Sin calefacción

Héctor Barros tiene 73 años. En su historia clínica más reciente tiene dos neumonías. Los médicos que lo atendieron fueron claros con él: no puede pasar frío. Por eso su familia realizó un llamado desesperado a quienes quieran oírlo. Necesitan que alguien se haga cargo de que la humilde vivienda del barrio Aeropuerto sea conectada al servicio de gas natural. Sin quererlo, el vecino santarroseño está cumpliendo a rajatabla el pedido del gobierno nacional de ahorrar energía.
La nuera de Héctor fue quien hizo público el caso. Llamó a Radio Noticias primero y más tarde al diario LA ARENA. La joven aseguró que su suegro vive en condiciones infrahumanas, ya que su casa no solo no tiene calefacción sino que gran parte de las ventanas tienen los vidrios rotos, reemplazados por cartones u otros elementos improvisados.

Dos neumonías.
“El médico me dijo que no puedo agarrar frío. Ya tuve dos neumonías”, explicó Barros ayer por la tarde cuando recibió a un equipo de este diario en su casa del Pasaje Cardone, casi esquina Forchieri. El gas natural se lo cortaron hace cuatro años por falta de pago. Luego de sus cuadros de neumonía y por la preocupación de sus familiares directos, Barros logró cancelar la deuda que tenía con Camuzzi Gas Pampeano pero ni así logró la reconexión.
Es que sus haberes jubilatorios son magros -4 mil pesos- y se extinguen a poco de comenzar el mes. Lejos está de poder solventar la compra de un calefactor, un termotanque y una cocina a gas (tiene los dos últimos artefactos, pero muy deteriorados), junto al pago de un gasista matriculado que se encargue de acondicionar toda la instalación para que la prestadora del servicio le otorgue nuevamente la habilitación.
“Camuzzi le dice que tiene que venir un matriculado, pero él no tiene recursos para pagar eso. Además, no tiene el calefactor y no sabemos si la cocina y el termo están en condiciones”, sostuvo su nuera, Belén Aguirre. La joven vive en Macachín pero por estos días está en Santa Rosa para ayudar a su suegro a encontrar una solución.

Salud frágil.
Héctor vive con su hijo Omar, quien no tiene trabajo. “Trabajé en Carnes Pampeanas hasta que me enfermé de brucelosis y ya no pude trabajar más. Nadie se hizo cargo de nada”, afirmó. La enfermedad es crónica y le provoca dolores que le impiden desarrollar tareas laborales. Belén cree que lo justo sería que Omar reciba una pensión por discapacidad.
“Si yo tuviera la posibilidad de ayudarlos, no estaría pidiendo. Me muero de vergüenza, pero pedimos porque necesitamos ayuda de verdad”, dijo Belén angustiada.
La salud de Héctor no solo está afectada por las enfermedades respiratorias. Sus piernas no soportan caminar recorridos largos producto de dos accidentes que tuvo años atrás, uno cuando un colectivo lo arrolló y otro, en su juventud, cuando se accidentó con una moto. “El tendría que ir a reclamar, pero no puede, porque camina una cuadra y se cansa mucho”, añadió Belén.