“Es un monstruo, necesito que me ayuden”

“Necesito que me ayuden si queda en libertad. Me muero si le hace algo a mi hijo. El no tiene nada que perder, tengo miedo por lo que es capaz de hacer”. Llorando a borbollones, liberando una angustia que acumuló por años, gritando sin gritar, la mujer de 26 años le imploró a los tres jueces que dejaran preso a su violador confeso. Pero los jueces le dieron la espalda. Condenaron al hombre -con quien la joven tuvo un hijo- a 14 años de prisión, casi la pena máxima para un violador, pero dispusieron que recién sea detenido cuando el fallo quede firme.
Una cosa es leer estas líneas e imaginar la situación sabiendo que víctima y victimario estaban cara a cara, y otra, escuchar el audio con el ruego de la joven (la audiencia no fue pública). Su voz es desgarradora. “Es un monstruo, me hizo la vida imposible. Cuando salgo a la calle miro para todos lados para ver que no aparezca su auto. Me puede llegar a pegar un tiro”, agregó entre lágrimas.
El caso, que fue anticipado por LA ARENA el sábado último, es similar, aunque aún más grave, que el que se conoció la semana pasada en Mar del Plata y que tuvo amplia difusión en los medios nacionales.
En esa ciudad, el suboficial de la Armada, Marcelo Alberto Girat, fue condenado a 14 años de prisión por haber abusado sexualmente a su hija. En un primer momento recibió el beneficio del arresto domiciliario, pero el reclamo público y enfático de la víctima y la repercusión mediática de la resolución, provocaron que en menos de 48 horas la justicia bonaerense encerrara al marino en la cárcel de Batán.
En la causa pampeana -iniciada el 7 de abril de 2011- no hay arresto domiciliario, ni pulsera electrónica para monitorear satélitalmente al abusador. Apenas una mínima restricción de acercamiento a 200 metros que tampoco aparece en la parte resolutiva del fallo. O sea que hasta que la sentencia quede firme la mujer de 26 años y el ex policía de 47 pueden encontrarse en cualquier esquina de la ciudad.
Durante los alegatos del juicio, y después de escuchar aquellas palabras de la víctima, el fiscal Gastón Boulenaz le solicitó al Tribunal de Audiencia la inmediata detención del acusado. El juez Carlos Mattei -con el respaldo de los otros dos integrantes del cuerpo- le respondió que no con un par de argumentos poco fundados. Que no había ningún dato objetivo que modificara la expectativa previa al juicio de que el ex policía podía recibir una pena gravosa, y por lo tanto nada cambiaba con relación al peligro de fuga, y que la defensa había encuadrado el hecho en una figura más benévola.
Cinco días después, el 13 de agosto pasado, el tribunal emitió su fallo y encontró al hombre penalmente responsable del delito de violación. Le dio los 14 años, uno menos que la pena máxima, pero reiteró que debía seguir libre a pesar de que es casi imposible que se dicte una revocatoria porque, además de la confesión del victimario, existe un estudio genético de ADN que dio una probabilidad de paternidad del 99,99 por ciento. La negativa a la detención fue recurrida ante el Tribunal de Impugnación (ver aparte).

“Yo era una nena”.
Los jueces dieron por probado que el ex policía violó a su hijastra desde que tenía 8 o 9 años hasta los 11 y que a esa edad quedó embarazada de un niño que hoy tiene 14 años. Señalaron que los abusos con penetración ocurrieron en Catriló, en Hilario Lagos y en Santa Rosa (el condenado por su condición de policía fue trasladado en ese lapso a diferentes destinos).
Los ultrajes se cometieron en la casa familiar cuando su mamá dormía, en habitaciones, en pasillos, en el auto cuando la llevaba a la escuela y en descampados cuando la retiraba de ella. A tal punto los hechos fueron reiterados que la propia víctima admitió que en un momento consideró que era algo normal.
La joven relató que su propia madre le dio la espalda -llegó a decirle que “era una atorranta porque se había acostado con su marido” y hasta le ofreció compartirlo-, y agregó que la pareja le hizo tomar cajas de anticonceptivos y que la trajeron a Santa Rosa para que abortara. Además la obligaron a contar que había quedado embarazada de un chico y hasta la amenazaron con “enterrarme tres metros bajo tierra” si decía la verdad.
La mujer aseguró que el abusador manipuleó a su hijo, a tal punto que éste llegó a decirle que la odiaba y que era “una negra violada”. El pequeño vivió un tiempo con su padre, pero hoy lo recuperó.
En un momento del proceso, la defensa intentó llegar a un acuerdo de juicio abreviado para obtener una pena más leve, pero ella se negó. “Yo era una nena, él me violó. Nadie me va a devolver los años que perdí ni las secuelas que me quedaron. Yo solo digo la verdad”, expresó en otro tramo del audio de la audiencia.
Además recordó las veces que fue a la policía a formular una denuncia, pero que solamente le recibieron exposiciones porque en la fuerza conocían a su padrastro.

Solo una vez.
El agresor reconoció la paternidad, pero acotó que solo mantuvo relaciones sexuales una vez, que fueron consentidas y que la chica aparentaba más edad (aún si hubiera sido así seguía siendo violación porque la víctima tenía 11 años). Sin embargo, el ex policía la conocía bien porque había convivido con ella, sus hermanos y su madre -con quien tuvo tres hijos- durante muchos años. El hombre negó que hubiera estimulado la práctica abortiva.
“A pesar de su corta edad y de que debió padecer la indiferencia de su madre, su relato es coherente, ubicado en el tiempo, preciso, firme e indudablemente afectado por las circunstancias que le tocó vivir y debió enfrentar durante su infancia, hasta quedar embarazada y tener un hijo a los 11 años”, precisó el tribunal.
“Pese a que la declaración estuvo afectada por un constante llanto y angustia -perfectamente apreciable en el audio y video del debate-, ello no fue obstáculo para que describiera el sometimiento sexual del que fue víctima, recordando diferentes momentos e indicando como único autor al imputado”, se añadió.
La víctima -que afirmó que las violencias continuaron tras el embarazo- se fue de su hogar a los 15 años y hoy convive con su esposo, quien la acompañó en el juicio y con quien comparte dos hijos.

Un fallo, dos impugnaciones
El Tribunal de Impugnaciones recibió dos recursos de impugnación con relación al fallo condenatorio contra el ex policía. El fiscal Gastón Boulenaz pretende que se revoque la decisión del Tribunal de Audiencia de no dictar la prisión preventiva del imputado; mientras que la defensora Mirta Brown requirió que se modifique la carátula y que eventualmente se le imponga una pena que no puede ser mayor a seis años. El primer planteo podría ser resuelto en unos días debido a que el TIP ya escuchó a ambas partes; para el segundo fijó una audiencia para la semana próxima.
La negativa a dictarle la preventiva se basó en que el Tribunal de Audiencia consideró que no existe peligro de fuga. Boulenaz, en cambio, sostuvo que las condiciones objetivas cambiaron entre el inicio del juicio y hoy. ¿Por qué? Porque se realizó el plenario y porque existe un fallo condenatorio. Esas dos situaciones han provocado “un efecto más gravoso, (por) eso es que entiendo que es posible avizorar con un alto grado de probabilidad que el acusado intentará eludir el accionar de la justicia evitando su encierro”, indicó la fiscalía.
Agregó que la condena “transformó la posibilidad de fuga en un peligro cierto, real y concreto” y que “aún en el hipotético caso que se redujera, la misma será siempre de efectivo cumplimiento”.
Por último, Boulenaz remarcó que el imputado aparece en una “cierta posición de privilegio si pretendiera fugarse o mantenerse oculto, en atención a la experiencia y los conocimientos adquiridos en la fuerza policial”.

“Objeto sexual”
El Tribunal de Audiencia consideró que el ex policía tuvo “a su libre disposición a la niña como objeto sexual” e indicó que la menor “no entendía el porqué de ello, tal como lo dejó perfectamente visible en su declaración. (A tal punto que) llegó a pensar que los abusos sexuales de los que eran víctima eran una situación normal y que debía ser así”. También dijo que el padecimiento sufrido “modificó la expectativa que toda persona tiene en cuanto al desarrollo de su sexualidad y su vida de relación y familiar”.