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Edición del 20/7/2013
Toxinas en trigos y harinas
En el marco de la puja por el precio de la harina y el pan, casi no se ha hablado de que la mayor parte del trigo disponible de la última cosecha y para elaborar panificados, en Argentina, está atacado por un hongo que puede producir importantes problemas de salud.

Inés Solá, licenciada en Ciencias Químicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y jefa de coordinación de Toxicología y Nutrición del INTI Agroalimentos, confirmó a La Arena del Campo que casi toda la harina disponible en el mercado argentino está contaminada con una toxina generada a partir de fusarium de la espiga, y que un consumo alto de productos con harina de trigo, -tal como ocurre en nuestro país-, puede generar problemas de salud tanto en humanos como en animales.
"Es conocido en el campo el ataque de fusarium, un patógeno vegetal que estropea las cosechas y se ve fácilmente en las espigas blanquecinas, por eso se llama golpe blanco del trigo. La enfermedad es conocida por los productores, pero lo importante es que hay un porcentaje muy grande de trigo atacado por el hongo. Esta ultima cosecha tuvo condiciones climáticas propicias para que fusarium creciera y produjera ataques en grandes cantidad, y además de que la calidad panadera fue afectada y el rendimiento fue menor, los granos que sí fueron cosechados llegaron afectados por el fusarium", comenzó explicando Solá. Luego, amplió sobre el proceso que genera el ataque de esta enfermedad: "El hongo se muere, pero las toxinas que el hongo produjo durante su crecimiento en el grano quedan en el grano, son metabolitos químicos muy resistentes a las temperaturas y a los procesos de elaboración de alimentos, entonces lo que quedó en el grano de toxina va a estar en la harina y en todos los productos que se elaboren con harina de trigo, entonces acá viene el problema tanto para el consumo humano como para animales".
-¿Cuál es la gravedad de esta situación?
I.S.: -Hay que tener en cuenta que fusarium crece en todo el mundo, no es un problema propio, cuando las condiciones climáticas son adversas, el problema ocurre. Ahora, algunos países están más preparados en cuanto a su sistema de segregación, como para separar los granos más atacados de los granos más sanos y de ese modo seleccionar el trigo que esté con menor cantidad de toxinas. En Argentina, la región más atacada fue el norte de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, la zona núcleo. Hay que tener en cuenta que Uruguay también tuvo mucho fusarium y digo esto porque se está hablando de importar trigo de Uruguay, pero el trigo de Uruguay va a estar en tan malas condiciones como el nuestro porque han tenido los mismos problemas climáticos.
-¿Por qué se habla de importar? ¿No habría cantidad de granos suficientes para cubrir la necesidad de consumo interno?
I.S.: -Se juntaron varias cosas, primero, se había sembrado menos que otros años y al haber estado fusarium, la cantidad de granos que se llegó a cosechar fue también menor, de manera que además de que dicen que lo están guardando, yo creo que realmente hay muy poco trigo y el poco trigo que hay, la calidad panadera no es buena. Aparentemente los molinos, y en esto nosotros apelamos a la responsabilidad social empresaria, tienen que tener los cuidados con las partidas o lotes de trigos que reciben, tratar de separar también en los molinos los que sean más livianos, chuzos, algunos molinos tienen la maquinaria para separarlos y sino lo que pueden hacer es comprar lotes de harinas de trigo que están en zonas con menor contaminación, y las mezclan con las mas contaminadas tratando de diluir. Pero la harina ahora está toda en niveles parejos de contaminación, si alguna estaba en buenas condiciones ya la han usado para diluir la otra.
-Dice que apelan a la responsabilidad social empresaria de los molinos, pero acá hay un problema de harinas contaminadas con toxinas que pueden causar daños en la salud. ¿No hay regulación o control sobre la calidad de las harinas?
I.S.: -Claro, no hay regulación. En otros países, las regulaciones dicen que está permitido mil microgramos por kilo de harina de trigo como máximo tolerable en la alimentación humana. En Argentina no tenemos hechas regulaciones, se está tratando de hacer pero es bastante lento y en general si los productores, los molinos conocen ese nivel y apelamos a que traten de mantener ese nivel hasta que no haya un control estricto.
-La harina que se está consumiendo ahora y en el marco de esta disputa por el precio de la harina y del pan, ¿es una harina apta para consumo humano?
I.S.: -Habría que ver distintos casos, no podemos decir que es todo igual, pero es muy probable que la mayor parte esté por encima de esos mil microgramos por kilo máximo, por el hecho de que no es fácil conseguir trigos que tengan menos toxinas. Al haber esta epidemia, es muy difícil que se consiga trigo con menos toxinas, entonces qué es lo que se hace, también a nivel internacional tenemos los organismos que estudian las toxinas y definen cuáles son las dosis aceptables extrapolando ensayos con animales. Y tenemos entonces a un comité de expertos internacionales que trabaja para la Organización Mundial de la Salud, que ha estipulado como valor de efecto nulo, para el ser humano, después de hacer todos los estudios toxicológicos, que un microgramo de DON (toxina) por kilo de peso corporal, por día, hasta esa dosis no habría ningún efecto sobre los humanos. O sea, es una dosis de efecto nulo. Si consumimos por debajo de ese nivel, no va a existir ninguna posibilidad de efecto adverso en los humanos. Entonces lo que hay que tratar de hacer es un cálculo de acuerdo al peso corporal, prestar atención a los niños por el bajo peso corporal, y ver cuánto es el nivel de toxinas que pueden tolerar y en cuántos gramos de harina se encuentra ese nivel de toxina. Y tratar de consumir menos cantidad de productos con harina de trigo, es la opción.
-¿Pero qué sería consumir menos? Porque la gente, por menos que consuma, compra pan, pan lactal, galletitas, fideos, todos tienen harina de trigo.
I.S.: -Los argentinos consumimos demasiada harina. Los fideos es un tema aparte porque se hierven y se descarta el agua, en ese caso se elimina la toxina porque se solubiliza en agua de cocción y así el fideo queda limpio, sin toxina. El pan sí es problemático, las galletitas también que a los chicos muchas veces se les dan mucha. Son cosas que hay que tener en cuenta para reducirlas. Si alguien ve alguna sintomatología, especialmente en este tipo, hay que dejar de consumir harina de trigo. Esta toxina tiene un efecto sobre la médula ósea que disminuye las defensas, produce inmunodepresión, pero si se deja de consumir el alimento contaminado, la médula se repone y el efecto es totalmente reversible. Sólo hay que tener este concepto de que ante síntomas de afección, hacer una dieta y en ese caso dejar de consumir directamente harina de trigo.
-Usted trabaja en un organismo de investigación público. ¿Salud pública conoce este problema que podría causar esta toxina?
I.S.: -En realidad estamos trabajando a nivel nacional hace años, la idea es proteger al consumidor y es concientizar en todas las etapas de la cadena sobre cómo reducir la contaminación y por eso apelar a la responsabilidad social empresaria para que colaboren en esto. Las regulaciones no funcionan a la fuerza, es mucho mejor que se concienticen los que están trabajando en la cadena y que busquen ellos mismos disminuir el problema lo más posible. El problema mayor es el consumidor, el empresario y los proveedores, a esta altura están muy bien enterados, saben muy bien qué es lo que pueden exportar, qué es lo que les van a rechazar en las exportaciones, el tema es el consumidor porque hay gente que come un kilo de pan por día por ejemplo.
-Sí, pero el consumidor que va a una panadería habilitada, que recibe controles de sanidad, igual si va al supermercado y compra pan lactal o galletitas, compra con confianza y no piensa en todo esto.
I.S.: -Si, uno confía, pero hay países con consumidores más educados y se les puede explicar mejor para que ellos mismos traten de reducir el consumo.
-¿Por qué no está tan difundido este problema en el marco de la discusión de los precios de la harina y el pan?
I.S.: -Lo que entiendo es que los molineros trataron de conseguir trigos con mejores condiciones y los que tenían trigos con menos contaminación, empezaron a subir los precios. Esas harinas menos contaminadas que usaban para diluir, también las vendían más caras o sea se distorsionaron los precios entre los mismos actores de la cadena. En lugar de actuar alguna institución gubernamental regulando todo eso, se ha estado haciendo entre los propios molineros y empresas que quieren conseguir mejores harinas. El INTI no es organismo de control en nada de esto.
-¿Para que no haya problemas de salud, cuál es el mínimo que se puede consumir de harina de trigo?
I.S.: -Un microgramo de deoxinivalenol (DON) por kilo de peso corporal por día, entonces es fácil, si uno pesa 50 kilos, va a poder consumir 50 microgramos de DON por día. Un niño que pesa 20 kilos, va a poder consumir solamente 20 microgramos de DON por día para estar protegido totalmente. El otro número que da el comité internacional de alimentos y aditivos y contaminantes, es el valor de 8 microgramos de DON por kilo de peso corporal por día. (Serían, en el caso de salvados o integrales, no más de 400 gramos de pan por día). A partir de esos niveles, el efecto puede ser con síntomas visibles como diarrea, irritación en la garganta que termina en angina, o vómitos o disminución de las defensas inmonológicas. En realidad en humanos es más problemático cuando hay un consumo crónico, porque al consumir todos los días preocupan justamente estos efectos que no son visibles y uno va disminuyendo las defensas pero está ocurriendo el efecto y el tema mayor es en la gente inmonodeprimida.
-¿Cuándo se termina este problema?
I.S.: -Lo ideal es que las harinas no se mezclen, por ejemplo los de la última cosecha con los de la próxima. Es importante para los que están sembrando trigo, para que sí siembren este año porque hay estimaciones de que no va a tener el trigo este problema.

Andrea M. D'Atri
Lic. en Comunicación Social.



Más agricultura, más gasoil
Tanto en el cuadrángulo noreste, el de mayor consumo y la zona centro sur, el crecimiento en el consumo de gasoil a granel desde el campo provincial, aumentó un 28 por ciento. Fue a la par de la mejora en los rendimientos de los granos de la fina y la gruesa.
El gasoil que consume el campo representa casi la mitad del consumo de combustible total. El último año, creció un 28 por ciento a la par de la mejora en los rendimientos agrícolas.
El precio de referencia de las estaciones de servicio, entre el más barato y el más alto, oscila entre 7,08 y 7,97 pesos, según la calidad. Se espera una mayor demanda todavía cuando se acerquen los dos últimos meses del año, épocas de demanda alta en pleno proceso de cosecha de trigo y cebada; la siembra de soja de segunda, el maíz y girasol. El gasoil, principal insumo del campo local, se queda con el 43% del consumo del año que es de 389.541 metros cúbicos. Es decir que el sector rural absorbe 167.502 metros cúbicos o 167 millones y medio de litros.
En el país, se consumen anualmente 26.374 millones de litros, de los cuales 12.500 los absorbe el agro, 4.700 va a autos particulares, 6.900 para carga, transporte y trenes y 2.274 millones para otros usos. Cómo se explicó y como puede apreciarse en el cuadro anexo, sólo el campo pampeano demanda 167 millones de litros, el 1,33 por ciento del consumo total del agro en el concierto nacional. Los precios, lejos de estar congelados, siguen creciendo. El aumento en el precio del gasoil repercute en forma directa en todas las actividades productivas, incluyendo los fletes. La expansión de la demanda de combustible en el país es cada día mayor para una cosecha estimada en 102 millones de toneladas, previéndose aquí en La Pampa unos 3,7 millones entre los cuatro principales granos sembrados y ya trillados.

Siempre el norte.
Si bien existen variaciones en los precios en pleno congelamiento tarifario, la tranquilidad por el flujo de gasoil -que las empresas petroleras mantienen con las estaciones de servicio y proveedoras de la provincia- podría verse alterada cuando el campo comience a demandarlo en demasía en el último trimestre del año.
Si bien hoy se reconoce que en la zona norte se advierten dificultades, en general se adjudican a desabastecimientos estacionales por los últimos fines de semana largo. De continuar creciendo la demanda en los cinco principales departamentos norteños (pasa lo mismo en Córdoba, San Luis y oeste de la provincia de Buenos Aires) la situación energética ingresará en zona de turbulencia, pues para La Pampa es la época de mayor demanda de combustible.
Los mayores zonas demandantes del fluido en la provincia son los departamentos de mayor actividad cerealera. Nos referimos a Chapaleufu, Maracó, Realicó, Quemú Quemú, Conhelo, Catriló y Capital. Pero desde la ruta 35, desde el departamento Conhello (Eduardo Castex), pasando por la capital provincial hacia la zona sur, también los consumos han crecido en demanda, lo que augura para el resto del año más demanda energética.

La clave.
En la campaña 2013/14, La Pampa podría alcanzar las 650 mil toneladas de maíz (3 por ciento del país), 350.000 de Trigo (4 por ciento), 1.200.000 de soja (2,3 por ciento) y 435.000 de girasol (14 por ciento del total nacional. Ahora tenemos un gasoil por arriba de los 7 pesos, cuando en 2006 (última buena cosecha en La Pampa) salía en promedio 1,60 pesos y con precios internacionales excelentes. Pero aún así, si el clima húmedo viene con la primavera, que además coincide con la época clave de la siembra de granos gruesos, ello generará un mayor bienestar para muchas localidades del interior.
Por un lado, el productor podrá afrontar deudas y las comunas recaudarán más por guías de hacienda y cereales, sin olvidar que la distribución del Fondo Federal Solidario (fondo sojero) y desde febrero pasado la coparticipación de las regalía petroleras.
En cuanto a los precios internacionales, la tendencia es que seguirán creciendo, fundamentalmente, la soja por las bajas estimaciones en Estados Unidos. Siempre que se presentan perspectivas de buenas cosechas se teme que el combustible comience a racionarse y que la demanda de mayores cantidades aumente el precio por caída de la oferta.
El gasoil, principal insumo del sector agropecuario pampeano, se queda con el 43 por ciento de todo lo que se consume al año, que llega a los 389.541 metros cúbicos. Es decir que el campo absorbe 167.502 metros cúbicos o para que se entienda mejor 167,5 millones de litros año. El clima venidero dirá si la demanda seguirá creciendo.

Perspectivas.
Más allá de los interrogantes que se abren sobre la disponibilidad de combustible en los meses claves, lo que ya está confirmado es el aumento de su valor de acá a septiembre. Se calcula que el valor del gasoil es 28 por ciento más caro que en la campaña pasada. En la compra por cantidad, hay diferencias de precios entre el pago de contado y el diferido en el tiempo.
El campo en todas su expresiones en el mercado nacional demanda por año alrededor de 12.500 millones de litros, el consumo del agro propiamente dicho representa alrededor de cuatro mil millones para las tareas de siembra y cosecha por cada campaña. No está contemplado el transporte de los granos en camión que alcanza los 6.900 millones de litros. La demanda estacional más elevada se da en abril y mayo, junto con diciembre, son los meses con mayor demanda en el mercado energético.

Juan José Reyes
Economista



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