Ferias caseras: un “boom” barato

En casas del centro en los barrios periféricos el fenómeno atraviesa a las clases sociales. El secreto está en vender “bueno y barato” además de pasar una tarde con amigos, conocidos, familiares y quien solo pasó por ahí y entró.
Los caños de una vieja pelopincho sirvieron como perchero. Sobre una tabla con dos caballetes abajo se exhibían los zapatos y las botas. Recipientes, cajas y fuentones contenían un poco de todo: remeras, pañuelos, camisolas. En una de las habitaciones se habilitó el probador. Y un mate y un bizcochito siempre estaba listo para acompañar a las clientas que se acercaron a mirar, charlar, probarse e irse con algo “nuevo” y barato. “Las Nildas” abrió ayer sus puertas y se sumó a la larga lista de ferias que, en casas de familia, venden indumentaria usada y otros artículos.
“Somos cuatro amigas que, como a cualquier mujer, nos gusta la ropa. Y hoy está complicado salir a comprar, en los negocios los precios son caros y la gente que compra en Buenos Aires y vende en su casa los cobra hasta tres veces más, así que dijimos ‘hagamos una feria nosotras’ y la verdad que nos entusiasmó mucho la idea porque es una buena alternativa para cuando la plata escasea”, comentó Pía sobre un emprendimiento que no se quedó solo en exponer la ropa sacada de los roperos sino que también implicó un trabajo de logística y ornamentación.
Una recorrida por el domingo santarroseño permitió comprobar que solo en la calle Centeno había dos ferias similares (una de ellas Las Nildas). Otra se ubicó en la calle Raúl B. Díaz (casi Asunción del Paraguay), una más sobre Hilario Lagos. En garages, livings o sobre la vereda. También en los barrios alejados del centro el fenómeno se multiplica.
“Decidimos no poner nada más caro de 400 pesos, y todo lo que seleccionamos está en buen estado. Publicamos el aviso de la Feria en Facebook y mucha gente se fue enterando de boca en boca, cuando a la mañana nos pusimos a ordenar las cosas hubo gente que paraba y ya quería pasar a mirar”, contó Noe, que junto a Pía, María Emilia y Romina armaron “Las Nildas”.

Redes sociales.
La proliferación de estas Ferias no es un fenómeno nuevo, pero sí es evidente que atraviesa a todas las clases sociales y tiene en común el uso de las redes sociales para la difusión de los encuentros. El objetivo puede vincularse a sumar unos pesos extra para colaborar en la economía familiar o para desprenderse de ropa que ya no se usa o está fuera de temporada.
En las ferias que hubo este fin de semana se conseguían prendas desde 50 pesos. Había pañuelos a $80, camisas a $150, pantalones a $250 o zapatos a $300. “Hay ropa que se vende a precios carísimos en los negocios, y hoy mucha gente ya no quiere pagar cualquier cosa. Acá podés comprar ropa por gusto o porque la necesitás para algo específico”, dijo Pía, quien resaltó que también juntaron las bolsas de tiendas que tenían en sus casas y así las clientas no tenían que llevarse lo comprado en la mano.

Encuentro.
Otro aspecto interesante de este tipo de iniciativas es que se genera un lugar de encuentro. Amigas, conocidas, familiares o gente que “vio luz y entró” comparten una tarde sin la presencia de la pregunta que muchas veces el cliente no quiere escuchar cuando entra a un negocio solo a chusmear un perchero: “¿te ayudo en algo?”.
El fin de semana Santa Rosa también tuvo una feria a escala mucho mayor con la denominada “La Saladita”, que se hizo en el predio de la Rural con ropa traída desde otras provincias. También hubo una feria en el club El Fortín aunque en ese caso se vendieron todo tipo de productos y a quienes fueron se les pedía una ayuda solidaria con un alimento no perecedero para un merendero.
Pero el de las ferias de garage parece ser un fenómeno que llegó para quedarse, y extenderse. “Vino más gente de lo que esperábamos, la verdad que fue una tarde espectacular así que ya nos pusimos a pensar en hacer otra”, resaltaron Las Nildas, porque al mal tiempo, buena cara (y ropa barata).

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