“Para el desarrollo, una mirada compleja”

Para el especialista en extensión y desarrollo Hugo Erbetta, "la posta es la complejidad". Cree que la innovación debe trabajar a partir de que desde una mirada estratégica se negocie con las demandas, con el fin de que éstas no hagan lo que quieran en los territorios.
Hugo Erbetta es director académico de la Maestría en Extensión Agropecuaria que dirigen en conjunto la Universidad Nacional del Litoral y el INTA Regional Santa Fe -con sede en la localidad de Esperanza-. Ex decano de la Facultad de Agronomía y Veterinaria y Ciencias Agrarias de la misma universidad por dos períodos, visitó la ciudad de Santa Rosa para trabajar junto a otros profesionales en una auditoría dentro del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Anguil.
Es uno de los principales especialistas en la temática de extensión y desarrollo rural de nuestro país.
En este reportaje, Erbetta se refiere a los cambios que se han producido los últimos años respecto a la enseñanza y práctica de la extensión en Argentina y Latinoamérica. Afirma que hoy en día la extensión tiene la obligación de mirar desde la "complejidad" los procesos vinculados al desarrollo y, en ese sentido, habla del rol que deben cumplir investigadores y extensionistas. Además, destaca que en el medio de los vaivenes sociales, políticos y económicos de la historia reciente de nuestro país, "el INTA fue una institución muy inteligente".
P.: ¿Cuál es el aporte que realiza hoy un extensionista a la problemática del desarrollo?
H.E.: -En la problemática del desarrollo, la producción puede jugar un papel adentro. La del extensionista es el aporte de una mirada que a veces se logra, otras no, de gente que pueda mirar y trabajar sobre la complejidad, entonces aportar juicios críticos es importante. Está bien que se trabaje con quienes tengan la capacidad de generar ganancias, pero también hay que mirar la problemática de quienes a veces tienen problemas estructurales; hay pequeñas y medianas empresas y mini pymes y está bueno hacerles el aporte de que puedan generar su propia dignidad productiva, tener la posibilidad de que puedan tener sus propios proyectos. Por eso, el extensionista es un motivador, un facilitador de procesos de desarrollo y para eso hay que tener una cierta formación.
P.: -Usted ha trabajado mucho con el INTA, que es generadora de extensionistas. ¿Cómo cree que está posicionado hoy el Instituto?
H.E.: -Por mucho tiempo vimos en el INTA un paradigma transferencista, tecnicista, productivista puro y respondió a una época. Ahora lo que le ha pasado y bienvenido es, es que comenzó a criticarse esta forma. Ahora el paradigma que están viviendo los impele a trabajar mucho más fuertemente con las organizaciones en el territorio, a reconocer que son unos actores más del desarrollo y por lo tanto a acordar agendas con los organismos públicos, las organizaciones privadas, hacerlo al amparo de las políticas públicas, también.
El INTA tiene mucha fortaleza para buscar los equilibrios internos, porque si la transformáramos como cualquier institución política sería un zafarrancho. Creo que a lo largo del tiempo, son organizaciones sabias que han desarrollado gran capacidad de adaptación y asunción de cosas, pero sobre todo guardan los equilibrios. Tuve que trabajar en un diagnóstico rápido para ver cómo había evolucionado la extensión, y está muy claro que al fin del 89 se firmó el Consenso de Washington y muy claro que -o casualidad- a partir de los 90 todo el mundo quería privatizar los servicios de extensión en un mandato continental; hoy el debate en otros países es cómo volvemos a tener un sistema donde el Estado tenga un rol mayor, porque hay lugares donde la asistencia técnica y la extensión a los productores está desarrollada por proyectos que se licitan. El INTA fue muy inteligente y armó el esquema de Cambio Rural por un lado y se armó el programa de minifundios, programas que se adaptaron a una situación donde la picota les corría por la garganta. Es el único instituto de América que logró zafar del mandato continental, revisarse y seguir. Hoy lo miran todos y le preguntan cómo hicieron. Y fue un equilibrio interno porque el gobierno le decía otra cosa.
P.: ¿Cree que desde la actual política pública se tiene la intención de avanzar en extensión con este paradigma de mirar las complejidades?
H.E.: -Yo creo que sí, que hay una decidida intención de hacerlo. Hay que empezar a hablar de sistemas de innovación donde los actores juegan distintos roles en distintos momentos y de acuerdo a la necesidad de la demanda. Me parece que la innovación debe orientarse y resolver dos cuestiones, uno, la demanda, pero no cualquier demanda, hay que sistematizarla y negociarla. Pero también deben, esas demandas, traccionarse en el medio de una mirada estratégica. A mí me parece que eso es el futuro, aprender desde una mirada prospectiva, a empezar a poner lo estratégico y ver cómo se puede organizar a la demanda.
P.: ¿Porqué pareciera que la investigación continúa trabajando sin contemplar la extensión y la multidisciplinaridad?
H.E.: -Hay que entenderlo desde la historia. INTA, Conicet, INTI han desarrollado áreas de investigación sumamente prestigiosas para el mundo y tiene que haber equilibrio; hay investigadores que debieran seguir haciendo eso, estando siempre uno o dos años por delante de cuando se vaya a producir la demanda, eso tiene que ver con la soberanía científica del país. Hoy, a nivel institucional, hay coexistencia paradigmática, hay procesos y hay construcciones que hay que dar. Ese investigador que va dos años más allá debe saber que quien está al lado y hace extensión, forma parte de un mecanismo y un proceso.
Andrea M. D’Atri
Redacción de La Arena.