 toneladas) se destina a exportación; otro 5% se destina a semillas, balanceados y otros; y el 90% (unas 3 millones de toneladas) se utiliza en el crushing (molienda) de girasol para la elaboración de aceites y harinas. Sin dudas que la fiscalización está avalada por las investigaciones en el mejoramiento de los cultivos, que han seguido adelante a pesar de la creciente ilegalidad del mercado, permitiendo a los productores adquirir una importante base genética.
Según la Federación Agraria Argentina (FAA), organización que nuclea a los pequeños productores agropecuarios, algunas empresas pretenden controlar todos los eslabones de la cadena bajo argumentos ajenos a la Ley de Semillas. Según indicaron, el derecho de Uso Propio Gratuito está consagrado en la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas y en UPOV 78, y actualmente está siendo vapuleado por la industria semillera y se advierte que el Inase debería actuar.
Las regalías por todo concepto de propiedad intelectual (germoplasma + eventos biotecnológicos) deberían cobrarse solamente al momento de adquirir la semilla, es decir no podrían percibirse en ninguna otra circunstancia. Cierto es que el agricultor puede reservar «del grano» producido en su propio campo una parte como semilla para otras campañas. La lucha entre monopolios mundiales de provisión de semillas y la parte de la producción local que queda como reserva para el productor será despiadada. Todo un gran negocio en donde los productores son los clientes de aquellos grandes pulpos de la biotecnología. Todos se preguntan si podrá sostenerse este nuevo escenario. En La Pampa existen varias experiencias de familias y organizaciones que producen, multiplican y conservan semillas nativas o criollas, y que ejercen un cuidado activo de la diversidad de cultivos. Pero la mayoría de ellas siente que desarrolla esa actividad de modo ilegal, al margen de la Ley de Semillas que desde hace años busca ser modificada, pero siempre pone el acento en el cuidado de la propiedad intelectual de los obtentores de las nuevas variedades. La propia Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) planteó que la «diversidad de las especies vegetales se ve amenazada por la ‘erosión genética’, un término acuñado por los científicos para referirse a la pérdida de genes individuales o combinaciones de genes, como los que se encuentran en las variedades nativas adaptadas a nivel local».