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Miércoles 17 de junio 2026

"Esta crisis nos encuentra organizados"

Redacción 23/07/2017 - 00.27.hs

Comenzaron con una copa de leche y ahora están por conformar una cooperativa de panificación. En el norte de la ciudad, el Desayunador de Villa Germinal resiste y crece desde la autogestión y la organización vecinal.
Sentados en ronda, una docena de chicos mira el fuego con ansiedad. Es mediodía y el olor a choripán es una bomba de humo que abre el apetito. En otra ronda, un grupo de madres conversa y toma mate mientras los hombres desenrollan un nylon sobre la estructura del invernadero. En las próximas semanas pondrán las plantitas y quizás, bien entrada la primavera, puedan cosechar las primeras verduras. Todo parece encaminado para que los días que vienen sean de fiesta en Villa Germinal: a fines de agosto se cumplirán 15 desde que comenzó a gestarse del Desayunador.
"No hay una fecha precisa, pero seguro comenzamos el último sábado de agosto del año 2002. Había pasado el Día del Niño y cuando nos vieron, los chicos pensaron que veníamos a repartir juguetes", dice Daniela Campanino, una de las fundadoras de la organización.

 

El territorio.
Dos meses habían pasado del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Avellaneda, cuando algunos integrantes del colectivo Malabares, un grupo de jóvenes forjado en las marchas del "que se vayan todos" en Santa Rosa, desembarcó en Villa Germinal.
Tiempo antes, en plena crisis, los Malabares habían formado un centro cultural a dos cuadras de la plaza San Martín en donde además funcionaba un foro de discusión sobre política y realidad social Latinoamérica.
"Pensábamos en las organizaciones villeras y queríamos salir a caminar los barrios de Santa Rosa, saber en qué situación se encontraban. Pensamos en Los Hornos pero ya había una organización. Así llegamos a Germinal, acá no había nada", agregó Campanino.
-¿Qué había en el barrio que los invitó a quedarse?
-Hambre. Cuando salimos casa por casa para comentarle a los vecinos que nuestra intención era de dar la copa de leche los sábados, nos encontramos con historias terribles. Una señora nos contó que comía polenta con pajarito. Veíamos a los pibes con las zapatillas rotas. Las necesidades estaban ahí y te golpeaban, te entraban en el corazón. Nosotros entendimos que la transformación tenía que ser con ellos, en grupo y en el lugar. No se puede transformar algo viniendo desde afuera.
-Después de quince años ¿Qué cambios notás?
-El otro día hicimos un ejercicio de memoria entre todos. Nos preguntamos cómo estábamos entes y cómo estamos ahora. Para la gente del barrio la situación es similar a la del 2002, hay necesidades y desocupación. Hubo un tiempo en que la gente ganó derechos (durante el kirchnerismo) y no quiere perderlos. Ahora con el tema de la suspensión de las pensiones por discapacidad varios, acá en el barrio, estaban con mucho miedo porque nadie quiere perderla.
-En todo este tiempo debés haber visto crecer a varios en el barrio...
-Sí. Hay pibes que tenían 8 o 10 años cuando llegamos y ahora tienen más de 20 pero siguen en la mima situación. No terminaron la escuela, tienen trabajo en la construcción y si la construcción se cae ellos no tienen trabajo. Las posibilidades de cambio en su vida han sido muy pocas. No tienen viviendas, tienen varios hijos. Para esa franja de pibes la realidad no ha cambiado.
-¿Cómo los encuentra este momento?
-Afortunadamente esta crisis nos encuentra organizados, esa es la diferencia. En estos quince años construimos este espacio donde nos hemos potenciado, empoderado, fortalecido. Somos un grupo y es mucho más fácil pasarla entre todos que de a uno. Nosotros no venimos a dar la copa de leche y nada más. La intención es que la gente se autogestione.
-¿Por qué si la mayoría de las cosas no cambiaron siguen apostando a este lugar?
-Es un tema de pertenencia. El barrio te tiene que pegar. El que viene, se va y no vuelve, yo digo que no tiene 'sentimientos profundos' con el lugar. Yo necesito venir acá, me hace bien. Sé que aporto a la construcción comunitaria, desde una mirada horizontal. Es un compromiso que asumí y en el que no estoy sola. Acá hay un grupo de cinco o seis mamás con 4 o 5 chicos cada una que son las que sostienen el lugar, junto a los vecinos y los chicos. Y acá estamos, 15 años después.

 

Más que una copa de leche.
Todos los días menos los domingos, hay actividades en el saloncito ubicado en la esquina de Italia y Chaplín. De lunes a viernes por la tarde se sirve la copa de leche, los viernes se dicta un taller de costura, los miércoles murga y fútbol, los sábados se da de comer y por la mañana funciona un taller de arte y otro de género. La novedad es el invernadero para en el que ya trabajan seis jóvenes del barrio y que reciben mensualmente una beca por sus labores. El año que viene podrían incorporarse al equipo tres chicas del barrio.
"A los pibes que trabajan se les da una mínima beca porque entendemos que lo que necesitan es laburo, algunos no van a la escuela y por lo menos que encuentran acá un lugar para desarrollarse", dijo Miki Fiol, integrante y fundador del desayunador.
Es inminente también la apertura de una cooperativa de panificación. "Ya tenemos las máquinas: amasadora, sobadora, freezer, horno. Actualmente hay muchas mujeres del barrio que venden rosquitas, alfajores o tortas. Podrían comenzar a hacerlo acá", agregó Fiol.
La copa de leche de Villa Germinal se sostiene gracias a un grupo de vecinos que todos los meses hace una colecta en la plaza San Martín. Solo el mes pasado donaron 700 litros y varias bolsas de cacao. También en cada festival o peña suelen juntarse alimentos no perecederos como arroz, fideos o salsa de tomate. Para comprar otros insumos o pagar los servicios, los integrantes del desayunador venden prepizzas una vez por mes o realizan bailes y peña. Pero además hay un grupo de padrinos silenciosos que todos los meses y desde hace varios años aportan lo que pueden.

 

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