El arte-terapia como camino para curarse uno mismo y curar al otro

El cuerpo, según indican algunos profesionales, muestra señales cuando algún sentimiento, emoción o situación lo está dañando. No hacer casos a esos síntomas puede convertirse en algo grave, pero prestarles atención puede llegar a cambiarte la vida de una manera impensada.

Algo de eso fue lo que sufrió Paola Lardone cuando tenía 27 años de edad y trabajaba alrededor de 12 horas por día como profesora de inglés en colegios e institutos privados.

“A mí me hubiese gustado estudiar psicología pero me tuve que quedar a estudiar en Santa Rosa e hice la carrera de inglés. Trabajando mucho me agarró un pico de stress muy grande que devino en una enfermedad compleja y me llevó un año rehabilitarme, prácticamente no podía hablar, temblaba…fue un principio de ACV, y eso me llevó a replantearme un montón de cosas”, confió la joven a LA ARENA.

Paola, por más que tenía un buen pasar económico debido a la gran cantidad de horas diarias que daba clases, sentía que necesitaba “otro aire” y que la vida que estaba viviendo era de otra persona y no la suya.

“Empecé a transitar un camino de búsqueda, de preguntarme un montón de cosas, me llevó mucho tiempo hasta que encontré arte-terapia y me puse a averiguar al respecto”, añadió. Su interés por el tema la llevó a formarse como arteterapeuta, pero una vez concluida con esta etapa no se animaba a dar el siguiente paso que era brindar sus conocimientos a el resto de las personas.

Solamente, en principio, lo hacía con su círculo íntimo hasta que la insistencia de su marido le otorgó la confianza y las ganas suficientes para animarse a empezar con los talleres donde se trabaja todo aquello que las personas no pueden soltar, mediante herramientas artísticas como la escritura y la pintura.

“Mi marido es el motorcito que me va empujando y me dice ´dale, animate´, definió Paola a quien considera un bastión fundamental en todo su camino de autodescubrimiento.

La docente explicó que en los talleres y encuentros de arte-terapia que ofrece “se trata de generar un diálogo con los materiales artísticos para que por ahí salga algo que, en una terapia con un psicólogo no sale porque no lo puedo verbalizar. Entonces acá yo canalizo algo, una emoción, un mensaje, una sensación, a través de una expresión artística”.

“Cuando se van me dicen ´gracias´. A mí me parece que el mayor beneficio de la arte-terapia es que uno conecta con un aspecto que cuando comienza a crecer lo duerme, que es el niño adentro y, a la vez, nos permitimos hacer arte pero sin andar corrigiendo cuestiones técnicas porque lo que importa no es el producto final sino todo el proceso que ocurre en el medio, y eso genera libertad”, afirmó.

“Si yo hoy tengo que elegir de qué quisiera trabajar, me dedicaría al arte-terapia totalmente y siempre digo que fue lo que me curó porque esto que yo uso en los talleres también lo aplico en mi vida, y fui descubriendo aspectos de mí que con los que una normalmente no se pone en contacto y la verdad que pude empezar este camino de reencontrarme y entender un poco qué quiero y para qué lado disparo con esto”, concluyó la mujer de 33 años.