San José convoca multitudes

Lo que sobra es la fe. En la Colonia San José, un minúsculo pueblo ubicado a 90 kilómetros de Santa Rosa y en el que viven unas 30 personas, no hay gas natural, no hay recolección de residuos, no hay calles de asfalto, no hay un kiosco ni una estación de servicio y mucho menos un restaurant o un hotel.
Lo que sí hay es una hermosa escuela hogar con 23 alumnos, un montón de pájaros que cantan en lo alto de los árboles centenarios y el santuario de San José (el único en el país), un sitio que todos los meses congrega a cientos de feligreses y que multiplica por decenas la población estable. La afluencia es un fenómeno difícil de imaginar por estos lares y hace soñar a los pobladores con la posibilidad de convertirse en un centro de turismo religioso. Todo gracias a la fe.
El 1 de mayo pasado los sanjosenses asistieron a una de las más grandes congregaciones en la historia local: más de 5.000 personas llegaron para la fiesta patronal. Los organizadores recuerdan como un gran milagro, la exitosa venta de 1.150 choripanes y un número incontable de tortas rusas, la especialidad de la zona.

Tradición.
El martes, como cada primero de mes, cientos de pampeanos asistieron a la habitual misa que desde hace años se celebra en el pueblo para ofrecerle devoción al patrono del trabajo. "Esto es un fenómeno religioso. Muchos vienen para fortalecer su fe, a confiarle a San José sus problemas, o simplemente a agradecer. Todo empezó por la voluntad del ex obispo Bredice y continuó con el actual cardenal Mario Poli. Las misas eran solo el 1 de mayo, pero después se extendieron a los primeros días de cada mes. Vienen de General Pico, de Quemú Quemú, de Colonia Barón, de Villa Mirasol, de Miguel Cané y hasta de Relmo. Es una verdadera fiesta", dijo el párroco Sergio Soria, que viaja una vez al mes para celebrar la misa en San José.
Detrás de la organización está Marta Ester Cortabarría, una de las "hermanas" que ha dado la localidad. La tradición cristiana -traída por los inmigrantes alemanes del Volga- es tan fuerte que en el pueblo se vanaglorian de haber sido un semillero para el catolicismo nacional: de allí salieron 19 curas y 21 religiosas.

Fundación.
San José es una de las tres colonias pampeanas que fueron fundadas por alemanes del Volga a principios del siglo pasado (Colonia Santa María, Colonia Santa Teresa) y, hasta mediados de los años cuarenta, no había parado de crecer en términos poblacionales. Los más viejos recuerdan el tiempo en que sobre la avenida principal no quedaban solares libres para alojar a los más de 700 habitantes.
Del esplendor de los años previos al peronismo, poco queda, casi nada, de no ser por la iglesia que se levanta en la tercera cuadra de la calle San Martín. Una construcción de una sola nave y ladrillo visto que se terminó de edificar en 1929, y que en el año 1983 (por decreto 1192) fue declarado monumento histórico nacional. Para ese entonces, la comisión de fomento del pueblo ya estaba disuelta, y como dicen los actuales habitantes la localidad "pasó a ser un barrio más de Colonia Barón".

Iglesia.
El estado de conservación de la iglesia es admirable. En el interior, las imágenes de los santos resaltan sobre el fondo de las paredes rosadas y naranjas, y el altar de mármol se erige monumental, alumbrado por rayos de luz multicolor que brotan de los vitrales geométricos.
En el año 2013, los devotos construyeron modernos baños para que sean utilizados por los eventuales visitantes. "Hay agua caliente y hasta ducha para que puedan bañarse. También un baño para los discapacitados. Hay gente que está pensando a futuro y quieren hacer algunas cabañas", dijo Roberto Hernández, jubilado de Colonia Barón, "servidor" de la parroquia.
"La iglesia se hizo con el esfuerzo de los chacareros de la zona. Donaban parte de las cosechas para armar este monumento. Hoy eso se mantiene, todo se hace con el esfuerzo de los misioneros y servidores, que somos unos 40 en total", dijo Horacio Minig, ex poblador de San José, misionero del santuario y nieto de los fundadores de la Colonia.

Frío.
La liturgia del martes terminó cerca de las 19. Pero antes de encender los motores, los fieles se dieron un tiempo para compartir un exquisito mate cocido, el santo remedio para morigerar los efectos de la baja temperatura y el viento sur. También hubo torta rusa en cantidad y 300 choripanes que se esfumaron de la parrilla como un milagro. En pocos minutos, el centenar autos que había llegado para la misa desapareció a paso de hombre por la única avenida que atraviesa San José, tres cuadras de largo y nada de asfalto. Después la noche, la oscuridad, el silencio.

¿Un llamado de Francisco?
Ricardo Minig es veterinario, se crió en San José y es uno de los que más sabe sobre la historia de la colonia. Según cuenta, Jorge Bergoglio fue uno de los impulsores de la consagración del santuario cuando era cardenal. "La hermana María Ester tiene línea directa con Francisco y dicen que puede venir acá en su próxima visita a la Argentina. Hubo veces en que después de la celebración del 1 de mayo, llamaba por teléfono para ver cómo estaba todo por aquí", dijo a LA ARENA.