La mirada desde el sur

ARTE - FACES DE ESTELA MARIA BENEDETTI

Desde el relato o la poesía, el dibujo y la pintura, pero sobre todo desde la intencionalidad de decir un paisaje suroeste, Estela María Benedetti trae palabras e imágenes sostenidas en su paso y transcurrir por 25 de Mayo.
Andrea M. D’Atri *
Estela María Benedetti llegó a 25 de Mayo, al extremo suroeste de la provincia de La Pampa, desde Saladillo, provincia de Buenos Aires, en el año 1979. Lo hizo para trabajar en el Centro de documentación y biblioteca del Ente Provincial del Río Colorado y también como docente en la Escuela 110.
Hoy, ya jubilada, la escritura o la necesidad de relatar vivencias, experiencias o sólo decir, la siguen acompañando.
Juego de palabras, palabras en juego es un libro resultante del taller literario autogestivo del que participó durante veinte años. Pero además escribió innumerables textos que iba presentando en cierres anuales de esos talleres o en eventos de teatro leído.
Así, ha publicado sus escritos en este mismo suplemento, en otros del diario Río Negro, en ediciones colectivas como Proyecto ROI de Editorial Dunken, en el proyecto de CTA Neuquén -el libro “El Mundo del Trabajo, Historias de Vida”-. Integró con otros autores la antología literaria para Nivel Inicial y EGB 1 “La Pampa en Palabras”. Participó del proyecto “Escritores Pampeanos recorren la Provincia”, con Páramos y Rinconadas, Literatura Pampeana nacida en las planicies y valles regados por el Río Colorado.
Estela también dibuja y pinta, según ella, producto de una exploración reciente más relacionada con la casualidad y la intuición, que con el conocimiento; exclusivamente, “como una actividad de relajación y abstracción placentera”.
Un dibujo de su autoría ilustra el poema “Cantar de Viajero”, del libro recién presentado de Edgar Morisoli: “Quinto Cuadrante. Papeles del Trovero”.

El río.
El río Colorado es protagonista del poema y los dos relatos cortos que hoy muestra la multifacética Estela. Y junto a ellos, las explicaciones autorales.
El dibujo (en tapa de Caldenia) está realizado con tintas negra y marrón siena. Dice la escritora y dibujante que se llama El extremo suroeste y contiene pequeños dibujos representando “la barda, el Río Colorado, la actividad petrolera, la impronta aborigen, las construcciones de los pioneros, el Puente Dique, el horno de barro, animales del lugar, fósiles marinos, frutales, alamedas, acequia, la guitarra y el sombrero del cantor popular Quico Cerda que se encuentra en la plaza principal”. También están el lago Casa de Piedra y los caldenes del camino que atraviesa La Pampa “para llegar de este a oeste”.
La pinturas, llevan por título Alameda y Barda y río. Están realizadas sobre cartón, con colores acrílicos y dibujo con tintas negra y blanca sobre el color.

* Redacción de La Arena

Piedra y espuma

Para el humilde canto rodado, tan bello, tan desnudo y frío entre las aguas del Río Colorado

Yo, la piedra, muda espectadora de tanto verde y azul,
del movimiento incesante,
de tanta noche y día transcurridos
escuchando pájaros, soñando nubes.

Abrazada por vos, espuma incandescente,
lamida mil veces por tus gotas.

Piedra soy, milenaria y mineral.
Sólida y oscura, lisa y fría,
que bebe a tu paso las minúsculas partículas
que me cedes cuando llegas y me envuelves.

Abrazada por vos, espuma incandescente,
por tus gotas besada, sigilosamente.

Espuma cálida, clara, liviana,
etérea en tu condición de viajera acuática.
Déjame ver tus iridiscencias,
contagia a mis partículas de tu oxígeno.

Abandona tu abrazo en mi costado, déjalo ahí.
Enlaza mi cintura y detén tu viaje…

No huyas, espuma, no desaparezcas,
acompaña mi pétrea alma un tiempo más.
Déjame gozar de tu existencia vívida
para así soportar los milenios que me quedan.

(Estela María Benedetti, 25 de Mayo, La Pampa)

De pájaros, retama, lluvia y barcos

El cielo se desparrama con un celeste uniforme de norte a sur, de este a oeste. En la tierra, en este rincón elegido dentro del pequeño valle abrigado por las bardas, los pájaros cantan de manera diferente.

Hoy los pájaros, como los niños, han salido al sol, y se lanzan al aire azul celeste, libres, desafiantes y extrovertidos, inundándolo todo con sonidos silvestres.

Gorgeos en contrapunto, silbos de vientos entre las hojas, ráfagas de retama fragante mezcladas en el ramaje eléctrico de los sauces, meciéndose juntos en natural comunión, invaden el pasaje reverdecido por la primavera.

Una bandada de gorriones abandona el grupo de árboles en el parquecito engamado de tonos y contrastes. Un solitario cardenal amarillo tarda en despegar, y dos o tres benteveos chillan fuerte acompañando el vuelo de los gorriones que salen disparados hacia otro rincón sin entenderse la premura en el batir de alas. Más allá, una calandria cruza el espacio recortado de cielo que percibo y sale de mi vista.

Los gorgeos se interrumpen y en un instante las hojas se aquietan dando al minuto siguiente la eternidad de un milenio. Todo se sostiene levemente por la luz incandescente que ofrece este día cálido de noviembre.

Otros sonidos irrumpen ahora. Suaves, ahogados al principio, acompasados e in crescendo luego, agua en minúsculas gotas de abajo hacia arriba se impulsan al cielo en lluvia desatada. Llueve al revés en este instante majestuoso y se lavan las hojas del sauce eléctrico y las flores de retama revientan de amarillo brillante.

Ayy!! Si fuera posible inundar al cielo desde abajo, a este cielo de pocas nubes, mezquino de humedades, desconocedor de lloviznas, ajeno al gris encapotado de las llanuras del este y litorales marítimos, si fuera posible, digo, darle profundidad a las aguas celestiales, yo navegaría en barco de buen calado, y andaría por esas escasas nubazones que nunca se detienen, sobrevolando un vallecito del suroeste pampeano perdido en mediterráneas tierras de América del Sur.

(Estela M. Benedetti, 25 de Mayo)

Murmullo del Colorado

“… canta porque está muriendo,
muere porque está cantando…”
Francisco Luis Bernárdez, El Arroyo.

Siento el agua deslizarse gota a gota en la estrechura, más allá del recodo que este brazo de río logró abrir a pocas cuadras de la última avenida del pueblo.

Canta el agua, sí. Y es música de los dioses porque anula los sonidos creados por el hombre. Sonidos que en la avenida rugen a través de los escapes de las motos que se han adueñado de las calles.

El canto del agua los desaparece, no por su intensidad sino por su trascendencia. Sube al cielo en murmullo y lleva gentil y límpida también la música de los pájaros que, en el crepúsculo, revolotean sobre el agua y la barda de la otra orilla, regalando fugaces danzas.

Música y danza, agua y plumón palpitante, canto de la vida, eterno, y sin embargo siempre nuevo, joven.

¿Canta el río porque está muriendo? No, canta porque anda, se ondula, respira, se esparce.

¿Muere el río en el final? No, se ensancha, se hace inmenso, se abraza a otros, se funde con millones de moléculas hermanas y asciende en universal e infinito viaje para volver una y otra vez a la tierra, a caer en húmeda bendición sonora.

(Estela M. Benedetti, 25 de Mayo)